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JUEGOS DE PODER Y PASIÓN

JUEGOS DE PODER Y PASIÓN

Status: Terminada
Genre:CEO / Comedia / Romance / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Valentina Cruz es una abogada brillante, sarcástica y que no se deja intimidar por nadie. Cuando entra a trabajar para Alejandro Montero, el CEO más poderoso y arrogante del país, chocan de inmediato. Acostumbrado a mandar y a que todos obedezcan, Alejandro encuentra en ella a la única persona que se atreve a desafiarlo, corregirlo y... ponerlo en su lugar.

Entre órdenes que no se cumplen, miradas cargadas de tensión y situaciones cómicas, nace una guerra de poder donde nadie quiere ceder. Pero lo que empieza como una batalla de voluntades se convierte en una atracción irresistible.

¿Podrá el hombre que siempre controló todo aprender a dejar que ella lleve las riendas?

Una historia de amor, humor y pasión donde la verdadera dominación es amar sin miedo.

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El Café de las Mañanas

Después de la gala benéfica y el "compromiso" sorpresa, la vida en Montero Tower adquirió una nueva y peculiar normalidad. Los rumores se acallaron de inmediato, como Valentina había predicho. Los titulares elogiaban la "inteligencia y visión" de Alejandro Montero al elegir a una mujer tan "competente y encantadora" como su futura esposa. La prensa, siempre hambrienta de nuevas historias, había engullido el anzuelo.

Sin embargo, el éxito público de su farsa solo intensificó la tensión privada entre Alejandro y Valentina. Ahora, en la oficina, las indirectas eran más sutiles, las miradas más cargadas y el aire entre ellos vibraba con una electricidad apenas contenida. El anillo, ese brillante solitario que había aparecido mágicamente en el dedo de Valentina, se había convertido en un símbolo de su complicada relación. Ella lo llevaba, como parte de la farsa, pero cada vez que lo miraba, un escalofrío le recorría la espalda.

Una de las consecuencias más inesperadas de este "compromiso" fue el cambio en su rutina mañanera. Alejandro, el hombre que solo bebía café negro y amargo en su despacho, comenzó a aparecer en la pequeña cafetería interna de la empresa a la misma hora que Valentina.

El primer día, ella lo encontró parado junto a la máquina de café, con su traje impecable y una expresión ligeramente desorientada.

— ¿Señor Montero? ¿Ha perdido el camino a su despacho? — preguntó ella, con una sonrisa burlona.

Él la miró, con esa mezcla de irritación y fascinación que ya le era tan familiar.

— Quería probar el café de aquí. Dicen que es... diferente.

— Es café normal, señor Montero — replicó ella, sirviéndose una taza de lo que parecía un brebaje oscuro y potente. — Lo diferente es que hay que esperar en la fila.

Él gruñó, pero se quedó allí, observándola mientras ella añadía un chorrito de leche y una pizca de canela a su taza.

— ¿Qué le pone a eso? — preguntó, señalando su café.

— Leche y canela. Intenta hacerlo menos amargo. Usted debería probarlo alguna vez.

Alejandro, sorprendentemente, no lo refutó. Se sirvió un café y la observó.

A partir de ese día, su encuentro matutino se convirtió en un ritual. No hablaban mucho, pero la presencia del otro era un ancla en su día. Él la observaba, notando los pequeños detalles: cómo su cabello caía sobre su hombro cuando se inclinaba para tomar su café, la forma en que sus ojos brillaban con la luz de la mañana, la manera en que sostenía su taza con ambas manos.

Un día, Alejandro apareció con un paquete pequeño en la mano.

— Es para ti — dijo, extendiéndoselo.

Valentina, desconfiada, lo tomó. Era una pequeña caja de terciopelo. Al abrirla, encontró un collar delicado con un pequeño colgante de esmeralda, que hacía juego con el color de sus ojos y con el vestido que había usado en la gala.

— Esto... ¿qué es esto? — preguntó ella, sintiendo una punzada extraña en el pecho.

— Un regalo — respondió él, con un tono neutro. — Para la "prometida". La gente espera que un hombre "enamorado" haga regalos a su futura esposa. Es parte de la farsa.

Valentina entrecerró los ojos. Por un lado, era un gesto lógico dentro de su "papel". Por otro, había algo en la elección del color, en la delicadeza del diseño, que la hizo dudar.

— No soy un trofeo, señor Montero — dijo ella, devolviéndole la caja. — Y no necesito regalos caros para mantener la farsa.

— No lo entiendes — suspiró él, con una frustración que no solía mostrar. — No es para que me mantengas la farsa. Es para ti. Me gusta verte con cosas bonitas.

Ella lo miró, perpleja. Era la primera vez que Alejandro mostraba una vulnerabilidad tan sutil, una atención tan personal. Le recordó al hombre que se había relajado en sus brazos mientras bailaban.

— Sigo pensando que no es necesario — dijo ella, aunque su voz sonó menos firme.

— Yo sí creo que lo es — replicó él, y antes de que pudiera protestar, tomó el collar y se acercó a ella. — Gírate.

Valentina dudó, pero algo en su mirada, una súplica silenciosa, la hizo obedecer. Se giró, y sintió sus dedos fríos y hábiles en su nuca mientras él abrochaba el collar. El toque duró solo un segundo, pero fue suficiente para que un escalofrío le recorriera la espalda.

