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MI EX ES MI SOBRINO

MI EX ES MI SOBRINO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:18.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Liam la cambió por dinero; ahora tendrá que inclinar la cabeza ante ella si quiere conservarlo. La venganza perfecta ha comenzado.

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capitulo 23

La mansión Blackwood se rige por un reloj invisible. A las seis de la mañana, los pasillos ya exudan ese silencio encerado y costoso que solo los ejércitos de sirvientes invisibles pueden lograr. Me desperté antes de que el sol lograra perforar la bruma de Nueva York, sintiendo el calor sólido de Alexander a mi espalda. Su brazo derecho cruzaba mi cintura, su mano descansando sobre mi vientre con una posesión que, incluso en el sueño, dictaba quién era el dueño de ese espacio.

Me quedé inmóvil, disfrutando de la fricción de las sábanas de seda negra contra mi piel. La jerarquía ya no era un concepto; era una soga que yo apretaba cada mañana con un guante de seda.

Sentí a Alexander despertar. No hubo bostezos ni transiciones lentas. Simplemente, su respiración cambió y su mano se cerró con más firmeza sobre mí. Sus labios buscaron el hueco entre mi hombro y mi cuello, dejando un rastro de calor que me hizo arquear la espalda.

—¿En qué piensas, Matriarca? —murmuró, su voz cargada de esa gravilla matutina que siempre lograba desarmarme.

—En el té de las cinco —respondí, girándome en sus brazos para quedar frente a él—. Liam ha solicitado una audiencia privada para discutir su "asignación de bienestar". Dice que Elena no puede mantener los estándares de la familia con lo que le he dejado.

Alexander sonrió, una curva cruel y hermosa. Me tomó de la nuca, sus dedos enredándose en mi cabello desordenado, y me atrajo hacia un beso que sabía a café amargo y a una complicidad oscura. Sus manos recorrieron mi cuerpo con una urgencia que no pedía permiso, recordándome que, fuera de los protocolos, yo era su único vicio. La sensualidad con él nunca era una distracción; era el combustible que necesitábamos para salir ahí fuera y seguir siendo de hielo.

—No le des ni un centavo más —susurró contra mi boca—. Haz que entienda que en esta casa, el bienestar se gana con obediencia, no con quejas.

A las cinco en punto, el salón acristalado estaba listo. El aroma del Earl Grey flotaba en el aire, mezclado con el olor de los lirios blancos. Me senté en el sillón individual de respaldo alto, cruzando las piernas con una elegancia que me había costado meses de práctica frente al espejo. Llevaba un vestido de punto de seda color carbón, tan ajustado que parecía una segunda piel, pero lo suficientemente sobrio como para no dar pie a réplicas.

Liam entró poco después. Elena no estaba con él; yo había prohibido su presencia en las reuniones "administrativas". Él se veía demacrado. El brillo de heredero se le estaba apagando, reemplazado por la mirada de un hombre que empieza a contar los días para que llegue el siguiente cheque.

Se detuvo frente a mí y, tras una vacilación que me produjo un placer casi físico, hizo la reverencia.

—Tía Luna. Gracias por recibirme.

—Siéntate, Liam —dije, señalando la silla frente a la mesa de servicio. No le serví el té. Dejé que lo hiciera él mismo, una pequeña transgresión del protocolo que lo obligaba a reconocer su estatus inferior—. He leído tu exposición de motivos. Hablas de "gastos de representación indispensables".

—Elena tiene compromisos sociales, Luna... perdón, Tía Luna —corregió rápido al ver que Alexander entraba en la sala y se apoyaba en el marco de la puerta, observando en silencio—. No podemos asistir a la gala de los Van der Bilt con un vestido que ya ha sido fotografiado. La prensa nos destrozaría.

Tomé un sorbo de té, dejando que el silencio se prolongara hasta que Liam empezó a removerse en su asiento.

—La prensa —repetí, dejando la taza de porcelana sobre el plato con un clic metálico—. La prensa es voluble, Liam. Hoy se ríen de un vestido repetido; mañana se ríen de un hombre que no puede pagar sus propias deudas de juego. He descubierto que has intentado liquidar una póliza de seguro de la empresa para cubrir tus "necesidades". Eso, en términos legales, se llama fraude.

Liam palideció. Miró de reojo a Alexander, buscando una brizna de piedad que sabía que no encontraría.

—Fue un error administrativo —balbuceó—. Yo solo...

—Fue un insulto a esta familia —corté, mi voz bajando un octavo de tono—. Como castigo, he decidido que a partir de mañana, Elena y tú os trasladaréis a la casa de invitados del ala norte. El mantenimiento de vuestra suite actual es demasiado costoso para los beneficios que aportáis.

—¡Es el ala de los sirvientes retirados! —explotó él, levantándose bruscamente.

Alexander dio un paso hacia delante, su presencia llenando la habitación como una tormenta inminente. Liam se encogió al instante.

—Es el ala que tu tía ha decidido —sentenció Alexander—. Si no te gusta el alojamiento gratuito, siempre puedes probar suerte en el mercado inmobiliario de Manhattan. Aunque dudo que acepten "promesas de herencia" como pago de alquiler.

Liam se dejó caer de nuevo en la silla, con los ojos fijos en la alfombra. Estaba roto. Y yo apenas estaba calentando.

Más tarde, mientras Alexander atendía una llamada internacional en su despacho, decidí caminar por la galería de retratos. El aire acondicionado mantenía la temperatura perfecta, pero yo sentía una inquietud que no podía explicar. Fue entonces cuando escuché sus pasos.

Liam me había seguido. Estaba solo, sin su máscara de subordinado, luciendo como el chico que una vez me juró que conquistaríamos el mundo desde nuestra pequeña habitación en el orfanato.

