Selina tiene 18 años y descubrió que aunque puede transformarse en loba, no tiene a su loba interna. Ha estado enamorada de su amigo Isaac Newman el beta de la manada White Moon, ella creía que su amor por el sería correspondido, sin embargo dolorosamente descubre la verdad de sus sentimientos y la traición de quienes ella más amaba. Inesperadamente la ayuda viene de quien ella más detesta...
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Secretos
Cuando salí estaba realmente molesta, estaba segura de que las respuestas no las hallaría en esta manada. Comencé a sospechar incluso que mi tío Paolo ni siquiera sabe de lo ocurrido con mi padre, quizás mi tío Drago también forma parte de esto.
No sé realmente en quien puedo confiar, Bruno aún mirándome a los ojos se atrevió a decirme la verdad, el alfa mencionó que me protegían y también a la manada.
- oh ahí estas prima, la sin lobo y ahora sin universidad_ señaló en burla mientras caminaba fuera de la casa del alfa
- Mejor cállate_ amenacé
- ¿Viniste a rogar que te dejen estudiar? Oh querida jamás estarás a mi nivel_ continúo
Eres una huérfana, sin nada que ofrecer. Nosotros siempre debimos ser los gammas_ señaló con desdén
Tus padres murieron por debilidad, quizás tenerte a ti fue su decepción_ indicó y no aguante más
Salte sobre Carol y comencé a golpearla sin parar, sus supuestas amigas quisieron intervenir y las lance lejos. Era más fuerte de lo que pensaban. Me comencé a transformar, mientras Carol miraba aterrada como mis caninos sobresalían, deseaba arrancarle esa odiosa cara.
Mi tío Drago intervino y me empujó lejos, yo me había transformado por completo. Carol tenía rasguños en su cuerpo, sus amigas estaban heridas:
- Debí hacerme encargado de ti hace tiempo_ amenazó con furia al ver a su hija.
¿Qué quiso decir? El alfa no tardó en aparecer y se veía furioso, su enojo estaba puesto a mi tío. Bruno también había llegado, su cuerpo emitía calor. Salí de allí corriendo en mi forma lobuna, escuchaba en mi mente voces y las silencié.
Mis patas se movían con rapidez, llegué a los límites y algo en mí dolía, una punzada en mi pecho.
- Tengo que regresar a casa_ dije
Trate de volver a mi forma humana, pero me resultaba difícil, comencé a respirar hondo para calmar mis emociones, las cuales estaban en ebullición. Me quedé un tiempo sentada a la orilla del río, precisamente el río era el que hacía el límite con la manada Yellow moon.
Escuché que alguien más se acercaba, su aroma me resultaba familiar, un lobo negro se acercaba y yo aún molesta le enseño los dientes.
- Calma, solo estamos nosotros dos_ escuché la voz de Bruno
- Cómo quieras que esté tranquila, si todos parecen esconder las cosas. No puedo confiar en nadie_ espete
< Ella tiene razón, el alfa insiste en obligarte a callar_ escuché la voz del lobo de Bruno
- Te dije que no hablaras Thor_ le reclamó el
Mi respiración seguía agitada. Mis garras se hundían en la tierra húmeda mientras lo observaba.
—¿Ahora también hablas con tu lobo en voz alta? —gruñí—. Qué conveniente… al menos él sí dice lo que piensa.
Bruno suspiró, luego tomo su forma humana.
—No es tan simple.
—Claro que no —respondí con amargura—. Nada lo es cuando se trata de mí.
Di un paso hacia él, aun en mi forma lobuna parcial, sintiendo cómo mi cuerpo luchaba por estabilizarse.
—Dime algo, Bruno… —mi voz salió más grave, más animal—. ¿Desde cuándo sabes?
Él no respondió de inmediato.
Y ese silencio…
dolió más que cualquier golpe.
—Lo suficiente —dijo al fin.
Solté una risa seca.
—Perfecto. Entonces eres igual que los demás.
Me giré, dispuesta a irme.
—Si das un paso más… no vas a poder volver a tu forma humana.
Me detuve en seco.
El aire se volvió pesado.
—¿Qué dijiste?
—Lo que te está pasando —continuó, acercándose con cautela—. No es solo una transformación.
Mis manos temblaron.
—No necesito que me expliques lo que soy.
—No —respondió, firme—. Pero sí necesitas entender lo que te va a pasar si sigues rechazándolo.
Lo miré con furia.
—¿Rechazar qué?
