Una policía reencarna en un mundo mágico, supuestamente condenada a morir porque se convertirá en la tercera esposa del duque.. Pero, ella decide cambiar su destino..
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Escape 2
Cuando los sirvientes regresaron al gran comedor, el ambiente era tenso.
Las velas iluminaban la larga mesa donde varias mujeres nobles intentaban mantener una conversación educada con Julian, aunque ninguna estaba realmente relajada.
Todos en el salón notaban algo.
El duque no parecía interesado en la cena.
Ni en ellas.
Sus ojos se movían de vez en cuando hacia la puerta.
Esperando.
Pero la puerta no se abría.
Cuando finalmente los sirvientes entraron, lo hicieron despacio.
Demasiado despacio.
Sus rostros estaban pálidos.
Y ninguno hablaba.
Julian lo notó de inmediato.
Sus ojos se posaron en ellos.
—¿Dónde está Sienna Gray?
Nadie respondió.
El silencio fue tan largo que algunas de las mujeres bajaron la mirada.
—Estoy esperando.
Uno de los sirvientes tragó saliva.
—Mi… mi señor…
—Habla.
El hombre respiró hondo.
—Fuimos a buscar a la señorita… como usted ordenó.
Julian apoyó los dedos sobre la mesa.
—¿Y?
El sirviente continuó con dificultad.
—La… la habitación estaba vacía.
Julian frunció ligeramente el ceño.
—¿Vacía?
—Había… sábanas colgando por la ventana…
El silencio se volvió mortal.
—Pero… pero no encontramos a la señorita.
Los ojos de Julian se oscurecieron lentamente.
—Explícate.
Otro sirviente intervino apresurado.
—Creímos que había escapado por la ventana, mi señor… pero no había rastro de ella en el jardín… buscamos… pero…
Nadie se atrevía a terminar la frase.
Julian se levantó lentamente de la mesa.
El ruido de la silla arrastrándose contra el suelo resonó en todo el salón.
—¿Me están diciendo…
su voz era baja.
—que se escapó?
Nadie respondió.
Y entonces… Julian perdió el control.
De un golpe de su brazo barrió toda la mesa.
Platos.
Copas.
Vino.
Todo cayó al suelo con un estruendo.
Varias de las mujeres gritaron.
Incluso las que habían llegado confiadas, con vestidos provocativos y sonrisas calculadas, palidecieron.
Nunca habían visto al duque así.
—¡INÚTILES!
El grito resonó en todo el salón.
—¡¿CÓMO PERMITIERON QUE ESCAPARA?!
Una copa voló contra la pared.
Se hizo pedazos.
Las mujeres retrocedieron en sus sillas.
Una incluso estaba temblando.
Julian ni siquiera las miró.
Giró sobre sus talones y salió del comedor con pasos rápidos.
Subió las escaleras.
Atravesó el pasillo.
Abrió de golpe la puerta de la habitación de Sienna.
La habitación estaba vacía.
La cama sin sábanas.
La ventana abierta.
El aire frío entrando desde afuera.
Julian apretó los puños.
Ella había huido.
Mientras él estaba abajo.
Sentado con otras mujeres.
Intentando provocarla.
Intentando que reaccionara.
Y en lugar de eso… ella había escapado.
Aquello no era solo una fuga.
Era una afrenta directa.
—Encuéntrenla.
Su voz fue baja.
Pero peligrosa.
Los guardias detrás de él se tensaron.
—Registren el pueblo.
El duque se giró hacia ellos.
—Y los caminos.
—Y los pueblos cercanos.
Sus ojos ardían de furia.
—No regresen hasta encontrarla.
Los hombres salieron inmediatamente.
Durante horas la mansión estuvo en movimiento.
Guardias saliendo.
Mensajeros enviados.
Sirvientes interrogados.
Pero al final… nadie encontró nada.
Ningún rastro.
Ninguna pista.
Cuando el amanecer llegó, Julian estaba solo en su despacho.
Una botella de licor casi vacía estaba sobre la mesa.
Tenía una copa en la mano.
Ronan estaba frente a él.
—Mi señor…
Julian no respondió.
Miraba el líquido en su copa.
—Hemos buscado por toda la propiedad.
Ronan habló con cuidado.
—No hay rastros de la señorita Gray.
Julian bebió.
—No creemos que haya tenido ayuda.
Eso hizo que Julian levantara lentamente la mirada.
—¿Ayuda?
Ronan dudó.
—No hay señales de que alguien haya entrado o salido de la propiedad…
Julian repitió la palabra.
—¿Alguien… más?
Solo imaginarlo fue suficiente.
La copa se rompió en su mano.
El vidrio crujió.
El vino cayó sobre la mesa.
Ronan retrocedió un paso.
Pero Julian ni siquiera miró su mano sangrando.
Su mente estaba en otra parte.
Porque él ya había decidido.
Sienna Gray sería su duquesa.
No porque fuera obediente.
No porque fuera adecuada.
Sino porque… era la única mujer que no le provocaba repulsión.
La única que lo enfrentaba.
La única que no se arrodillaba.
Y ahora… había escapado.
Los ojos de Julian se oscurecieron lentamente.
Estaba furioso.
Pero también estaba decidido.
—La encontraré.
Su voz fue baja.
Pero llena de certeza.
Porque nadie… nadie escapaba de Julian Bridge para siempre.