Solo había amado una vez en la vida, solo a ella, y después de mucho tiempo lo descubrí, verlos juntos causó en mi desesperación y debo ganar esta lucha.
Debo ganar su amor.
NovelToon tiene autorización de Vicky Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cap 2
Mi historia comenzó con un giro. Un giro del destino a causa del desamor.
Me casé joven; no estaba enamorada de él, pero el error de esa noche nos hizo tomar decisiones a contrarreloj. No era pura, sé que él tampoco lo era —vamos, un hombre de su edad—, sin embargo, las decisiones tenían consecuencias y la mía comenzaba a crecer en mi vientre.
—Mamá, papá, me voy a casar con Mark —anuncié frente a mis padres mientras mis hermanos escuchaban mis palabras.
—¿Qué quieres decir con que con Mark? ¿No estabas con ese muchacho, el tal Cristopher? ¿Y ellos dos no son amigos? ¿Qué significa esto, Veronica? —el disgusto de mis padres era notable, pero no tenía de otra.
—Por favor, no me hagan más preguntas, ya tomamos la decisión —zanjé.
—Dinos la verdad, ¿ese hombre te deshonró? —mi hermano estaba de pie, todo un protector.
—Por favor, solo es mi decisión. Mark se lo dijo a sus padres y dijeron que sí.
—Entonces será algo religioso —fue lo que terminaron diciendo. Al parecer nada les importaba más que eso: la religión y que su hija saliera de casa como una señorita. Si supieran que dentro de mí crece lo que causó esta decisión acelerada...
Sé que la era cavernícola había pasado hacía muchos años, pero mi familia era una muy conservadora. Y yo sabía que, si no tomaba esta decisión, me condenaba a estar lejos de ellos para siempre.
Todo se había ido al traste por él. Yo me había enamorado como loca de Cristopher, pero él eligió el estatus familiar sobre el supuesto amor que me tenía. Mis padres me habían interrogado por días sobre qué había pasado con él, por qué salía en las noticias, quién era él en realidad... Yo, por mi parte, guardaba silencio; me ahogaba en mi dolor, ya no soportaba ver un anuncio más del flamante compromiso. Quería desaparecer, olvidarlo todo.
Y Mark decidió hacerme compañía. Lo sé, fue un error desde el comienzo. Debí haber tenido cuidado, no haberme dejado llevar y escuchar a mi razón; pero vamos, tenía el corazón herido y la razón para muy poco me sirvió.
Mark ha sido un amor, un amigo incondicional. Ha tratado de que nuestra relación sea amena, una familia de cuatro, felices ante todos. Cuando lo veo jugar con mis pequeños ángeles, mi corazón se estruja; sé que él habría querido otra vida, sé que no estaría casado, atado a mí, condenado a vivir sin amor.
Nos habíamos planteado infinidad de cosas. Cuando nos enteramos del embarazo, la primera opción que tuvimos fue interrumpirlo. Vamos, yo no lo amaba y era más que obvio que él a mí tampoco. Primero habíamos planeado que yo me iría a estudiar lejos; así yo interrumpiría el embarazo mientras él me acompañaba en todo el proceso. Pero los días pasaban y ninguno de los dos fue capaz de dar el paso. Y cuando por fin nos arriesgamos, nos llevamos una sorpresa: eran dos.
Mi corazón comenzó a latir de forma frenética. «Debemos casarnos», fueron sus palabras. Sé que el shock lo hizo decir estupideces.
Cuando tenía tres meses, decidimos decir la verdad: que nos casaríamos y que nos iríamos fuera de la ciudad. A mis padres no les agradó la idea; decían que tener un embarazo no era sencillo, y más si estábamos lejos. Fue una odisea convencerlos, pero los padres de Mark fueron quienes dieron el paso.
«Dejen que los muchachos hagan sus vidas. Nosotros les proporcionaremos una vivienda, una casa para que vivan allí mientras estudian, y tú, querida, cuida mucho a mi nieto», esas fueron las palabras de los padres de Mark.
No les habíamos dicho que eran dos, solo él y yo lo sabíamos, y queríamos conservar ese secreto. Habíamos planeado darlas en adopción y mentir, decir que habían fallecido y que, por la pérdida, él y yo nos divorciaríamos. Habíamos pensado tantas cosas, habíamos planeado nuestras vidas desde el miedo, desde el temor. Pero la vida nos abrió los ojos de formas inesperadas.
Estamos enamorados... enamorados de nuestras niñas. Ellas eran un motor para los dos. Habíamos aprendido a vivir así: juntos, pero no revueltos. Desde aquella noche donde los dos perdimos el control, Mark y yo hicimos como si no hubiese pasado nada, y así hemos vivido hasta ahora.
Sé que él tiene amantes; pueden ser una o varias, la verdad jamás he ahondado en ese tema. Pero sé que ama a nuestras niñas, considera que su familia es muy importante y no nos dejará. Él esperará a que sus ángeles sean mayores para intentarlo con otra mujer. Yo, por mi parte, no deseo amar a nadie; ya tengo todo lo que deseo: mi esposo y mis hijas, un hogar bello, una familia amorosa, mis padres y mis suegros. El amor no está en mi radar, tengo mucho por lo que vivir y luchar, y nadie llegará a desestabilizar mi vida.
Pero no todo es color de rosa. Hoy me encontré con él, frente a frente, después de ocho años. Mi corazón se aceleró y no sabía si era por amor o por miedo. Miedo de ver sus ojos posados en mis hijas; miedo de ver la ira en su mirada al mirar a Mark; miedo de que las cosas se salieran de control.
Mark sujetó mi mano mientras caminábamos de regreso a nuestra habitación.
—¿Cómo te sientes? —su rostro estaba inexpresivo, pero sabía que estaba preocupado—. No debo aceptar esta propuesta. Regresemos a casa.
—No, no nos iremos, Mark. Estoy bien, él no importa, solo nosotros —lo último salió de mis labios y no sé por qué dije algo así, no había un "nosotros"—. Las niñas están contentas, mañana visitaremos a mis padres y verás que vas a tener valiosas oportunidades de esta reunión. Ahora no las hagamos esperar, ¿te parece? —besé su mejilla. Era algo que hacía cuando quería darle ánimos, pero su cuerpo se tensó con mi beso.
Lo cierto era que Mark y yo habíamos logrado mucho en estos años. Mis suegros no eran ricos, pero tenían influencias sociales; eran recatados pero influyentes. Lograron posicionar la empresa de Mark y yo creé la mía en muy poco tiempo. Ahora estábamos aquí de regreso porque habíamos ganado un concurso. Pero no sabía si era una trampa o si de verdad éramos favorecidos.