Sus ojos se clavaron en los míos.
—El vínculo.
El mundo pareció detenerse.
—No… —negué, retrocediendo—. No me vengas con eso.
—Selina—
—No —repetí, más fuerte—. No voy a depender de nadie. Mucho menos de ti.
Algo dentro de mí se agitó con violencia.
Mi pecho ardió.
Caí de rodillas, jadeando.
—No se trata de depender —dijo Bruno, ahora más cerca—. Se trata de sobrevivir.
—He sobrevivido sola toda mi vida —escupí.
—No —respondió, casi en un susurro—. Has sobrevivido porque nunca te dejé caer.
Lo miré, confundida… y por primera vez… insegura.
—¿Qué…?
—Los ataques —continuó—. Las pruebas. Las veces que creíste que nadie hacía nada… él día en que te desmayaste.
Apretó la mandíbula.
—Siempre estuve ahí.
Mi respiración se entrecortó.
—Mientes.
—Ojalá lo hiciera, Pecas.
El silencio cayó entre nosotros, roto solo por el sonido del río.
—Entonces dime —susurré—…
levanté la mirada hacia él
—¿por qué?
Bruno dudó.
Solo un segundo.
Pero lo vi.
—Porque si perdías el control…
dio un paso más hacia mí
—ibas a necesitar a alguien que no tuviera miedo de acercarse.
Mi corazón golpeó con fuerza.
—Y ese alguien… ¿eres tú?
Sus ojos se suavizaron apenas.
—Siempre estuve yo, pecas.
Su voz ya no sonaba burlona.
Eso fue lo primero que me descolocó.
—¿No lo ves? —continuó, dando un paso más cerca—. Aunque soy el que te molesta… el que te pone apodos absurdos…
Soltó una pequeña risa sin humor.
—Siempre fui yo.
Fruncí el ceño, confundida… incómoda.
—Deja de jugar, Bruno.
—No estoy jugando —respondió, firme.
El silencio se tensó entre nosotros.
—Entonces explícate —espeté—. Porque lo único que veo es a alguien que disfruta hacerme la vida imposible.
Sus ojos se oscurecieron apenas.
—Si realmente hubiera querido hacerte daño… nunca habrías llegado hasta aquí.
Mi respiración se detuvo por un segundo.
—Cada vez que te decía cosas… —continuó— fue para que fueras más fuerte.
—Cada vez que te provoqué… fue para que reaccionaras.
—Y cada vez que te alejé…
Dudó.
Solo un instante.
—Fue para no delatar lo que realmente quería hacer.
—¿Y qué era eso? —pregunté, casi en un susurro.
Bruno me miró… directo… sin esconderse por primera vez.
—Quedarme.
—No necesito que te quedes.
Pero mi voz…
ya no sonaba tan firme.
Me alejé del lugar rápidamente, dejándolo allí.
No quería pensar.
No quería sentir.
Mis patas golpeaban la tierra con fuerza mientras corría, como si pudiera dejar atrás todo lo que acababa de escuchar.
Siempre estuve yo.
Negué con la cabeza, intentando sacarlo de mi mente.
Cuando estuve lo suficientemente lejos, mi cuerpo comenzó a ceder.
La transformación retrocedió lentamente, como si algo dentro de mí… se calmara.
Caí de rodillas al tocar el suelo frío cerca de la cabaña, jadeando.
Era extraño.
Hablar con él… me había ayudado.
No tenía sentido.
Después de todo… era Bruno.
Apreté los puños.
—No —susurré—. No puede ser por él.
Pero mi cuerpo no mentía.
Algo en esa conversación había sido suficiente para estabilizarme.
Y eso…
me asustaba más que cualquier otra cosa.
Me puse de pie con esfuerzo y entré a la cabaña.
El silencio me envolvió de inmediato.
Demasiado silencio.
—Tengo que irme de aquí —pensé.
Las respuestas que necesitaba… no estaban en esta manada.
Nunca lo estuvieron.
Mi mirada recorrió el lugar, deteniéndose en los pocos objetos que aún conservaba de mis padres.
—Si hay alguien que sabe la verdad…
susurré, tomando entre mis manos uno de ellos
—es él.
Mi tío Paolo.
Y al parecer nadie quería que lo encontrara…
entonces estaba en el camino correcto.
y el Ysacc anda entre las 2😡😡😡
de seguir al malvado de su padre y se ponga los pantalones por ella
sobre todo la perra de la amiga que es igual a Carol