📖 Sinopsis
Emma es una chica que siempre ha preferido el silencio. Desde niña, su timidez la mantuvo oculta tras las páginas de sus libros y las escenas de sus series románticas favoritas. Solo una vez fue valiente: cuando entregó una nota de papel preguntando: "¿Quieres ser mi novio?". Recibió un "Sí" de vuelta, pero el destino le arrebató ese amor el mismo día cuando sus padres la cambiaron de escuela sin previo aviso.
Años después, Emma trabaja en una fábrica de zapatos, atrapada en una rutina de cuero, máquinas y soledad, refugiándose en una cuenta de Instagram anónima donde escribe sus penas. Pero su mundo de cristal está a punto de romperse cuando recibe una notificación en su cuenta personal: “Hola, ¿tú eres Emma Rodríguez?”.
¿Es posible que el niño de la nota nunca la haya olvidado? ¿Podrá Emma superar su timidez antes de que el pasado se le escape de las manos otra vez?
NovelToon tiene autorización de rosse 345 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 16: Confesiones y verdades a flor de piel
La videollamada fluyó con una naturalidad que me asustaba. Julián hablaba de su vida con una sinceridad que desarmaba mis defensas, y yo, poco a poco, fui soltando los nudos que apretaban mi garganta. Pero hubo un momento en que la conversación se volvió más densa, más real. Me preguntó por mis padres, y el silencio que siguió fue el más pesado de mi vida.
—Mis padres... —empecé, bajando la mirada hacia mis manos—. Fallecieron en un accidente de tránsito hace unos años. Me quedé con mi abuela, ella fue mi pilar, pero lastimosamente ella también se fue.
Sentí un pinchazo en el pecho, ese vacío que nunca termina de llenarse.
—Como ya era lo suficientemente adulta, me quedé sola en la casa —continué, tratando de que mi voz no temblara—. Empecé a trabajar en la fábrica para poder mantenerme, para cuidar lo poco que nos quedaba. He tenido que salir adelante sola, Julián.
En la pantalla, vi cómo la expresión de Julián cambiaba. Su mirada se llenó de una empatía profunda, de esas que duelen.
—Emma... —susurró, y por un momento pareció que quería atravesar el cristal del teléfono—. Si te tuviera enfrente ahora mismo, te daría un abrazo tan fuerte que no te soltaría en horas. Debe ser muy duro cargar con todo eso tú sola. Eres mucho más valiente de lo que crees.
Sus palabras fueron como un bálsamo. Pero había una duda que me carcomía por dentro, una pregunta que necesitaba soltar para saber dónde estaba pisando.
—¿Y tú? —pregunté, armándome de valor—. En estos trece años... ¿has salido con alguien?
Julián soltó una risa suave, algo melancólica, y se pasó una mano por el cabello.
—Sí, salí con varias chicas. Incluso me casé —confesó, y sentí un vuelco en el estómago—. Pero no funcionó. Nos divorciamos hace tiempo. La verdad es que... nunca dejé de pensar en mi princesa. Por eso ninguna de esas relaciones funcionaba del todo; siempre había una sombra, un recuerdo que no me dejaba entregarme.
Me quedé sin aliento. ¿Yo había estado presente en su mente mientras él vivía su vida de éxito?
—Pasé años buscándote en todas las redes sociales —continuó él, con los ojos fijos en los míos—. Me preguntaba dónde estarías, si te habrías olvidado de mí. Hasta que un día, Instagram me lanzó una sugerencia. De repente vi tu foto de perfil. Era lo único que podía ver porque tu cuenta era privada, pero me dije: "Es ella. No ha cambiado esa carita tan bella".
Al escucharlo decir eso, sentí que la cara me ardía. El calor subió por mi cuello hasta las orejas; estaba segura de que parecía un tomate maduro. Intenté esconder el rostro entre mis manos, sin saber dónde meterme de la vergüenza y la emoción.
Julián soltó una carcajada limpia y contagiosa al ver mi reacción a través de la cámara.
—Te ves hermosa con tu carita roja, Emma —dijo con una ternura que me hizo querer llorar y sonreír al mismo tiempo—. No te escondas de mí. Me ha tomado trece años volver a ver ese color en tus mejillas.