Miranda Saavedra. Un nombre que en los círculos financieros es sinónimo de respeto, fortuna y un orgullo inquebrantable. Como presidenta de uno de los conglomerados más influyentes del país, su presencia intimida a los tiburones de la industria y su mirada es capaz de desmantelar cualquier defensa antes de que se pronuncie la primera palabra en una junta.
Pero esa armadura de seda y acero fue forjada en el fuego.
Hubo un tiempo en que Miranda era otra mujer: una esposa dedicada que creía en la paciencia y en el refugio de un hogar, soñando con una familia que nunca llegó. Esa vida "perfecta" se desintegró en un solo instante, convirtiéndose en un infierno de sombras cuando el mundo que conocía la traicionó, siendo secuestrada para ser vendida al mejor postor.
NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Sombra de Helio
Alexa había decidido ir a visitar a su amiga sin saber lo que estaba pasando en la mansión, los sujetos de seguridad de la entrada no la dejaron pasar inmediatamente. A pesar de ser una amiga cercana de Miranda, los protocolos habían cambiado. No fue hasta que la propia Miranda autorizó el acceso a través del intercomunicador que los pesados portones de hierro se abrieron para dejar pasar el vehículo de los De Las Casas.
Miranda esperaba en el gran recibidor, con los brazos cruzados y una expresión que denotaba cansancio y alerta. Al ver a Alexa bajar del auto, notó que su amiga también lucía agitada.
—Miranda, gracias a Dios que me dejaste pasar —dijo Alexa, subiendo los escalones de mármol a toda prisa—. Intenté llamarte, pero tu línea corporativa parece estar bloqueada.
—Hemos cortado todas las comunicaciones externas —explicó Miranda, guiándola hacia una sala privada lejos del alcance de los oídos del servicio—. Andrés ha desaparecido, Alexa. Alguien lo sacó del hotel antes de que mis hombres pudieran ponerle las manos encima.
Alexa se dejó caer en un sillón, soltando un suspiro de frustración.
—Lo sé. Por eso estoy aquí. Víctor recibió una llamada hoy de un contacto en el puerto. Alguien movió hilos para limpiar el rastro de un vehículo blindado que salió del Soho a la misma hora que Andrés escapó.
Miranda se inclinó hacia adelante, sus ojos clavados en los de su amiga.
—¿Quién fue, Alexa? Necesito un nombre.
—No hay un nombre claro, pero hay una firma —respondió Alexa, sacando un pequeño trozo de papel de su bolso—. Víctor logró interceptar una orden de pago enviada a los operarios del puerto. No vino de una cuenta de los Lara, sino de una fundación llamada "La Sombra de Helios".
Miranda frunció el ceño. El nombre no le decía nada, pero la elegancia del movimiento sugería a alguien con un gusto refinado por la mitología y la destrucción silenciosa. En ese momento, Lissandro entró en la sala, con el rostro endurecido. Al ver a Alexa, asintió con respeto pero sin relajar la guardia.
—Saavedra —saludó Alexa—. Víctor te envía sus saludos, y una advertencia. Dice que si esa fundación está involucrada, no estás luchando contra un empresario arruinado, sino contra alguien que tiene raíces en la vieja guardia de Nueva York. Alguien que conoce los secretos de tu familia antes de que tú fueras el dueño de todo esto.
Lissandro se tensó notablemente ante las palabras de Alexa.
—Si Víctor tiene razón, entonces esto no es una venganza contra Elena —murmuró Lissandro, mirando a Miranda—. Es una venganza contra mí, usando a Elena y a Lía como el instrumento del dolor.
De pronto, un sonido de risas infantiles resonó en el pasillo. Lía apareció en la puerta, sosteniendo un libro de códigos que Lissandro le había regalado. Se detuvo en seco al ver a la visitante.
—Hola, tía Alexa —dijo Lía con una sonrisa, aunque sus ojos analizaron rápidamente la tensión en la habitación—. ¿Vienes a ayudarnos a encontrar al hombre que se esconde en los puntos ciegos?
