Alelí juró vengar la muerte de sus padres infiltrándose en la mafia, pero jamás planeó enamorarse del hijo de su peor enemigo.
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Debo salvar a lo más importante...
Maykol se dirigió hacia la mansión, a paso acelerado entró al despacho de su padre, apenas ingresó, cerró la puerta con violencia.
Raúl estaba sentado en la silla de su escritorio, tenía unos planos de la mansión de Alex, escuchó todo pero ni siquiera levantó la mirada.
—Devuélvela —dijo Maykol sin preámbulo—. Todo esto empezó por ti.
Raúl dejó la pluma sobre el escritorio.
—Empezó cuando decidiste meter a una asesina en mi casa.
—¡Empezó cuando tú mataste a una mujer inocente!
El silencio fue eléctrico.
Raúl se puso de pie lentamente.
—Esa muerte fue un mensaje. Entiende.
—Fue un error.
—No en mi mundo. Respondió Raúl.
Maykol lo miró con los ojos llenos de rabia.
—Por tu obsesión con el poder, ahora Anahí está en medio de una guerra.
Raúl dio un paso al frente.
—Por tu debilidad sentimental, el enemigo sabe dónde golpear.
Se quedaron frente a frente.
Dos generaciones del mismo clan.
—Si algo le pasa a ella… —susurró Maykol.
—Entonces será culpa tuya —cortó Raúl sin vacilar.
Eso fue suficiente.
Maykol salió del despacho sin despedirse.
Esa conversación no era de padre e hijo, más bien era de enemigos.
Sin avisar a nadie, Maykol llamó a sus hombres de confianza y se cruzó hacia el territorio de Alex Calderón.
Entró como una tormenta.
Los hombres de Alex reaccionaron de inmediato, hubo disparos por todos lados, vidrios estallando, puños de lado a lado.
Maykol no venía a negociar, estaba dispuesto a rescatar a su hermana.
Alex apareció desde el segundo nivel del almacén, observando el caos.
—Sabía que vendrías —dijo con una sonrisa fría.
Maykol lo vio y se lanzó contra él.
El enfrentamiento fue brutal.
Golpes directos, sin técnica elegante, solo llenos de pura rabia.
—¡Devuélveme a mi hermana!
—Esto no es personal —respondió Alex esquivando un golpe—. Es estratégico.
Alelí irrumpió en medio de la pelea.
—¡Basta!
Se interpuso entre los dos, respirando agitada.
—No vamos a lastimar a Anahí.
Maykol la miró con una mezcla de dolor, amor y al mismo tiempo traición.
—¿Y qué estás haciendo entonces? Dijo Maykol.
Alex bajó la voz, acercándose a Alelí.
—Recuerda por qué estás aquí. No puedes olvidar tú venganza...
—Su padre mató al tuyo.
—Su familia te persiguió desde niña.
—Su apellido arruinó tu vida.
Luego, miró a Maykol.
—Y él nunca dejó de ser un Zurita.
Maykol apretó los puños.
—Yo no soy mi padre.
—Pero llevas su sangre —replicó Alex.
Alelí sentía el peso del mundo en el pecho.
Amaba a Maykol.
Pero había jurado destruir a los Zurita.
Y esa guerra ya no tenía frenos.
—La guerra comenzó —dijo Alex suavemente—. Y no la empezó él… pero sí la va a pagar.
Maykol dio un paso atrás, entendiendo algo terrible.
Alelí estaba del otro lado. Estaba con el enemigo y por su hermana…
él estaba dispuesto a todo.
Mientras tanto, Raúl movilizó a todos sus hombres.
— Vayan a el territorio de Calderón y acaben con todos, no dejen a nadie vivo y trainganme a mi hija.
Raúl estaba convencido de que Anahí estaba allí, desplegó hombres, vehículos, armas pesadas.
El ataque fue inmediato, hubo explosiones, balas cruzando la noche.
Pero Anahí no estaba Allí, la movieron horas antes, esperaban un ataque así por eso tomaron medidas.
El enfrentamiento dejó cuerpos tirados en el suelo, habían hombres heridos de ambos bandos, Alex observaba el resultado con furia contenida, pues había perdido soldados valiosos y eso no lo iba a dejar pasar por alto.
—Esto ya no es presión —murmuró—. Ahora es personal.
Horas después del ataque, Raúl recibió un video, primero era pantalla negra, pero luego salió la imagen, ahí se apreciaba a Anahí, estaba atada en una silla vieja, su rostro manchado de sangre y con respiración temblorosa decía, papá ayúdame!!
El video se cortó pronto, Raúl quedó quebrado, roto, con el alma en el piso, por primera vez se había derrumbado, y su mente se nubló.
Pero lo que no sabía, era que: la sangre era falsa y la muchacha también era falsa, Alex había buscado una chica igual de contextura y cabello, para hacerla pasar por Anahí.
Un mensaje al celular de Raúl llegó segundos después:
“Entrega a tu hijo. Solo. Sin escoltas. Y recuperas a tu hija.”
El silencio en el despacho fue absoluto.
Los hombres esperaban órdenes.
Raúl reacciono de inmediato, no dudo, llamo a dos de sus hombres y les dijo:
—Prepárenlo.
Maykol fue llamado bajo el pretexto de información sobre el intercambio.
No sospechó nada
Hasta que vio a los hombres apuntándole.
—¿Qué están haciendo? Dijo molesto.
Raúl apareció detrás.
—Es la única manera, si debo sacrificar a uno de mis hijos, ese vas a ser tu.
Maykol entendió. La vida de su hermana era más importante, pero igual le dolía.
—¿Me estás entregando? Dijo Maykol.
Raúl sostuvo su mirada.
—Un líder protege lo más importante.
—¿Y yo qué soy? Dijo molesto y dolido.
Raúl no respondió.
Maykol sintió un fuerte golpe en la cabeza, de pronto todo se puso negro, luego cayó al suelo desmayado.
Al despertar se encontró esposado y golpeado, se encontró en el asiento trasero de un vehículo, a su lado estaban dos hombres bien armados.
Raúl se sentía triunfante se había liberado de un problema y pensó salir bien librado como siempre, pero eso estaba muy lejos de la realidad, pues Alex no tenía intención de liberar a Anahí. Los iba cazando de a poco.
Cuando recibió la confirmación de que Maykol estaba en camino, sonrió.
—Ahora sí —dijo—. El imperio empieza a caer.
Alelí lo miró.
—El trato era uno por uno. Dijo ella, muy desconcertada.
Alex la observó con frialdad nueva.
—Los tratos cambian cuando pierdo hombres.
En ese instante, Alelí comprendió algo peligroso:
Alex no estaba jugando ajedrez.
Estaba buscando exterminio.
El vehículo en el que se transportaba a Maykol llegó al punto de entrega.
Lo bajaron de rodillas. Volvieron a golpearlo y estaba lleno de sangre, pero no se daba por vencido.
Alex apareció desde las sombras.
—Bienvenido.
Maykol levantó la mirada.
—¿Dónde está mi hermana, maldito?
Alex sonrió, pero no respondió y eso fue peor que cualquier palabra.
Mientras tanto en otro lugar, Anahí despertó.
Se encontraba sola, se levantó y vio la puerta entreabierta, los guardias no estaban en sus puestos.
Alelí había tomado una decisión, pero esto le obligaba a romper las reglas del juego.
Anahí forcejeó y logro soltarse una mano, su respiración era agitada, por los nervios, fue a paso lento y antes de llegar a la puerta,. escuchó algunos pasos en el pasillo.
La puerta comenzó a abrirse lentamente, mientras Anahí contuvo el aire...