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La Protegida Del Don Greco

La Protegida Del Don Greco

Status: Terminada
Genre:Romance / Posesivo / Arrogante / Mafia / Amor a primera vista / Diferencia de edad / Completas
Popularitas:909.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Rosana C. Lyra

Theo Greco es uno de los mafiosos más temidos de Canadá. Griego de nacimiento, frío como el acero de sus armas y con cuarenta años de una vida marcada por sangre y traiciones, nunca creyó que algo pudiera sacudir su alma endurecida. Hasta encontrar a una joven encadenada en el sótano de una fábrica abandonada.

Herida, asustada y sin voz, ella es la prueba viviente de una pesadilla. Pero en sus ojos, Greco ve algo que jamás pensó volver a encontrar: el recuerdo de que aún existe humanidad dentro de él.

Entre armas, secretos y enemigos, nace un vínculo improbable entre un hombre que juró no ser capaz de amar y una mujer que lo perdió todo, menos el valor de sobrevivir.

¿Podrá una rosa hecha pedazos florecer en los brazos del Don más temido de Toronto?

NovelToon tiene autorización de Rosana C. Lyra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13 – El Fantasma que Respira

Toronto dormía bajo una lluvia fina, pero para Theo, la ciudad nunca dormía. Sus ojos veían más allá de las calles mojadas, más allá de las luces apagadas de las casas comunes. Veía a los fantasmas que respiran, enemigos que creían estar a salvo, hombres que pensaban que el tiempo borraba sus deudas. Pero él lo sabía, nadie se esconde de Don Greco.

Eran poco más de las dos de la mañana cuando Nikos entró en su despacho, trayendo consigo el olor de la calle húmeda y la mirada cargada de noticias.

—Lo encontramos, Don. —la voz grave, pero controlada.

Theo levantó los ojos de la copa de whisky.

—¿Dónde?

—Un almacén en la periferia, cerca del puerto viejo. —Nikos extendió una carpeta, dentro fotos borrosas e informes apresurados— El informante jura que Vladimir está allí. No huyó de la ciudad. Se está escondiendo.

Theo analizó los papeles, pero no tardó. No necesitaba muchas pruebas. La verdad estaba allí, en el instinto que nunca lo engañaba.

—Entonces el gusano todavía respira en mi patio.

Nikos asintió.

—Don, podemos enviar a los hombres. Resolveremos esto en minutos.

Greco se levantó despacio. El traje negro cayó sobre sus hombros como armadura, la corbata oscura ajustada con un gesto firme. No necesitaba alzar la voz. Su silencio ya lo decía todo.

—Yo voy.

Nikos intentó argumentar:

—Con todo respeto, señor, no necesita exponerse. Vladimir ya demostró ser cobarde. Es trabajo para soldados.

Theo caminó hasta la ventana, observando las gotas deslizarse por el vidrio. El reflejo mostraba al hombre que era, marcado por cicatrices invisibles.

—No descanso mientras ese gusano respire. —dijo, cada palabra con la frialdad del ártico— Quiero mirarlo a los ojos antes de apagar la última chispa de vida.

El subjefe respiró hondo. Sabía que no había retorno cuando Greco hablaba así. El Don no enviaba recados. Él los entregaba personalmente.

En el piso de arriba, la mansión dormía en silencio. Pero una habitación en especial estaba despierta. Ella.

La joven, hasta entonces muda, intocable en su silencio, se levantó de la cama con pasos vacilantes. La sed le quemaba la garganta. Por primera vez, su voz débil atravesó la barrera que había levantado a su alrededor.

—Agua…

El guardia en la puerta abrió los ojos de par en par, sorprendido. Nunca la había oído antes. Un segundo de vacilación, luego fue a llamar a Greco.

Theo estaba de salida cuando escuchó el aviso. Se detuvo en el pasillo, el abrigo ya lanzado sobre los hombros. Los ojos de Nikos buscaron los suyos, pero Greco levantó la mano, ordenando silencio. Abrió la puerta de la habitación.

Ella estaba sentada al borde de la cama, el cabello cayendo sobre el rostro, los dedos apretando la tela del vestido. Cuando lo vio, no apartó la mirada de inmediato. Se obligó a enfrentarlo, aunque con miedo.

