Lucas siempre ha hecho lo correcto.
Una carrera impecable. Una vida estable. Una boda en camino.
Hasta que Ethan regresa.
Doce años después, su antiguo mejor amigo vuelve convertido en su mayor rival… y en alguien completamente distinto. Más frío. Más seguro. Más peligroso.
Ethan no ha vuelto por negocios.
Ha vuelto por él.
Lo que comienza como una competencia entre empresas pronto se transforma en algo mucho más personal. Más intenso. Más difícil de ignorar.
Porque Ethan no juega limpio.
Y Lucas ya no puede seguir fingiendo que nada le afecta.
Entre decisiones correctas y deseos que no debería tener…
Lucas tendrá que elegir:
¿La vida que construyó…
o a quien nunca logró olvidar?
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Capítulo 5
Lucas
—¿Estás nervioso? —pregunta Marcus, mi asistente ejecutivo, en voz baja.
—No. Por lo que he visto hasta ahora, si nuestra presentación sale bien, creo que tenemos una muy buena posibilidad de ganar —respondo, también en voz baja, mientras escuchamos la presentación de otra empresa.
El proyecto de reconversión de un sector urbano en un centro de negocios similar a Silicon Valley, dentro de Nueva York, es tan atractivo como un reto.
También es de alto impacto mediático. Es por eso que empresas como la mía se pelean para ganar este concurso público. Ser conocido, tener vitrina y construir prestigio a nivel nacional e internacional serían algunas de sus ventajas.
Observo con atención a los jueces. Algunos toman notas. Otros intercambian miradas breves. Ninguno parece especialmente impresionado.
Bien.
Eso significa que nadie ha hecho algo lo suficientemente bueno.
La empresa que expone actualmente termina su presentación para el grupo de políticos e inversionistas que actúan como jueces.
—Es nuestro turno —me informa Marcus.
Ambos nos levantamos y vamos hacia la plataforma donde empezará nuestra exposición en exactamente tres minutos.
Revisamos que todo esté listo. Pantallas, proyección, datos. Todo está en orden.
Esto está ganado. Seguro.
Cuando llega el momento, empiezo mi propia exposición. Me desenvuelvo con una confianza nacida de la experiencia, pero, sobre todo, en la creencia de que mi propuesta es sólida.
No necesito esforzarme demasiado. Las palabras fluyen, precisas. Medidas.
Algunas cabezas asienten antes de que termine.
Lo noto. Por supuesto que lo noto.
Cuando por fin termino, ellos aplauden.
—En tres minutos más, expondrá la última empresa —informa el presentador cuando estamos volviendo a nuestros asientos—. Vaughn Developments.
Me congelo.
No tanto por la similitud en los nombres de las empresas —la mía se llama Vale Developments—, sino por el apellido Vaughn.
Es imposible.
Con el corazón acelerado, miro hacia el estrado. No reconozco a la persona que prepara la información.
Exhalo. De alguna manera Aliviado. Quizá algo decepcionado.
Ridículo.
Es simplemente una coincidencia. Me convenzo. Nada más que eso.
—¿Estás bien? —pregunta Marcus, sacándome de mis pensamientos.
—Sí. Vamos.
Regresamos a nuestros asientos y comentamos cómo fue nuestra presentación.
—Creo que lo tenemos —dice Marcus.
—Estoy de acuerdo. Hasta ahora no hay ninguna propuesta que sea mejor.
Definitivamente tenemos esto.
Hablamos un poco más, pero mi atención ya no está completamente en la conversación.
El apellido sigue dando vueltas en mi cabeza.
Sin sentido.
Trato de olvidarme de ello.
Hasta que escuchamos al presentador llamando nuestra atención.
En ese momento, un murmullo recorre el lugar, lo que es particularmente raro.
Miro hacia donde algunos están mirando… y tengo que parpadear para asegurarme de que no estoy imaginando cosas.
Mierda.
Allí, llegando al estrado, con una presencia que llena completamente el lugar, está la persona que he estado buscando durante dos semanas.
Ethan.
Se detiene frente a todos con un desplante natural. No es simplemente confianza. Es una certeza de que el lugar le pertenece.
Levanta la mirada.
Y la clava en mí. Directamente. Sin buscar.
Y, sin poder evitarlo, tiemblo.