Alexa se quedó sin palabras por un momento. Ver a Lía en ese entorno, actuando con la lucidez de un analista de inteligencia, le partía el corazón.
—Vengo a ayudar a tu mamá a que todo esté bien, pequeña —respondió Alexa con ternura, aunque su voz temblaba ligeramente.
Miranda se levantó y tomó a Lía de la mano.
—Alexa, quédate a almorzar. Necesitamos cruzar la información de Víctor con lo que Lía ha encontrado en el servidor de la casa. Si Andrés tiene un protector, vamos a encontrar su nombre antes de que el sol se ponga.
Mientras caminaban hacia el comedor, Miranda sintió que el círculo se cerraba. Tenía a su mejor amiga, a su esposo y a su brillante hija bajo el mismo techo. Estaban unidos, pero la mención de "La Sombra de Helios" le recordaba que, fuera de esas paredes, un fantasma del pasado de Lissandro estaba listo para devorarlos a todos.
Después de pasar la tarde en la mansión Saavedra, Alexa fue al encuentro con su esposo, Víctor era un hombre frío que en pocas ocasiones mostraba una sonrisa.
—¿Hablaste con tu amiga y Lissandro? — pregunto Víctor, su voz distante mientras leía un documento.
—Sí, les expliqué sobre Sombras de Helio — respondió Alexa preocupada—. Solo espero que puedan librarse de eso — susurro para sí misma.
Víctor dejó el documento sobre su escritorio y levantó la vista. Sus ojos, oscuros y penetrantes, suavizaron su dureza solo cuando se posaron en Alexa. Se levantó con una elegancia felina y caminó hacia ella, tomando sus manos entre las suyas. Estaban frías, un claro signo de la ansiedad que le provocaba la situación de Miranda.
—Saavedra es un hombre muy peligroso y él sabrá proteger a su familia —repitió Víctor, estrechándola contra su pecho en un abrazo protector—. Pero "Sombras de Helios" no es un enemigo común, Alexa. No son simples empresarios con ansias de poder. Son un remanente de algo que Nueva York cree haber olvidado, y Lissandro tiene deudas de sangre con ellos que datan de antes de conocer a Elena.
Alexa se separó un poco para mirarlo a los ojos, confundida.
—¿Deudas de sangre? ¿De qué estás hablando, Víctor? Lissandro rescató a Miranda del infierno de los Lara, él es quien la reconstruyó.
—Esa es la historia que todos conocen —respondió Víctor, su voz bajando a un susurro casi imperceptible—. Pero para construir un imperio como el de Saavedra en tan poco tiempo, Lissandro tuvo que pisar demasiadas sombras. Ahora, esas sombras han encontrado en Andrés Lara el instrumento perfecto para devolverle el golpe donde más le duele.
Alexa sintió un escalofrío. La lealtad hacia su amiga chocaba con el miedo instintivo que le provocaban las palabras de su esposo.
—Ahora tú debes tener cuidado y alejarte de todo eso —sentenció Víctor con una firmeza que no admitía réplicas—. Sabes que eres mi vida entera y si algo te pasa, no podré vivir con eso. No quiero que vuelvas a la mansión hasta que yo te diga que es seguro.
—No puedo dejarla sola ahora, Víctor —protestó ella—. Miranda es como mi hermana.
—Si realmente quieres ayudarla, mantente viva —concluyó él, dándole un beso corto en la frente—. Yo me encargaré de vigilar los movimientos de Helios desde este lado. Pero prométeme que no harás nada por tu cuenta.
Alexa asintió en silencio, aunque su mente seguía en aquella cocina de la mansión Saavedra, recordando la mirada de Lía. Sabía que Víctor ocultaba algo, una pieza del rompecabezas que conectaba el pasado de Lissandro con el presente de Miranda, y temía que, cuando esa pieza encajara, el desastre sería total.