—Agua… —repitió, casi un susurro.

El Don cruzó la habitación con pasos firmes. Tomó la jarra de cristal que una empleada acababa de dejar sobre la mesa y llenó el vaso. Se lo entregó sin una palabra.

Sus dedos casi se rozaron cuando ella sostuvo el vaso. Sus manos temblaban, pero bebió. Cada sorbo parecía una victoria contra el desierto que llevaba dentro.

Cuando terminó, Greco tomó el vaso de vuelta. No se alejó. Se quedó allí, parado, con los ojos fijos en ella.

—¿Dónde estoy? —su voz salió temblorosa, pero clara.

Theo arqueó una ceja.

—En mi casa. —respondió, firme— Está segura.

Ella respiró hondo, como si el peso de las palabras no fuera fácil de absorber. Luego, casi sin darse cuenta, dejó escapar otra pregunta:

—¿Quién… es usted?

El Don la miró largamente. El silencio pesó antes de la respuesta.

—Soy el hombre que la sacó del sótano. —respondió, frío, pero cargado de verdad— Lo demás, no importa.

Los ojos de ella brillaron con algo nuevo, miedo, sí, pero también curiosidad. Quizá hasta confianza, mínima, pero real.

Theo, sin saber por qué, se inclinó un poco más.

—¿Cuál es su nombre?

La pregunta flotó en el aire como una nube de humo. La respiración de ella se aceleró. Los labios le temblaron. Durante largos segundos, parecía que nada saldría. Y entonces, una palabra escapó, tenue, pero lo bastante firme para llenar la habitación.

—Naya.

Greco sintió el impacto como un golpe silencioso. El nombre era identidad. El nombre era vida. Y ella acababa de entregar la primera chispa de sí misma.

—Naya… —repitió en voz baja, probando el sonido como quien prueba un vino raro.

Ella apartó la mirada, como si se arrepintiera de haber revelado tanto. Pero ya no podía retroceder.

Theo retrocedió un paso. El rostro, antes imperturbable, mostraba algo más, no exactamente ternura, pero algo cercano.

—Descanse. —dijo, antes de salir.

Cuando cerró la puerta, la palabra “Naya” aún resonaba dentro de él.

En el coche, camino al almacén, Nikos lo observaba por el retrovisor. El Don parecía aún más cerrado de lo habitual, pero había una tensión diferente en sus hombros.

—¿Entonces habló? —Nikos arriesgó.

Theo no respondió de inmediato. El humo del cigarro llenaba el interior como niebla. Finalmente, dijo:

—Naya. Ese es su nombre.

Nikos asintió, pero no comentó. Sabía cuándo era momento de callar.

El convoy avanzaba por las calles desiertas. Cada semáforo se reflejaba en los charcos, transformando Toronto en un mosaico de luz y sombra. El destino, un almacén de hierro oxidado a las afueras de la ciudad, lugar que ya había servido a negocios sucios de decenas de mafias. Ahora, sería el escenario de otro ajuste de cuentas.

El almacén estaba silencioso, excepto por el goteo constante del techo agujereado. El aire olía a aceite viejo y moho. Theo entró con pasos firmes, Nikos y cuatro hombres armados justo detrás.

—Tres guardias en el perímetro. —susurró un soldado— Ya fueron neutralizados.

Theo siguió adelante. Sus ojos, acostumbrados a la oscuridad, escudriñaban cada rincón. Y entonces, al fondo del salón, una sombra se movió.

—Greco… —la voz cargada de odio rompió el silencio.

Vladimir.

El ruso parecía más envejecido, las ojeras profundas, la barba descuidada. Pero sus ojos ardían de rencor. Empuñaba una pistola, aunque la mano le temblaba levemente.

Theo no sonrió. No lo necesitaba. Solo avanzó, ignorando el metal apuntado a su pecho.

—Deberías estar muerto. —gruñó Vladimir.

—Y tú deberías haber pagado tus deudas. —Greco respondió, la voz baja, pero firme.

El ruso apretó los labios.

—Tomaste algo mío…

Theo dio un paso más cerca, mirándolo con frialdad.

—No. Te quité lo que nunca debiste tener.

