Un matrimonio por conveniencia une a Carolina y Benjamín, dos mundos opuestos marcados por el interés y el orgullo. Pronto descubrirán que el amor puede surgir incluso en los acuerdos más fríos.
NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 11
Las campanas resonaban con una solemnidad que contrastaba con el caos en el pecho de Carolina.
El vestido blanco que llevaba no simbolizaba amor, ni ilusión, ni promesas compartidas… sino deuda. Sacrificio. Renuncia.
Desde el altar, Benjamín la observaba con una expresión impenetrable, casi fría. Su postura recta, impecable en su traje oscuro, transmitía poder. Control.
Y hoy, la estaba tomando a ella.
Carolina avanzó por el pasillo con pasos firmes, aunque por dentro se desmoronaba. Cada mirada sobre su cuerpo la hacía sentir expuesta, como si todos supieran la verdad: que no estaba allí por amor, sino porque su familia había perdido todo.
Cuando finalmente llegó frente a él, sus ojos se encontraron por primera vez ese día. Había desprecio en los suyos… o tal vez desconfianza.
......................
La ceremonia siguió bajo una atmósfera elegante y perfectamente orquestada.
Las flores decoraban cada rincón del altar, el aroma suave envolvía el ambiente mientras la luz del día se filtraba delicadamente a través de los ventanales. Todo parecía sacado de un cuento… uno que no les pertenecía.
El oficiante habló con voz pausada, mencionando la unión, el compromiso, la importancia del matrimonio. Palabras que resonaban en el aire, pero que para ellos carecían de significado real.
Carolina mantenía la mirada al frente, aunque por momentos sentía el peso de los ojos de Benjamín sobre ella.
Firme.
Analítico.
Como si intentara descifrarla.
A su alrededor, los invitados observaban con emoción. Dalia tenía los ojos brillosos, conmovida. Rodolfo, en cambio, mantenía una expresión cargada de culpa. Emely no apartaba la mirada de su hermana, con el corazón apretado.
Esmeralda, sentada entre los invitados, apretaba las manos con fuerza.
Sabía la verdad.
Y eso hacía todo más difícil.
Llegó el momento de los anillos.
Benjamín tomó la sortijs con seguridad y sostuvo la mano de Carolina. Su contacto fue firme… posesivo.
Deslizó el anillo en su dedo con lentitud, sin apartar la mirada.
Carolina sintió el frío del metal.
Y el peso de lo que significaba.
Luego fue su turno.
Tomó el anillo destinado a él.
Sus manos no temblaron.
No podía permitírselo.
Colocó la sortija en el dedo de Benjamín con la misma firmeza con la que había aceptado su destino.
El silencio se volvió expectante.
El oficiante los miró a ambos.
—Por el poder que me ha sido conferido… los declaro marido y mujer.
Una pausa.
Un segundo suspendido en el tiempo.
—Puede besar a la novia.
Benjamín no dudó.
Se acercó a ella con determinación, colocando una mano en su cintura.
La atrajo hacia sí.
Y la besó.
No fue un beso simbólico.
Fue firme.
Profundo.
Dominante.
Carolina sintió cómo su cuerpo reaccionaba antes de que su mente pudiera detenerlo. Sus labios respondieron, aunque una parte de ella luchaba por mantenerse distante.
Pero ese beso…
Era todo menos distante.
Cuando se separaron, los aplausos estallaron a su alrededor.
Sonrisas.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La elegancia sobre el jardín, donde la recepción se desplegaba entre mesas finamente decoradas y el murmullo constante de los invitados. Todo estaba dispuesto para proyectar una imagen impecable.
Y entonces…
Carolina y Benjamín hicieron su entrada.
Del brazo.
Perfectos.
Las conversaciones se detuvieron por un instante, y todas las miradas se dirigieron hacia ellos. Algunos sonrieron con genuina admiración, otros aplaudieron con entusiasmo… pero no todos.
Había miradas que juzgaban.
Que cuestionaban.
Que murmuraban en silencio.
Carolina lo sintió.
Cada paso que daba parecía más pesado bajo el peso de esas miradas, pero mantuvo la cabeza en alto. No podía permitirse mostrar debilidad.
