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ÁMAME SIN MEDIDA.

ÁMAME SIN MEDIDA.

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Reencuentro / Triángulo amoroso / Romance
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna stars

Dicen que la venganza sabe dulce al principio, pero que termina dejando un sabor amargo que ni el tiempo puede borrar.
Ella lo creyó culpable de su dolor y dedicó cada latido, cada suspiro, a destruirlo. Pero lo que no imaginó era que al herirlo, también desgarraba el corazón de un hombre que solo deseaba amarla incondicionalmente.
Él, marcado por las sombras de un error que nunca cometió, vio cómo el que creía el amor de su vida se le escapaba de las manos sin poder hacer nada, roto antes de poder florecer.
Pero entonces apareció ella, luminosa, inesperada, distinta. Ella que con su sola presencia lo sacaba de su zona de confort, irritandolo a cada momento. Sin embargo, con una sonrisa era capaz de desarmar a cualquiera provocando que su corazón temblara sin medida.
El destino ya había trazado un camino, pero la venganza lo torció… Ahora, se trazaba uno nuevo en el cual ninguno de los dos estaba dispuesto a perder.

NovelToon tiene autorización de Luna stars para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¡Visita inesperada!

Durante tres años, Maximiliano había vivido engañado, atrapado en una red de mentiras que lo habían consumido poco a poco. Había ignorado señales, callado verdades y confiado en las personas equivocadas. Y ahora, cuando por fin tenía la oportunidad de rehacer su vida, lo único que lo atormentaba era la duda.

“¿Qué habría pasado si todo lo hubiese sabido antes?” Quizá nada habría cambiado… o quizá habría perdido algo aún más valioso. Lo único que tenía claro era que esta vez sería diferente, y esta vez no dejaría nada al azar.

— Quiero que pongas en venta la mansión. — Dijo al fin, rompiendo el silencio. — Todo lo que esté allí puedes donarlo. No necesito nada de ese lugar.

Steffan lo observó con sorpresa, pero asintió sin cuestionarlo.

— ¿Y los empleados? — Inquirió con precaución.

— Dales una bonificación satisfactoria y una recomendación para que puedan encontrar un nuevo empleo. — Respondió con voz firme. — Que ninguno se quede sin un techo por mi decisión.

— De acuerdo. ¿Y tú… qué harás ahora? — Pregunto después de tomar nota mental de todo.

Maximiliano sonrió levemente, aunque su mirada seguía siendo fría.

— Por ahora necesito recuperarme. No se puede enviar a un soldado herido de nuevo a la batalla.

Steffan lo miró en silencio. Sabía que su jefe no se refería solo a una batalla física. Lo que le aguardaba era mucho más que eso. Pero aún así, necesitaba informarle sobre lo que circulaba en las noticias.

— Hay algo más. — Maximiliano lo observó, por lo que continuó. — Está circulando la noticia de que Sofía fue la causante de tu divorcio, debido a eso tu padre no dudó en atacar.

— Bien, yo me encargaré de eso.

Steffan asintió y se retiró dejando a Maximiliano solo. Este observaba el reflejo del atardecer sobre el cristal, y mientras lo hacía una idea atravesó su mente.  “Para sanar, a veces hay que perderlo todo.”  Y él ya lo había hecho, ahora solo le quedaba reconstruirse. Pero está vez sería diferente.

Los días siguientes trató de mantener la calma, pero algo rondaba sin descanso en su mente. Las palabras de Alexander, la enfermera y Steffan. Pero había algo más; al principio creyó que eran sólo fragmentos confusos de un sueño, palabras distorsionadas que su mente intentaba reconstruir. Pero con el paso de los días, aquellas palabras comenzaron a volverse más reales.

Entonces lo comprendió; no era un sueño, esto era algo que había sucedido realmente. y esos  recuerdos lo persiguen con obstinación.