—¿Por qué me haces esto, Luna? —preguntó, su voz resonando en la galería—. Sé que te dolió lo que hice. Pero esto es cruel. Nos amábamos. ¿Dónde quedó esa chica que me esperaba despierta por las noches?

Me detuve frente a un retrato de un antepasado Blackwood que parecía juzgarnos a ambos. Me giré lentamente. La luz de las lámparas de pared acentuaba los ángulos de mi rostro, dándome una apariencia casi escultural.

—Esa chica se murió de hambre mientras tú brindabas con Elena en los Hamptons —respondí, mi voz fluyendo como seda fría—. No me hables de amor, Liam. El amor es una transacción que tú cancelaste por un apellido y un fideicomiso.

Él se acercó, invadiendo mi espacio personal. Sus manos buscaron mis hombros con una desesperación que me hizo vibrar de una manera extraña; no era afecto, era el eco de un trauma que se negaba a desaparecer por completo. Sus dedos se hundieron en la tela de mi vestido, y por un segundo, vi en sus ojos un hambre que no era financiera.

—No me mientas —susurró, su rostro a centímetros del mío—. Cada vez que me obligas a pedirte permiso, cada vez que me miras con ese desprecio... es porque todavía te importa. Quieres que me arrastre porque todavía eres mía en algún lugar de tu mente.

Lo dejé acercarse más. Pude oler su perfume, el mismo que yo le regalé en nuestro primer aniversario con el dinero que ahorré limpiando oficinas. Mi mano subió por su pecho, rozando la seda de su corbata, y por un instante vi una chispa de esperanza en su mirada. Era patético.

—Cuidado, Liam —dije, bajando la voz hasta que fue un suspiro letal—. Estás olvidando quién soy. Ya no soy tu refugio. Soy tu juez. Y si vuelves a tocarme, le diré a Alexander que has intentado propasarte. ¿Crees que sobrevivirás a una noche fuera de esta casa sin un solo dólar en el bolsillo?

Liam retrocedió como si le hubiera dado un latigazo. Sus manos temblaban.

—Eres un monstruo —masculló.

—No, querido —sonreí, una sonrisa que no llegaba a mis ojos—. Soy una Blackwood. Y tú eres simplemente alguien que tiene suerte de llevar nuestro apellido. Vuelve a tu habitación. Tienes formularios de gastos que rellenar para mañana.

Cuando regresé a nuestra suite, Alexander me estaba esperando. Estaba sentado en el sillón de cuero, con un vaso de whisky en la mano y la camisa desabrochada. Sus ojos me recorrieron, detectando el ligero cambio en mi aura.

—Ha vuelto a intentarlo, ¿verdad? —preguntó, no con celos, sino con la curiosidad de quien observa a un insecto bajo el microscopio.

—Ha intentado invocar el pasado —respondí, sentándome en su regazo, dejando que el aroma a sándalo y tabaco me envolviera—. Cree que puede negociar con mis sentimientos.

Alexander dejó el vaso en la mesa supletoria y rodeó mi cintura con sus brazos, apretándome contra él. Sus manos bajaron por mis muslos, deshaciendo la pulcritud de mi vestido con una destreza que siempre me hacía perder la noción de la jerarquía.

—Déjalo que lo intente —murmuró Alexander contra mi cuello, su lengua dejando un rastro de fuego en mi piel—. Cuanto más intente recuperarte, más fácil será para ti destruirlo. Pero ahora mismo... quiero que te olvides de que él existe.

La sensualidad de esa noche fue un acto de exorcismo. Alexander me reclamó con una intensidad que era tanto física como psicológica, recordándome que él era el único que podía manejar la oscuridad que yo llevaba dentro. Sus manos marcaron mi piel con una urgencia que me hacía sentir viva, poderosa y, por primera vez, completamente en control de mi propio placer.

Mientras me hundía en su abrazo, escuchando el latido constante de su corazón, . Liam estaba perdiendo la cabeza, atrapado en un laberinto de protocolos y recuerdos. Y yo... yo estaba floreciendo en el frío, protegida por el hombre que me había dado las herramientas para convertir mi dolor en un imperio.

 el sonido del viento azotando los cristales, un recordatorio de que el mundo exterior era implacable. Pero aquí dentro, bajo la ley de los Blackwood, la única justicia que importaba era la nuestra. Y Liam Vanderbilt estaba a punto de descubrir que el ayuno del alma era mucho más doloroso que el hambre física.

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Stella Maris Cutuli
Me resulta demasiada venganza y crueldad 😱
Gloria
Tampoco lo encuentro muy necesario, lo que pasa es que ella está dolida por que cuando el no era nadie, ella estuvo hay pasando las verdes y las maduras con el y ahora que el tiene dinero simplemente la desecha como trapo viejo, jajaja 🤣 nosotros no podemos obligar a una persona a quedarse a nuestro lado independientemente si hizo una promesa o no , hoy en día esas promesas son las que más fácil se rompen
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
EXCELENTE.
Stella Maris Cutuli
Cada capítulo más interesante y cuánto tardarán Luna y Alexander en prenderse fuego ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥
Stella Maris Cutuli
muy buen comienzo👍👍
Mirla Loyo
me parece ésta venganza bastante absurda 🤷
Mirla Loyo
qué tíos tan fogosos ❤️‍🔥❤️‍🔥 🥵🫠🤣🤣🤣
Mirla Loyo
me parece absurdo ésta venganza...y como está éso de porqué yo?🤷...si ella fué quién lo buscó y le hizo la propuesta?🤦‍♀️
Crismely Vasquez
se enamoró del tío 🤣🤣🤣🤣🤣
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