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EL PELIGRO DE AMARTE

EL PELIGRO DE AMARTE

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Arianna Rose

Elena nunca imaginó que su libertad tendría un precio tan alto. Con su madre al borde de la muerte y las deudas asfixiándola, se ve obligada a aceptar la propuesta del hombre más poderoso y enigmático de la ciudad: Ernesto Blackwood.
El trato es sencillo: un año de matrimonio falso, una firma en un papel y ninguna pregunta. Ernesto necesita una esposa para cumplir con un legado familiar, y Elena necesita el dinero para salvar lo único que ama. Sin embargo, tras las puertas de la imponente mansión Blackwood, ella descubrirá que Ernesto es un hombre de secretos oscuros y una presencia letal.
Ahora, Elena se enfrenta a un desafío que no estaba en el contrato: sobrevivir a la intensidad de un hombre que no acepta un "no" por respuesta. En este juego de poder, ella aprenderá que no hay nada más letal que el peligro de amarlo.

NovelToon tiene autorización de Arianna Rose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El despertar de la leona

El interior de la patrulla blindada olía a café frío y a la transpiración nerviosa del Comisionado Varga. El convoy avanzaba a gran velocidad por la autopista que conectaba la zona rural con el centro financiero de la ciudad. Ernesto estaba a mi lado, recargando su arma con movimientos metódicos, pero sus ojos no se apartaban de mí. Había algo diferente en mi mirada, y él lo sabía.

—¿Estás bien? —me preguntó en un susurro.

—Nunca he estado mejor —respondí, y para mi propia sorpresa, era verdad. El miedo que me había paralizado durante semanas se había evaporado, dejando en su lugar un frío glaciar que me permitía pensar con una claridad absoluta.

De repente, un estruendo sacudió la carretera. Un camión de carga pesada salió de un camino lateral y embistió al coche patrulla que abría nuestro convoy, lanzándolo fuera del asfalto como si fuera un juguete de plástico.

—¡Emboscada! —gritó Varga por la radio—. ¡Mantengan la formación!

—No son policías, Varga —dije, mi voz sonando tan firme que el Comisionado se giró a mirarme—. Son los recolectores de mi tía. Y no vienen a arrestarnos. Vienen a borrar las pruebas.

Dos motocicletas se emparejaron con nuestro vehículo. Los conductores, vestidos de negro total, sacaron armas automáticas y empezaron a disparar contra los cristales blindados. El sonido de los proyectiles impactando contra el vidrio era como granizo metálico. Varga estaba agachado, gritando órdenes incoherentes a sus subordinados, presa del pánico al ver que sus propios hombres estaban siendo masacrados.

—Varga, dame tu radio —ordené, extendiendo la mano.

—¿Qué? ¡Ni hablar! ¡Esto es un canal oficial! —balbuceó él.

Me incliné hacia adelante y le arrebaté el dispositivo de la mano con una fuerza que lo dejó mudo. Ernesto me miró, con una sonrisa de orgullo asomando en la comisura de sus labios, pero se mantuvo listo para cubrirme si el blindaje cedía.

—Atención a todas las unidades de escolta —dije por el radio, usando el tono de autoridad que había visto a mi tía usar tantas veces—. Aquí Elena Noir. El Comisionado Varga está incapacitado. Si quieren salir vivos de aquí y no terminar en una fosa común con los secretos del Consejo, escuchen bien: abran fuego cruzado contra las motos y dejen que el coche blindado use el peso para sacar al camión del camino. ¡Ahora!

Los oficiales, confundidos pero necesitados de un líder, obedecieron. El coche patrulla que nos seguía empezó a disparar con precisión, derribando a uno de los motociclistas. Ernesto aprovechó la distracción para bajar la ventanilla apenas unos centímetros y devolver el fuego contra el segundo atacante, neutralizándolo al instante.

—Elena, el camión va a intentar embestirnos de nuevo —advirtió Ernesto, señalando el gigante de metal que se acercaba por nuestro flanco derecho.

—No si yo lo evito —respondí. Miré a Varga, quien me miraba como si fuera un fantasma—. Comisionado, dígale a su conductor que frene en seco cuando yo cuente tres. El camión tiene el centro de gravedad alto; si falla el impacto, volcará.

—¡Es una locura! —gritó Varga.

—¡Hágalo! —rugí.

—Uno... dos... ¡Tres!

El conductor clavó los frenos. Los neumáticos chirriaron y el humo del caucho quemado inundó la cabina. El camión de los recolectores, que venía preparado para un impacto lateral a toda velocidad, pasó de largo frente a nosotros. El conductor del camión intentó virar bruscamente para no chocar con la mediana, pero la física no perdona. El vehículo se inclinó, las ruedas perdieron contacto con el asfalto y volcó espectacularmente, arrastrándose cientos de metros entre chispas y metal retorcido.

El silencio que siguió fue solo roto por el sonido de los motores de los coches que aún quedaban en pie. Ernesto me tomó de la nuca y me atrajo hacia él, dándome un beso rápido y cargado de adrenalina.

—Te dije que eras peligrosa —susurró.

Me giré hacia Varga, quien aún temblaba. Me acomodé el cabello con una elegancia gélida y le devolví el radio.

—Comisionado, reanude el viaje. Y no vuelva a cuestionar mis órdenes. Si sobrevivimos a esto, usted conservará su placa solo porque yo así lo decida.

En ese momento, comprendí que la vieja Elena había muerto en "El Olivar". La mujer que ahora ocupaba el asiento trasero del coche blindado era alguien que Alexander Rossi, mi tía Isabel y el mundo entero aprenderían a temer. No era una villana, era la justicia vestida de negro. Y la guerra apenas estaba empezando a ponerse interesante.

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Marita Araya
Me gusto mucho la novela, felicidades... ❤️☀️
Marita Araya
me salió esta novela y me intereso, veremos qué pasa ... al final pondré mis 🌟 y se que me va a gustar.. ❤️
Yelitza Goyo: igual amiguita aqui vamos
total 2 replies
Cary Ambrosio
me encantó muy bonita y corts, Bendiciones
yanetsi izarra: Me alegra mucho saber que te haya gustado! Gracias! Bendiciones!
total 1 replies
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