— Te sienta bien — dijo él, mirando el collar sobre su piel.

Ella se tocó el colgante. Era hermoso. Y por primera vez, no lo sintió como parte de la farsa, sino como algo... personal.

Los días se convirtieron en semanas. Los almuerzos en la cantina, antes un ritual solitario para Valentina, ahora incluían a Alejandro. Él, que antes comía solo en su despacho, ahora se sentaba con ella, a veces con otros directivos, a veces solo ellos dos, como una pareja "comprometida" más.

Las conversaciones, al principio centradas en el trabajo, empezaron a derivar hacia temas más personales. Alejandro descubrió que Valentina amaba leer novelas de misterio y que odiaba el cilantro. Ella descubrió que él era un fanático del jazz y que coleccionaba relojes antiguos.

Un viernes por la tarde, la presión en la oficina era particularmente alta. Habían estado trabajando en un contrato internacional complejo, y la tensión se palpaba en el aire. Valentina había tenido que enfrentar varias discusiones acaloradas con el equipo legal de la contraparte, y estaba agotada.

Alejandro entró a su despacho a última hora, encontrándola con la cabeza apoyada en sus manos, los ojos cerrados.

— ¿Estás bien, Cruz? — su voz sonó inusualmente suave.

Ella levantó la cabeza, sobresaltada.

— Sí, solo... un poco cansada. Estos de Transnacional Inc. son más duros que un ladrillo.

Él asintió. Se sirvió un vaso de agua y se lo ofreció.

— Tómate un descanso. Yo me encargo del resto por hoy.

Valentina lo miró, sorprendida. ¿El todopoderoso Alejandro Montero, ofreciéndose a relevarla? Aquello era insólito.

— ¿Está seguro? No quiero que piense que me aprovecho de su... amabilidad.

Él sonrió, una sonrisa genuina que rara vez mostraba.

— No seas ridícula. Solo te ofrezco un respiro. Además, si mi prometida se desmaya por agotamiento, mañana tendré un titular mucho peor que el de la modelo.

Ella rio, y por primera vez en el día, se sintió relajada.

— Gracias, Alejandro.

El uso de su nombre de pila, sin el "señor Montero" o el "jefe", le llegó como un puñal dulce al pecho. Era un pequeño cambio, pero significativo. Marcaba una nueva etapa en su relación, una en la que la línea entre la farsa y la realidad se volvía cada vez más borrosa.

Alejandro se sentó en el sofá frente a ella, mirándola en silencio. Valentina, al principio un poco incómoda, se acostumbró a su presencia. Había algo en su mirada que ya no era solo dominación o desafío. Había... aprecio. Y una creciente calidez.

— Eres buena, Valentina — dijo él de repente. — Muy buena.

Ella lo miró, y sintió que sus mejillas se sonrojaban ligeramente. Recibir un cumplido de Alejandro Montero era como ganar un premio Nobel.

— Usted también sabe mucho de leyes, aunque se niegue a admitirlo — respondió ella.

— Yo solo sé cómo ganar — replicó él. — Y tú me estás enseñando que a veces, para ganar, hay que confiar en los demás.

Esa noche, mientras Valentina regresaba a casa, se tocó el collar de esmeraldas. Ya no sentía la carga de la farsa. Empezaba a sentir... algo más. La coraza de Alejandro no era tan impenetrable como parecía, y detrás del hombre dominante y arrogante, había destellos de un ser humano complejo, con sus propias inseguridades y su propia forma peculiar de mostrar afecto.

Ella, que siempre había creído en la independencia y en no necesitar a nadie, empezaba a descubrir que quizás, solo quizás, esa nueva dinámica con Alejandro, ese juego constante de poder y atracción, estaba despertando en ella emociones que no sabía que tenía.

La oficina se había convertido en su propio campo de entrenamiento emocional. Y mientras Alejandro intentaba "domarla" a través de los retos laborales y las exhibiciones públicas de "afecto", Valentina se daba cuenta de que, en el fondo, él también estaba cediendo terreno. Él intentaba mandarla, pero ella seguía llevando las riendas, aunque ahora lo hiciera con una sonrisa más amable y un corazón un poco más abierto.

El café de las mañanas, los almuerzos compartidos, los regalos "necesarios", todo era parte de un baile que ninguno de los dos había planeado, pero en el que ambos estaban participando de lleno. Y ese baile, Valentina lo sabía, solo acababa de empezar.

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Jacquelyn Hernández
🤣🤣🤣🤣🤣 el CEO corriendo detras de un mapache. si la prensa se imaginara algo asi me serian la portada de revistas por años. 🤣🤣🤣
Helizahira Cohen
una historia de Sofia sería muy interesante
Helizahira Cohen
👏Excelente me gustó mucho bonita, corta y con una trama diferente
Helizahira Cohen
Esta interesante esta novela
Zuliner Chacon
Comenzaron a jugar con 🔥y se pueden quemar
Zuliner Chacon
Este se cree dueño de todo y que él es quien manda 😂 🤔 le llegó la orma de su zapato
Zuliner Chacon
Ninguno da su brazo a torcer, ambos son hueso duro de roer 😂
Zuliner Chacon
😂😂 Guerra de titanes osea Yo y Yo 😂😂
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