Se preguntaba cómo no lo había notado antes, cómo había podido ignorar lo que ocurría tan cerca de él. Quizás su arrogancia, su constante necesidad de controlarlo todo, lo habían cegado. Había estado tan enfocado en sus propios intereses que no se había permitido ver… ni sentir.

— ¿Te gustaría comer un poco de fruta? — Preguntó su madre al entrar a su oficina.

— Por su puesto, madre.

Luisa dejó el plato sobre la pequeña mesa mientras ella se acomodaba en el pequeño sofá. Maximiliano terminó y se fue a sentar junto a ella. Mientras lo hacía, su madre no apartaba la mirada de él.

— ¿Qué piensas hacer con respecto a Sofia? — Maximiliano casi se ahoga ante la pregunta de su madre.

— Mamá… ¿a qué te refieres? — Preguntó mientras se recuperaba.

— No es justo que esa pobre chica continúe desperdiciando su vida amando a un hombre para el cual siempre fue invisible.

— Ella no es invisible para mí, madre.

La señora Luisa sonrió con calidez ante las palabras pronunciadas por su hijo, lo que indicaba que él ya sabía la verdad.

— Espera… — preguntó Maximiliano al entender las palabras de su madre. — ¿Tu como sabes eso?

— Tengo mis métodos. Pero lo que más me interesa es saber desde cuando tú lo sabes. — Dijo mientras llevaba un trozo de fruta a su boca.

Dejó escapar un suspiro profundo y se puso de pie. Gracias a su madre había comprendido que lo que él pensaba si era real y no un invento de su mente. Por lo que lo que había tomado una decisión, solo esperaba no equivocarse de nuevo. Por primera vez en mucho tiempo, estaba dispuesto a arriesgarse de nuevo.

— ¿A dónde vas? — preguntó su madre con duda al ver el rostro de su hijo.

— Debo hacer algo importante, madre.

Maximiliano dejó un beso sobre la frente de su madre, y sin pensarlo más, salió de su apartamento. El trayecto hasta el edificio se le hizo corto, casi automático. Su paso era firme, su porte impecable, y aunque su mente era un torbellino, su exterior seguía proyectando la misma seguridad de siempre.

Apenas cruzó el umbral del edificio, todas las miradas se posaron en él. Era imposible no reconocer al gran Maximiliano Ferreira; un hombre poderoso, enigmático y temido por muchos. Algunos empleados lo observaban con admiración; otros, con evidente recelo. Entre tanto, los murmullos comenzaron a extenderse como un eco indeseable por los pasillos.

— Dicen que lo del escándalo fue cierto… — Susurró alguien.

— No creo que ella realmente fuera su amante ni la causa del divorcio… — Comentó otra voz.

— Pienso igual, tal vez todo fue una trampa para destruirla… — Replicó alguien más.

Maximiliano no escuchó más, o al menos, fingió no hacerlo. El peso de las miradas no lo detenía; su mente estaba fija en un solo propósito, lo demás podía esperar.

Cuando llegó al último piso, la secretaría de Sofía se levantó instintivamente, pero al reconocerlo no pronunció palabra. Simplemente asintió, dándole paso, como si supiera que era inútil detenerlo.

La puerta se abrió con un suave clic. Y en cuanto cruzó el umbral, el aroma de Sofía lo envolvió por completo. Aquel perfume sutil, floral y dulce, llenaba cada rincón de la oficina. Era inconfundible, como una marca invisible que ella había dejado en el aire.

Por un momento, Maximiliano se quedó quieto, observando el lugar. El escritorio impecable, los documentos perfectamente ordenados, las cortinas abiertas dejando entrar la luz del mediodía… Todo hablaba de ella.

 Y entonces la vio, su belleza irradiaba dentro del lugar. Su cabello suelto cayendo sobre su rostro mientras estaba concentrada en su computadora.

— Sofía… — Murmuró casi sin darse cuenta.

Su voz resonó débilmente en el silencio del despacho, como si el propio aire le respondiera.

