Eleonor Baxter aprendió desde pequeña a ser perfecta.
Amable, inteligente y elegante, creció entre apellidos influyentes y cenas compartidas con familias amigas. Desde adolescente, Alex King fue parte de su vida… y también de sus sueños. Mucho antes del matrimonio, Eleonor ya lo amaba en silencio.
A los veintisiete años dirige SweetBaby, la empresa cosmética heredada de su familia, y sostiene un matrimonio que nunca se construyó sobre las promesas que ella imaginó. Casada desde hace tres años con Alex —uno de los cirujanos cardíacos más prestigiosos del país y dueño de una red de hospitales—, Eleonor aprendió que conocer a alguien desde siempre no garantiza ser elegida.
Durante años intentó ser paciente, comprensiva, invisible. Alex, marcado por la vergüenza de un matrimonio arreglado y consumido por el trabajo, dejó que la distancia creciera hasta volverse insoportable.
Cansada de sentirse desplazada, Eleonor toma una decisión que lo cambia todo.
NovelToon tiene autorización de vasitos de veneno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 23
—Tú… Eleonor.
Ella levantó la vista. Sus ojos se abrieron apenas, sorprendidos.
—Usted… —dijo, intentando recordar—
El silencio en la sala se volvió espeso.
Mark miraba de uno a otro, confundido.
Y por primera vez en mucho tiempo, Jonni sintió que el aire no le alcanzaba.
Aron se inclinó discretamente y le acercó una carpeta a Eleonor.
En la portada, claramente impreso: Jonni Reilly.
Una de las ejecutivas de marketing tomó la palabra con rapidez, intentando romper la tensión.
—Señora King, el señor es Jonni Reilly. Actor, modelo. Ha participado en campañas de ropa interior para Calvin Klein y otras marcas internacionales.
Eleonor bajó la mirada hacia la carpeta.
Un segundo.
Dos.
Luego volvió a levantarla.
La sorpresa ya no estaba.
Solo profesionalismo impecable.
—Ah… bien. Un gusto, señor Reilly.
La formalidad cayó como una línea divisoria.
Mark le hizo gestos desesperados a Jonni para que reaccionara.
Jonni extendió la mano.
—Qué bueno verla nuevamente.
Ella sostuvo su mano apenas el tiempo necesario.
—Igualmente.
Nada más.
Ninguna referencia a Canadá.
Ninguna alusión al pasado.
Aron intervino con voz firme.
—Bien, pongámonos de acuerdo con los detalles. La señora King tiene cuatro reuniones más hoy.
La reunión continuó.
Los empleados de marketing comenzaron a explicar la propuesta con entusiasmo. Números, alcance, proyecciones.
Mark asentía a todo con avidez.
Pero Jonni no escuchaba.
Solo la miraba a ella.
Sentada en la cabecera.
Segura.
Dueña del espacio.
Dueña de cada palabra.
Mark tenía razón.
No era solo una mujer elegante.
Era poder.
Y él… nunca la había visto así.
Eleonor escuchaba con atención, hacía preguntas puntuales, anotaba observaciones. Nada en su postura delataba incomodidad.
Finalmente cerró la carpeta.
—Es una propuesta interesante —dijo con calma—. Si están de acuerdo con los términos, podemos proceder a firmar el contrato.
La frase fue clara.
Directa.
Sin emoción.
Y eso, para Jonni, fue más impactante que cualquier reproche.
Eleonor entrelazó las manos con elegancia.
—La propuesta es sólida. La imagen encaja con la línea que estamos desarrollando.
Su voz era tranquila. Segura. No necesitaba elevarla para que todos la escucharan.
—SweetBaby no trabaja con improvisaciones. Buscamos compromiso, disciplina y coherencia con nuestros valores.
Sus ojos se detuvieron en Jonni.
No temblaron.
No esquivaron.
Lo miró como evaluando un activo empresarial.
—Señor Reilly, ¿está dispuesto a sostener una imagen familiar durante toda la duración del contrato? Sin escándalos. Sin polémicas innecesarias.
La pregunta fue profesional.
Pero directa.
Jonni sintió el peso.
—Sí.
Ella sostuvo la mirada un segundo más.
Midiendo.
Analizando.
Luego asintió levemente.
—Bien.
Tomó la lapicera.
Sin dramatismo.
Sin pausa exagerada.
Firmó.
El sonido de la tinta sobre el papel fue seco.
Definitivo.
—Bienvenido a SweetBaby.
Mark casi suspiró de alivio.
Jonni apenas podía procesar lo que acababa de ocurrir.
Ella no había mencionado Canadá.
No había mencionado el pasado.
No había mostrado debilidad.
Era dueña del edificio.
Dueña del contrato.
Dueña del momento.
Y por primera vez, Jonni entendió algo que lo descolocó:
La mujer que había conocido en aquel viaje ya no existía.
O tal vez sí.
Pero ahora estaba sentada en la cabecera de la mesa.
Y él era quien debía estar a su altura.
Después de firmar, las sillas se movieron, las carpetas se cerraron y todos comenzaron a levantarse.
