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Ceo No Soy La Madre De Su Hijo

Ceo No Soy La Madre De Su Hijo

Status: En proceso
Genre:CEO / Padre soltero / Matrimonio arreglado
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella pasa una noche con un Ceo Y ese luego la secuestra al creer que ella esconde a su hijo

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 21

El beso se prolongó hasta volverse eterno, hasta que el sol, ya más alto, se cansó de esperar y entró sin permiso por la ventana, bañándolos en oro.

Fue Valentina quien, entre risa y suspiro, separó los labios apenas lo necesario para murmurar:

—El agua se va a enfriar…

Mateo la miró con aquellos ojos que aún guardaban sombras de deseo.

—¿Me invitas?

Ella no respondió con palabras. Tomó su mano, y aquel gesto fue respuesta suficiente.

Se levantaron despacio, como si aún dudaran de abandonar el lecho. Las sábanas cayeron al suelo sin que nadie las reclamara. La piel de ella, aún tibia, buscó la de él un segundo más, un roce más, antes de encaminarse hacia la puerta del baño.

El vapor los recibió como una nube espesa.

Mateo abrió la llave del agua, y el rumor de la caída llenó el pequeño recinto de una intimidad nueva, distinta a la de la noche. Más clara. Más verdadera.

Ella entró primero. El agua resbaló por sus hombros, por su espalda, y él la contempló un instante, detenido en el umbral, como quien se sabe afortunado.

—¿Te quedas ahí? —preguntó ella, sin voltearse, pero con una sonrisa que él adivinó en el eco de su voz.

No necesitó más.

Mateo la alcanzó en un paso, y el agua los cubrió a los dos. Las manos de él encontraron su cintura; las de ella se alzaron para mojar el cabello de él, para sentir la textura mojada bajo sus dedos.

Se besaron otra vez, bajo el chorro cálido. Sin prisa. Sin otra urgencia que la de estar cerca, muy cerca, como si el agua borrara no el polvo del cuerpo, sino los últimos resquicios de orgullo y distancia.

Él tomó el jabón y comenzó a recorrer su espalda con movimientos lentos, circulares. Ella cerró los ojos y se dejó hacer, apoyando la frente en el pecho de él.

—Podría acostumbrarme a esto —murmuró ella, casi en secreto.

—¿A qué? —preguntó él, con picardía en la voz.

—A que me mimes.

Mateo rió, bajo, y la giró para besarle la frente, mojada, brillante.

—Pues prepárate —dijo—. Porque no pienso parar.

Ella alzó la mirada, y por un instante el agua, el vapor, el mundo entero desaparecieron. Solo quedaron dos miradas que ya no se engañaban.

Valentina tomó el jabón de sus manos y, con una ternura que la sorprendió a ella misma, comenzó a lavarlo a él.

Y así pasaron largos minutos, entre caricias que no buscaban más que el placer de dar, entre besos que mojados sabían a promesa.

Hasta que el agua comenzó a entibiar.

—Se nos acaba —dijo él.

—Siempre se acaba lo bueno —respondió ella, con una melancolía que era casi feliz.

Mateo cerró la llave. El silencio del baño fue de pronto inmenso, roto solo por el goteo lento y las respiraciones que aún no se calmaban del todo.

Tomó una toalla y la envolvió en ella con cuidado, como si Valentina fuera un tesoro recién encontrado.

Ella sonrió, tomó otra toalla, y se la arrojó a él.

—Te amo —le dijo él a ella.

—¿Qué…? —preguntó Valentina, con la voz aún ronca, como quien emerge de un sueño profundo o de una verdad que apenas comienza a pronunciarse.

Mateo no dudó.

—Te amo demasiado.

Silencio.

Pero no incómodo.

Fue de esos silencios que pesan por la dicha, no por la ausencia. De aquellos en los que las palabras sobran porque el alma ya ha hablado.

Valentina lo miró.

Y esta vez…

no discutió.

No lo negó.

No puso distancia ni orgullo de por medio.

Solo sonrió levemente.

Una sonrisa pequeña, casi secreta, que se asomó a sus labios como un tímido sol entre nubes.

Mientras él apartaba un mechón de su cabello con cuidado.

Un gesto suave.

Casi íntimo.

Distinto a todo lo anterior.