El silencio explotó en tensión. Nikos levantó el arma, listo para disparar, pero Theo levantó la mano, ordenándole retroceder.

—Ese gusano es mío. —dijo.

Vladimir intentó reír, pero el sonido sonó más a tos.

—¿Crees que ganaste, Greco? Mientras yo respire, nunca estarás a salvo.

Theo inclinó la cabeza, los ojos fijos en los suyos.

—Eso es lo que no entiendes, Vladimir. —su voz sonó como un acto final— No quiero que mueras rápido. Quiero que sepas, en el último segundo, que fuiste vencido. Que el fantasma que respira soy yo… y tú, solo un recuerdo a punto de ser borrado.

Vladimir intentó levantar el arma, pero Theo fue más rápido. Un disparo seco resonó en el almacén. El cuerpo del ruso cayó pesadamente, la sangre extendiéndose por el concreto agrietado.

El silencio volvió, cortante.

Greco apagó el cigarro en su propia bota, sin apartar la mirada del cadáver.

—Ahora sí. —dijo, frío— Ahora descanso.

Horas después, ya en la mansión, Theo entró en su habitación. Naya dormía, el cuerpo encogido, pero el rostro más sereno que antes. Él la observó en silencio, como quien vigila algo precioso y demasiado frágil para ser tocado.

Por un instante, se permitió cerrar los ojos. Sintió el peso de la noche, la sangre derramada, el nombre pronunciado.

Naya.

El fantasma que respiraba ya no era Vladimir. Era ella.

1
Jessica Arroyo
valió la espera mi Theo te llegó tu alma gemela 🙏
Jessica Arroyo
y Nikos que se hizo 🤔
Jessica Arroyo
después de todos tus años de sufrimiento y cautiverio es lógico sobrevivir Mija
Jessica Arroyo
ya el acepto sus sentimientos ahora es ella la que entra al dilema y se lleva los capítulos restantes de la novela jajajaja
Jessica Arroyo
esperen leo otra vez que fue que dijo aaaaah mi Mujer 😱😱😱😱😱😁😁😁
Jessica Arroyo
al final la novela se trató de la lucha interna de Theo de pelear con el amor y ella también peleando con sus sentimientos 😁
Carmen Gloria Rivas Barrio
Me encantó desde el inicio, tremenda historia
Jessica Arroyo
ahora solo falta que haga alianza con Vladimir para acabar con el 🤔
mariela Robledo
Hermosa historia,me atrapo al instante,he lekdo muchas de mafoosos,pero esta en la narrativa era fistinta y te atrapaba.me encanto felicudades autora.
mariela Robledo
y como vienen,creo que en cualquier momento le dice qye ya viene en camino uno,o mas.jajaj🤭
Marcela Viviana Gamalero
dale la ciudad en llamas...Los aliados siendo atacados y el haciendo de romeo.....raris
Marcela Viviana Gamalero
me estot cansando de que la actitud de ella sigue igual y la de él también
jairelys saldeño
pésima historia ya va por el capítulo 12 y todavía no se sabe ni cómo se llama la chica ni nada de ella
Maria Soto Schiller
Me ha gustado esta novela , pero por Dios este hombre no deja de fumar, todo debe oler a cigarros incluso su mansión ...yo también fumo pero uno o dos cigarros ya es mucho... wuakala. los dormitorios pasados a humo de cigarros... Bueno..se espera que ella le quite ese mal hábito al igual que tanto whisky ...el amor lo hará cambiar 👏
Marilin Barboza
Me Encantó la historia el cuidado y la manera en el que se contó muchas gracias!!!🥰👏👏👏
XIOMARA CHAURIO
bueno tenía tiempo que no leía una historia en medio día me encantó de principio hasta el fin una novela muy bien contada como dije me encantó excelente trabajo de la escritora ⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐🌹🌹🌹🌹 felicidades gracias
mariela Robledo
ese apellido me suena... ella sera hija de algun socio de greco?
Marilin Barboza
Podrá cumplir con su promesa de no tocarla nunca 🤔
Marilin Barboza
no entiendo xq no hizo que la bañaran y le pusieran medicación por vena calmante hasta que ella estuviera bien
Gabriela Navas
jajaja👏👏
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