Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.
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Capítulo 15: Una promesa peligrosa
El silencio dentro de la oficina de la madre de Adrián se volvió pesado.
La fotografía seguía sobre el escritorio.
La madre de Camila.
La madre de Adrián.
Y en el fondo, aquella figura que nadie había notado antes.
Camila sentía que cada nueva pista abría más preguntas.
—Entonces ese hombre estuvo allí el día del accidente —dijo finalmente.
Adrián permanecía de pie frente a la ventana.
La luz de la luna iluminaba parcialmente su rostro.
—Sí.
Camila cruzó los brazos.
—¿Y nunca lo mencionaron en la investigación?
Sebastián negó lentamente.
—Nunca apareció en los informes oficiales.
Lucas caminó alrededor del escritorio observando los documentos antiguos.
—Eso significa que alguien lo eliminó de la historia.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Pero por qué?
Adrián respondió con calma.
—Porque ese hombre sabe algo que no debía saberse.
El silencio volvió a caer en la habitación.
Camila volvió a mirar la fotografía.
La sonrisa tranquila de su madre ahora parecía diferente.
Más misteriosa.
—¿Quién es exactamente ese hombre? —preguntó.
Adrián respiró profundamente.
—Se llama Daniel Rivas.
Sebastián levantó la mirada.
—Uno de los socios más cercanos de papá en esa época.
Camila frunció el ceño.
—¿Y qué pasó con él después del accidente?
Adrián respondió con voz baja.
—Desapareció.
Camila parpadeó.
—¿Desapareció?
Lucas soltó una pequeña risa.
—Literalmente.
Camila lo miró.
—¿Qué quieres decir?
Lucas apoyó una mano sobre el respaldo de la silla.
—Nadie volvió a verlo después de ese día.
Camila sintió que el corazón le latía con más fuerza.
—Entonces ese hombre podría saber exactamente lo que ocurrió.
Adrián habló con calma.
—Si sigue vivo.
El silencio volvió a llenar la oficina.
Camila bajó la mirada hacia el escritorio.
—Esto se vuelve más complicado cada minuto.
Sebastián suspiró.
—Y más peligroso.
Camila levantó la cabeza.
—Entonces tenemos que encontrarlo.
Adrián la miró.
—No es tan fácil.
—Pero es la única forma de saber la verdad.
Lucas cruzó los brazos.
—Eso también podría ser exactamente lo que alguien quiere.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Lucas respondió con calma.
—Tal vez alguien quiere que busquemos a Rivas.
Sebastián levantó una ceja.
—¿Para qué?
Lucas respondió con una sonrisa leve.
—Para guiarnos directamente hacia una trampa.
El silencio volvió a caer.
Camila pensó en todo lo que había pasado desde que llegó a esa casa.
Las noticias.
Los documentos.
Las fotografías.
Cada pista parecía aparecer justo en el momento preciso.
—Alguien está jugando con nosotros —murmuró.
Adrián respondió con voz baja.
—Sí.
Camila lo miró.
—¿Y vamos a dejar que gane?
Adrián sostuvo su mirada durante varios segundos.
Luego habló con firmeza.
—No.
Camila respiró profundo.
—Entonces tenemos que seguir investigando.
Sebastián levantó las manos ligeramente.
—Eso significa meternos más en este problema.
Camila respondió sin dudar.
—Ya estamos dentro.
Lucas la observó con curiosidad.
—Definitivamente no eres lo que esperaba.
Camila levantó una ceja.
—¿Eso es bueno o malo?
Lucas sonrió.
—Todavía no lo sé.
El silencio se prolongó unos segundos más.
Luego Adrián tomó la fotografía del escritorio.
La observó con atención.
—Mi madre escribió “confía” en la parte trasera.
Camila lo miró.
—Tal vez confiaba en la persona que tomó la foto.
Sebastián negó.
—O tal vez confiaba en la persona que estaba con ella ese día.
Camila frunció el ceño.
—Mi madre.
Adrián habló lentamente.