Benjamín, a su lado, caminaba con seguridad absoluta.
Como si todo estuviera bajo su control.
Como si aquella escena le perteneciera.
Llegaron al centro del jardín entre felicitaciones, apretones de mano y palabras bien ensayadas.
—Felicidades.
—Hacen una pareja hermosa.
—Les deseo lo mejor.
Carolina sonreía.
Respondía.
Agradecía.
Interpretaba su papel a la perfección.
Hasta que la música comenzó.
Una melodía lenta.
Elegante.
Diseñada para ese momento.
—El primer baile —anunció alguien.
Las miradas volvieron a concentrarse en ellos.
Carolina apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando Benjamín tomó su mano y la atrajo hacia él.
Su otra mano se posó en su cintura.
Firme.
Demasiado firme.
La acercó lo suficiente como para borrar cualquier espacio entre sus cuerpos.
Carolina contuvo el aliento.
Podía sentir su calor.
Su respiración.
La forma en que su cuerpo parecía dominar el ritmo sin esfuerzo.
Comenzaron a moverse.
Lento.
Preciso.
Como si hubieran practicado cada paso.
Pero no había suavidad en ese contacto.
Había tensión.
Una corriente invisible que recorría cada punto donde se tocaban.
—Ya eres mía… —murmuró Benjamín cerca de su oído, con una voz baja que solo ella podía escuchar—. Espero que haya valido la pena este estúpido matrimonio.
Las palabras la atravesaron.
Carolina frunció ligeramente el ceño, sin dejar de moverse.
—¿De qué hablas?
Él esbozó una leve sonrisa, casi imperceptible para cualquiera que los observara.
—Por lo que veo, no ganaste nada… —continuó—. En cambio, yo gané una esposa… que pienso disfrutar.
El cuerpo de Carolina se tensó de inmediato.
Sus manos, que descansaban sobre él, se endurecieron apenas.
Pero no se apartó.
No podía.
—No te confundas —respondió en voz baja, manteniendo la compostura—. Esto no es lo que crees.
Benjamín la giró con suavidad, siguiendo el ritmo de la música.
Pero cuando volvió a atraerla hacia su pecho, lo hizo con más firmeza.
—Vas a tener que cumplir con tus deberes de esposa —añadió, con una calma que contrastaba con el peso de sus palabras—. Relájate… estás muy rígida.
Carolina levantó la mirada.
Lo miró directamente.
Sus ojos brillaban con una mezcla de enojo… y algo más profundo.
Algo que ni ella misma lograba definir.
—No soy una obligación que puedes usar a tu antojo.
Por un segundo…
El mundo pareció detenerse.
Benjamín sostuvo su mirada.
Y algo cambió.
Como si, por primera vez, viera algo en ella que no esperaba.
—Eso lo veremos —murmuró finalmente.
La música continuó.
Y ellos siguieron bailando.
......................
El murmullo de la fiesta quedó atrás cuando Carolina empujó la puerta del tocador con más fuerza de la necesaria. Se apoyó en el lavamanos, respirando hondo, intentando calmar la rabia que le hervía por dentro.
—¿Qué sucede? —preguntó Esmeralda al entrar detrás de ella—. Saliste furiosa.
Carolina alzó la mirada hacia el espejo.
—Ese idiota quiere que cumpla mis “deberes” como esposa.
Esmeralda abrió los ojos, sorprendida… pero luego soltó una leve sonrisa.
—Bueno… no sería tan malo. Está guapísimo.
Carolina giró el rostro de inmediato.
—Concéntrate, Esme.
—Lo intento —respondió, alzando las manos—, pero también intento entender por qué te afecta tanto.
Carolina guardó silencio un segundo.
Su reflejo le devolvía una expresión que no lograba descifrar.
—Porque no quiero ser su juguete —murmuró finalmente.
Esmeralda se acercó, suavizando el tono.
—Entonces no lo seas.
Carolina asintió… pero sabía que no sería tan fácil.
queremos leer un poco más...maravillosa como estas llevando el trama ..excelente novela 👌👌👏👏👏
ya empezó lo bueno excelente historia