Porque aquel no era un gesto de conquista ni de estrategia. Era un gesto de quien ya ha dejado de fingir.

Minutos después—

Ambos salieron de la habitación.

Con el cabello aún húmedo, brillante bajo la luz del corredor. La piel ligeramente sonrojada por el vapor y por lo que el vapor no podía explicar.

Y una cercanía…

imposible de ocultar.

No caminaban tomados de la mano, no hacía falta. Sus cuerpos se inclinaban el uno hacia el otro como dos árboles que han crecido juntos y ya no saben estar separados.

Y entonces—

—Vaya…

Se detuvieron en seco.

Adrián estaba ahí.

En el pasillo.

Mirándolos.

Su expresión…

se endureció como el yeso que se agrieta.

Sus ojos pasaron de Mateo…

a Valentina.

Y luego al detalle más obvio.

El cabello mojado.

La intimidad que rezumaba de ambos como un aroma imposible de disimular.

El silencio se volvió pesado. Inmenso. Cargado de todo lo que no se decía y ya se entendía.

—Interesante… —murmuró Adrián, y su voz fue como el filo de un cuchillo envuelto en seda.

Valentina se tensó al instante. Sus hombros se elevaron un centímetro, apenas perceptible, pero suficiente para que Mateo lo notara.

—Adrián, no es lo que—

—¿No es lo que parece? —interrumpió él, con una sonrisa amarga que no llegó a sus ojos—. Porque parece bastante claro.

Mateo dio un paso al frente.

Instintivo.

Protector.

—Cuida tu tono.

Adrián soltó una risa sin humor, breve, seca, como una rama que se quiebra.

—¿Mi tono? —repitió—. ¿En serio?

Sus ojos volvieron a Valentina, y en ellos había algo más que enojo. Había un desencanto viejo, de esos que no nacen de un día para otro.

—¿Así que ahora… eres suya también?

Esa palabra —"suya"— cayó en el pasillo como una losa.

Valentina sintió un escalofrío que no era de frío.

—No soy de nadie —respondió ella, firme, aunque su voz tembló apenas un instante.

Mateo la miró de reojo.

Pero no dijo nada.

Adrián apretó la mandíbula hasta blanquear las comisuras de sus labios.

—Claro…

Pausa.

Larga. Tensa. Densa.

—Como siempre.

Eso sonó… distinto.

Más personal.

Más profundo.

Como si llevara años guardado en un cajón oscuro del corazón.

Valentina frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Adrián no respondió de inmediato. Sus ojos se perdieron en un punto lejano del pasillo, como si viera algo que ninguno de los dos podía ver.

Solo negó con la cabeza.

—Nada.

Mentira.

Una mentira tan evidente que casi podía palparse en el aire.

Pero no insistió.

Porque ya había visto suficiente.

—Disfruten… —añadió, con una frialdad que heló el ambiente—. Mientras puedan.

Se dio la vuelta.

Y se fue.

El sonido de sus pasos alejándose…

dejó una tensión pesada en el aire. Un eco de algo roto que quizá nunca había estado entero.

Valentina se quedó en silencio.

Confundida.

Con el corazón golpeándole las costillas sin saber bien por qué.

—¿Qué le pasa…? —murmuró, más para sí misma que para él.

Mateo no respondió de inmediato.

Su mirada estaba fija en el pasillo vacío por donde Adrián había desaparecido.

Fría.

Peligrosa.

—Se está metiendo donde no debe.

Valentina lo miró, buscando en su rostro alguna pista.

—Es tu hermano.

—Medio hermano —corrigió él, y la palabra "medio" sonó como un muro.

Silencio.

—Y eso no cambia nada —añadió con una frialdad que no le conocía.

Pero en su mirada…

había algo más.

Algo que no quería mostrar.

Porque Adrián…

no solo era un problema.

Era una amenaza.

Y no precisamente por Mateo.

Sino por lo cerca que estaba…

de la verdad.

1
Tere Jimenez
muy interesante el capítulo gracias
Tere Jimenez
cada capítulo es más interesante felicidades
Tere Jimenez
cómo que estamos muy intriga dos perdió la memoria y le robaron el bebé
Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias por compartir
Karina Vazquez Gonzalez
interesante historia
💙💫Géminis 💫💙
🤭🤭
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