—Señora King… —dijo Jonni, antes de que ella saliera—. ¿Podríamos hablar unos minutos?
Mark levantó la ceja de inmediato.
—¿Qué haces? —murmuró entre dientes, molesto.
Eleonor lo notó.
Lo había notado antes.
La forma en que Mark lo presionaba.
La manera en que lo miraba.
Igual que en Canadá.
—Está bien —dijo ella con calma—. Déjennos solos.
Miró a Aron.
—Reprograma la próxima reunión diez minutos. Los alcanzo enseguida.
Aron asintió sin discutir.
La puerta se cerró.
Silencio.
Jonni se quedó de pie frente a ella. Por primera vez sin público.
—Es extraño… —dijo finalmente—. Nunca te imaginé así.
Eleonor alzó una ceja.
—¿Así cómo, señor Reilly?
—Como dueña de una empresa.
Ella sostuvo su mirada sin moverse.
—¿Y cómo me imaginaba?
Jonni vaciló.
—No sé… tal vez modelo. Algo más… ligero.
Una sombra de sonrisa apareció en sus labios.
No era dulce.
Era segura.
—Las personas no siempre son lo que parecen.
Jonni bajó la mirada un instante.
—Gracias por la oportunidad. Es un contrato importante para mí.
Eleonor inclinó apenas la cabeza.
—Lo sé.
Lo dijo con una intención que él no supo descifrar.
Hubo un silencio breve.
Luego ella cambió el tono.
—¿Siempre es así tu representante?
Jonni tensó la mandíbula.
—¿Mark? Sí… pero me consigue trabajo. Y lo necesito.
Se encogió de hombros.
—Firmé con él por cuatro años. Me queda uno más.
Eleonor entrelazó las manos sobre la mesa.
—Por la actitud que vi hoy, le aconsejo que revise cuidadosamente las cláusulas de su contrato.
La frase fue serena.
Pero firme.
No era una sugerencia casual.
Era advertencia.
Jonni la miró con atención.
—¿Te preocupa?
Ella sostuvo su mirada.
—Me preocupa que cualquier persona que represente esta marca esté en condiciones justas.
Nada más.
Ni personal.
Ni emocional.
Pero entre líneas había algo más.
Algo que él reconoció.
Y eso lo desarmó un poco.
—¿Conoce el concepto de contratos leoninos, señor Reilly? —preguntó Eleonor con serenidad.
Jonni sostuvo su mirada.
—Lo sé… —respondió—. Solo que él me ayudó cuando empecé. Y… tengo un hermano que mantener.
Eleonor alzó apenas una ceja.
—Eso no convierte un abuso en gratitud.
Hubo un breve silencio.
—Le sugiero consultar con un abogado —añadió con calma.
Hizo una pausa.
—¿Es pequeño su hermano?
Jonni asintió.
—Tiene ocho.
Algo cambió en la expresión de Eleonor. Fue mínimo. Casi imperceptible.
Ocho años.
Por un instante imaginó a un niño de esa edad corriendo por un jardín. Pensó en su propio hijo… o hija. En cómo sería verlo crecer.
Una sonrisa leve, involuntaria, tocó sus labios. Pero desapareció rápido.
Jonni la observaba.
—Desde la vez que la vi en Canadá… siempre me acordé de usted.
La confesión quedó suspendida entre ellos.
Eleonor lo miró sin bajar la guardia.
No era una adolescente frente a un recuerdo.
Era una mujer que había aprendido a no desordenar su mundo por nostalgia.
—Me alegra haberlo visto nuevamente, señor Reilly —respondió con formalidad impecable—. Pero tengo otra reunión.
—Jonni —corrigió él, casi en un impulso.
Ella sostuvo la mirada un segundo más.
—Adiós, señor Reilly.
Caminó hacia la puerta.
Jonni sintió que si no decía algo más en ese instante, la perdería otra vez sin haber hecho nada.
Pero antes de salir, Eleonor se detuvo.
Suspiró apenas.
Abrió la carpeta y sacó una tarjeta.
—No sé por qué hago esto… —murmuró, casi para sí misma—. Tome.
Se la extendió.
—Es uno de mis mejores amigos. Sebastián. Es abogado. Le recomiendo que revise sus contratos.
Jonni miró la tarjeta. Dudó.
—Gracias… Eleonor.
Ella lo corrigió con suavidad firme.
—No creo que pueda llamarme así en el ámbito profesional.
La distancia volvió a instalarse.
—Cuídese, señor Reilly.
Y salió.
La puerta se cerró.
Jonni quedó solo en la sala con la tarjeta en la mano.
Por primera vez en mucho tiempo, alguien no le había ofrecido fama.
Le había ofrecido protección.
si realmente la quieres y amas
ahora veremos si en verdad exiten las segundas oportunidades.
claro todo depende de nuestra autora
no eres infiel y eso le suma puntos pero tú absoluto desinterés en la relación la falta especial de amor dan ganas de matarte por otro lado Jony podría ser un nuevo amor la nueva oportunidad que le guste a ele
Mi pregunta es aceptarás que ella se hizo una inceminacion y que va a ser madre sin ti?