Al instante de escucharlo, la respiración de Sofía se detuvo. No necesitaba levantar la mirada para verlo, porque sabía perfectamente de quién se trataba. Su corazón empezó a golpearle el pecho con fuerza, como si quisiera escapar.

Por una semana entera había evitado la tentación de ir a verlo, de buscar cualquier excusa para estar cerca de él. Pero ahora, el destino o quizás algo más cruel lo ponía otra vez frente a ella.

Intentó respirar profundamente para poder calmarse. No podía mostrar debilidad. Cerró los ojos, respiró profundo y se preparó para enfrentarlo… Pero antes de hacerlo, sintió un leve movimiento.

La silla se giró bruscamente, haciéndola sobresaltarse. Y allí estaba él; Maximiliano. Apoyado en los brazos de su silla, con una media sonrisa que mezclaba ironía y reproche, observándola con esa intensidad que le revolvía el alma.

— ¿Ahora te escondes como una pequeña ratoncita temerosa? — Preguntó con tono burlón, pero en su mirada había algo más… una mezcla de curiosidad y molestia

.Sofía apretó los labios y se obligó a mantener la compostura. ¿En qué momento llegó hasta allí? Eso no importaba, porque ahora mismo estaba siendo acorralada.

— ¿Qué haces aquí, Maximiliano? — Preguntó fría, cruzando los brazos, aunque su cuerpo entero temblaba por dentro.

— Digamos que… vine a investigar algo. — Respondió él, acercándose un poco más. — Me debes una explicación.

— ¿Y creíste que irrumpiendo en mi oficina ibas a conseguirla? — Susurró, alzando una ceja.

Él no respondió. Simplemente la observó, buscando detrás de esa fachada de arrogancia a la mujer por la que tanto se preocupa en ocultar. Pero ella no estaba dispuesta a dejarlo entrar. No después de todo lo que le ha costado tratar de olvidar ese amor..

— No sé qué quieres saber, pero realmente no hay nada que explicar. — Dijo finalmente, desviando la mirada hacia el ventanal. — Todo está bien ahora. ¿No? Sólo intente ayudarte como lo hubiese hecho con cualquier conocido.

— ¿Eso crees? — Susurró él, acercándose más, lo suficiente para que el calor de su cuerpo la envolviera. — Aún hay algunas cosas que no encajan, Sofía. Algunas cosas simplemente… necesitan una respuesta.

El aire entre ellos se volvió denso. Ella sintió que su corazón la traicionaba una vez más, acelerando con fuerza; el Maximiliano frente a ella era completamente diferente al que había visto anteriormente, ahora, veía algo diferente en su mirada.  Pero antes de decir algo más, el sonido del teléfono interrumpió el momento.

Sofía aprovechó la distracción para apartarse, intentando recuperar el control que por un instante había perdido. Sin embargo, no llegó muy lejos, porque antes de que pudiera levantarse, él la tomó por los hombros y la obligó a permanecer sentada, con una firmeza que la desarmó por completo.

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Maria Elena Martinez Lazaro
hay no, que rabia me da que cada vez que van a decir algo importante alguien tiene que abrir la puerta e interrumpir, no puede ser yo también quiero saber que paso con el desalmado de su papá
Maria Elena Martinez Lazaro
Dios mío que incertidumbre quien será esa persona que entró así y a quien llamó Fernanda
Maria Elena Martinez Lazaro
Que bien por Sofía y Maximiliano 👏👏👏que bueno que salió a defender el honor de su furia esposa 🤭🤭. Por favor querida autora Luna no te demores mucho en subir capitulos quedé perdida y me tocó volver a leer de nuevo para poder cogerle el hilo
Maria Elena Martinez Lazaro: gracias y bendiciones
total 1 replies
Maria Elena Martinez Lazaro
Excelente la historieta
Margalenis
la verdad es q no he entendido es nada esto está enredado
Lucenid Perez Quintero
espero nuevos capítulos 🤭🤭
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