Damon despierta como Edward un vampiro débil y frágil, pisoteado por todos, el siendo mafioso más temido y el más Sádico, les demostrará quien manda.
Bill un vampiro violento y agresivo qué es manipulado por su amada Roselia pero ella solo lo ve como marioneta, hasta que un encuentro con Edward lo cambia todo.
¿Cual será el destino de ambos?
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La Noche Especial De La Luna Roja.
~En el palacio~
Las Sirvientas del palacio corren por todo lados, ya que hoy es donde la luna y el sol se unen en uno solo, momento sagrado para los seres de la oscuridad y una maldición para los humanos.
Cuando la Luna se ponga tan roja como la sangre, Demonios, Vampiros, dragones y monstruos deformes comienzan con la caza de sus presas, esta es la noche donde la tierra de los humanos se manche con su sangre, muchos de ellos qué sirven a la iglesia pelean con su poder divino, pero son inútiles, pero solo logran eliminar a unos cuantos seres.
Finalmente en el palacio se festeja un baile en el palacio, hasta que el Vocero hace el anuncio de los vampiros más importantes.
-¡Con ustedes, su majestad, El emperador Bill y la Emperatriz Roselia, soberanos de estas tierras y la oscuridad!.
Todos se inclinan ante ellos, pero la mayoría un poco sorprendido, normalmente el emperador solía usar trajes muy sencillos y La emperatriz era siempre la única quien llamaba la atención por su belleza junto a su hermano, el príncipe convirtiendo a Bill en una sombra, pero esta ocasión es diferente.
"Ya viste, nunca he visto al emperador tan atractivo"
"Cierto, ahora que lo veo, es mucho más guapo que el príncipe Blade"
"Pero, que pasa con la Emperatriz, vino con un vestido tan sencillo, más parece una doncella, que una soberana"
"A su majestad, La emperatriz no conoce nada de la moda"
Roselia aprieta los puños sobre su vestido por los comentarios, no entiende por qué últimamente el emperador actúa diferente, ella debería llamar la atención y ser elogiada y su esposo debería recibir las críticas, pero ahora todo es lo contrario.
Ya cuando toman asiento en sus respectivos tronos, Roselia le expresa su descontento para que su esposo se sienta mal durante toda la fiesta.
-Bill, sabes que no me gustan esos trajes tan elegantes, me recuerdan a las personas que en el pasado me hicieron mucho sano, acaso no te importa mis sentimientos, — Muestra una expresión de profunda tristeza con ganas de llorar. — Por qué estás siendo tan cruel y egoísta.
Con eso Bill se siente un poco culpable apuntó de disculparse, justo como quería la emperatriz, pero Edward se acerca con una sonrisa sínica y una copa de vino en sus manos.
-Vaya emperatriz, no sabía que por su ego herido insultaría al propio emperador, en mi opinión la única egoísta que veo es usted.
—¡Cómo te atreves, Tú!.. ¡Ser maligno estás corrompiendo al emperador y llevándolo por un mal camino! — Grita la Emperatriz, pero se detiene en seco cuando nota que todos la miran. — Yo solo quería que su Majestad mostrará su humildad y no sea tan presumido para ganarse el amor de sus súbditos.
Está vez la emperatriz suelta un par de lágrimas cubriéndose su rostro con las manos para así ganarse la compasión de todos, pero en seguida Edward suelta una risa dejándola sorprendida con un mal presentimiento.
-Su Majestad, la emperatriz ¿De qué está hablando?, ¿Humildad?, quien cree que somos, ¿Unos Santos?, somos vampiros y quiere que tengamos la humildad y la bondad al igual que los humanos, acaso no respeta La Luna Roja.
- Yo no quise decir eso...
-Baya hipocresía la suya Majestad, critica al emperador por un simple traje, pero olvida que usted a diario se pasea por todo el palacio con exceso de joyas y pomposos vestidos, no es infantil hacer este reclamo por resentimiento a no ser el centro de atención esta vez.
Todos critican a la emperatriz afirmando y dándole la razón a Edward y Roselia ya no tenía más argumento para defenderse así que dirige su mirada al emperador pidiendo ayuda, pero este solo la mira con un poco de decepción y de hecho recién se da cuenta de esos pequeños detalles que antes no se dio cuenta.
Roselia trata de salir del lugar corriendo por no aguantar las miradas y la crítica de los nobles, Pero Edward lo detiene sujetándole de los brazos con un poco de fuerza que nadie noto.
-¡Emperatriz!, abandonar el salón ahora mismo, poco antes de la Luna Roja es un insulto a nuestra raza, si sale de aquí seré despreciada por los súbditos. —Habla Edward con una sonrisa.
- Majestad Bill, por favor... —Expresa Roselia con lágrimas mirando a su esposo.
Pero Bill solo desvía la mirada y le ordena que tome asiento en su trono, ya que Edward tiene razón, si desaparece ahora se ganará el descontento de todos.