—Eso significaría que nuestras madres estaban trabajando juntas.
Lucas inclinó ligeramente la cabeza.
—Y eso cambia todo.
Camila sintió un nudo en el estómago.
—Entonces este caso no solo involucra empresas.
Adrián terminó la frase.
—Involucra a nuestras familias.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Camila se acercó a la ventana.
La mansión estaba tranquila desde afuera.
Pero ahora todo parecía diferente.
Más oscuro.
Más incierto.
—Hay algo que no entiendo —dijo.
Adrián levantó la mirada.
—¿Qué?
—Si nuestras madres estaban trabajando juntas…
Camila frunció el ceño.
—¿Por qué nadie lo mencionó antes?
Sebastián respondió con calma.
—Porque alguien se encargó de borrar esa parte de la historia.
Lucas añadió:
—Y esa persona sigue moviendo las piezas.
Camila volvió a mirar la fotografía.
—Entonces alguien sabía lo que estaba pasando desde el principio.
Adrián habló con voz firme.
—Sí.
Camila respiró profundo.
—Entonces voy a hacer algo.
Adrián la miró con curiosidad.
—¿Qué?
Camila lo observó fijamente.
—Voy a descubrir la verdad sobre nuestras madres.
El silencio cayó en la habitación.
Sebastián cruzó los brazos.
—Eso suena como una promesa peligrosa.
Camila no apartó la mirada de Adrián.
—Tal vez lo sea.
Adrián habló con voz baja.
—Este asunto puede destruir a cualquiera que se acerque demasiado.
Camila respondió con determinación.
—Ya lo está intentando.
Lucas soltó una pequeña risa.
—Me gusta tu valentía.
Camila frunció el ceño.
—No es valentía.
—¿Entonces qué es?
Camila respondió con calma.
—Necesidad.
El silencio volvió a caer.
Adrián observó la fotografía durante unos segundos más.
Luego habló.
—Si vamos a encontrar a Rivas…
Camila lo miró.
—¿Sí?
—Tendremos que ir a donde todo comenzó.
Sebastián frunció el ceño.
—¿A la empresa antigua?
Adrián negó.
—No.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Entonces ¿a dónde?
Adrián respondió lentamente.
—Al lugar donde fue tomada esta fotografía.
El silencio fue inmediato.
Camila miró la imagen otra vez.
El edificio antiguo en el fondo parecía aún más misterioso ahora.
—¿Sabes dónde está?
Adrián guardó silencio unos segundos.
Luego respondió.
—Sí.
Camila sintió una mezcla de emoción y miedo.
—Entonces deberíamos ir mañana.
Sebastián negó inmediatamente.
—Eso es demasiado arriesgado.
Lucas sonrió.
—Por eso será interesante.
Camila miró a Adrián.
—¿Qué dices?
Adrián la observó durante unos segundos.
Luego habló con voz firme.
—Vamos.
El silencio se rompió.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Entonces mañana encontraremos respuestas.
Adrián negó lentamente.
—O más preguntas.
Lucas caminó hacia la puerta de la oficina.
—De cualquier forma… el juego se vuelve más interesante.
Camila volvió a mirar la fotografía.
El edificio.
Las dos mujeres.
La palabra “confía.”
—Voy a descubrir qué pasó ese día —murmuró.
Adrián la escuchó.
—Eso podría cambiar todo.
Camila levantó la mirada.
—Lo sé.
El silencio volvió a caer.
Pero en ese momento, el teléfono de Adrián vibró.
Lo sacó del bolsillo.
Leyó el mensaje.
Y su expresión cambió por completo.
Sebastián lo notó.
—¿Qué pasó?
Adrián levantó la mirada lentamente.
—Tenemos un problema.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué tipo de problema?
Adrián habló con voz baja.
—Alguien acaba de publicar la dirección del edificio.
El silencio fue absoluto.
Camila sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.
—¿Qué significa eso?
Adrián respondió con una frase que hizo que la situación se volviera mucho más peligrosa.
—Significa que no somos los únicos que van a ir allí mañana.