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El Refugio Del Depredador

El Refugio Del Depredador

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Mafia / Matrimonio arreglado
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Leonela no es una mujer de armas, pero su voz es un látigo de verdad y su presencia, un muro inamovible frente a su hijo, Santiago. Cuando una red de traiciones familiares amenaza con arrebatarle lo único que ama, Leonela se ve obligada a aceptar un matrimonio por contrato con el hombre que personifica todo lo que ella teme: Gael.
​Gael es un titán cruel y posesivo. No hace tratos por generosidad; él "colecciona" lo que desea, y ha deseado a Leonela desde el momento en que la vio defender a su hijo con la dignidad de una reina en ruinas. Lo que Gael no espera es que su nueva "adquisición" no agacha la cabeza.
​En medio de una guerra de poder, el pequeño Santiago, con su curiosidad implacable, se convierte en el único capaz de desarmar la mirada devoradora de Gael, mientras Leonela descubre que el peligro más grande no es el mundo exterior, sino la intensidad eléctrica que siente cada vez que Gael fija sus ojos en ella.

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capitulo 13

​El Gran Salón de la Bolsa de Comercio lucía como un templo de opulencia geométrica. Techos de casetones dorados se alzaban a veinte metros de altura, sosteniendo inmensas lámparas de cristal de roca que derramaban una luz ambarina sobre el pavimento de mármol veteado. El aire, denso y cargado con el perfume caro de las herederas y el humo invisible del tabaco de contrabando, vibraba con el murmullo sordo de los hilos del poder. Era la gala anual del Consejo Marítimo, la pasarela donde el imperio Vancini validaba sus rutas comerciales y donde cada sonrisa se tasaba como un pagaré a la vista. Santiago había quedado en la mansión, resguardado por el blindaje de acero táctico; esta noche, la leona caminaba sola por la arena pública.

​Gael avanzaba por el vestíbulo con su zancada depredadora y felina. Vestía un esmoquin de sastre negro, cortado a la medida de la potencia masiva de sus hombros, y una camisa de seda blanca cuyo cuello rígido acentuaba la rigidez de su mandíbula esculpida. Sus ojos grises, fijos y fúnebres, barrían la estancia con una resolución mortal, deteniendo los susurros de los directores financieros a su paso. Sin embargo, su mano izquierda no descansaba en su bolsillo, sino firmemente asentada en la curva de la cintura de Leonela, una presión posesiva que cruzaba la tela de su vestido como un recordatorio físico del contrato que los ataba.

​Leonela caminaba a su lado, sosteniendo el mentón alzado con una fijeza gélida que desafiaba el asedio de las cámaras de la prensa. Para su debut ante el consejo, había elegido un vestido de satén de seda color rojo carmín. La prenda, de un minimalismo cortante, caía con una fluidez líquida hasta el suelo, ciñéndose de manera pecaminosa a la línea de sus caderas y la curva de su espalda descubierta.

El contraste de la seda encendida con la palidez natural de su piel era una declaración de guerra visual. La temperatura del salón, enfriada artificialmente para los hombres de traje, provocó que el satén fino se adhiriera a su pecho firme, tensando sus pezones de una forma que delataba la agitación biológica de su sistema. No era sumisión; la sensualidad de su postura emanaba una franqueza tan cruda que obligaba a los presentes a contener el aliento.

​Al detenerse frente al grupo de los tres principales accionistas del puerto, Leonela comprendió la jugada con una nitidez que le revolvió el estómago.

​—Caballeros —anunció Gael, su barítono profundo resonando en el mármol con una cínica elegancia—. Les presento a mi esposa, Leonela. La heredera de la textilera tradicional. Como verán, los rumores sobre la inestabilidad de nuestras alianzas familiares carecen de fundamento. El grupo Vancini no solo adquiere infraestructuras; asimila la legitimidad que esta ciudad respeta.

​Los hombres sonrieron con una hipocresía corporativa ensayada, alzando sus copas de baccarat. Leonela sintió una oleada de calor violento subir por su cuello pálido. La verdad directa la golpeó en medio del pecho: Gael la estaba usando como un escudo social, un activo de lujo para limpiar la sangre residual que su intervención contra Julián había dejado en los muelles. Ella era la fachada aristocrática que los jueces del comercio necesitaban para firmar las nuevas concesiones perimetrales. El pánico interno de verse convertida en un objeto decorativo intentó asfixiarla, pero la "leona" emergió a la superficie con el rugido de su propio orgullo.

​Gael pretendía que ella fuera un adorno silencioso, pero Leonela retiró sutilmente la cintura de su mano, dando un paso al frente para adueñarse de la conversación.

​—La legitimidad, caballeros, no es algo que el grupo Vancini pueda simplemente asimilar en un balance —dijo Leonela. Su voz no se alzó, pero tuvo una franqueza cortante que rasgó el murmullo del consejo—. Mi familia no representaba solo un apellido; representaba un método de comercio donde los contratos se respetaban por honor, no por el volumen de la fuerza táctica perimetral. Si mi esposo ha decidido consolidar el muelle 14, es porque entiende que la vieja escuela tiene un orden que sus pantallas de datos nunca podrán replicar.

​El presidente del consejo, un anciano de mirada esquiva que había firmado las órdenes de embargo contra su padre, parpadeó con sorpresa. La agudeza de la mujer, su dignidad intacta en medio de la quiebra y la soltura con la que manejaba los códigos del gran comercio, atrajeron de inmediato la fijeza de todas las miradas del círculo. Los directores comenzaron a inclinarse hacia ella, fascinados por la metamorfosis de la cautiva en soberana. En cuestión de minutos, Leonela se desenvuelve con una gracia felina que desarmó el escepticismo de la junta, convirtiéndose en el centro absoluto del banquete.

​Un magnate de las aseguradoras navieras se acercó demasiado, su mirada descendiendo por el escote asimétrico del vestido rojo con una lascivia ordinaria que no pasó desapercibida.

​—Si la herencia de la textilera se defiende con esa elocuencia, señora Vancini, entiendo por qué Gael cerró el contrato a puerta cerrada —siseó el hombre, extendiendo una mano para rozar la copa de ella.

​Un cambio atmosférico, gélido y violento, clausuró el espacio.

​Gael se interpuso con una zancada depredadora, su silueta imponente bloqueando por completo la luz de la lámpara sobre el asegurador. Su rostro, una máscara de granito de facciones endurecidas, experimentó una contracción mortal. Sus ojos grises, fijos y "devoradores", se clavaron en el hombre con un brillo de celos posesivos que heló el aire de la mesa. No era una reacción corporativa; era el instinto primitivo del lobo gris que ve a otro macho lamer los bordes de su propiedad.

​—La elocuencia de mi esposa es un activo exclusivo de la junta directiva, de la Cruz —dijo Gael. Su barítono bajó a un siseo bajo, una nota de peligro absoluto que hizo que el asegurador diera un paso atrás, palideciendo bajo las luces doradas—. Retírate a la mesa del fondo. Mis hombres de la entrada tienen instrucciones de revisar las credenciales de cualquiera que olvide las reglas de etiqueta de este consejo.

​El hombre asintió apresuradamente, tragándose el vino de un golpe antes de perderse entre la multitud con una prisa militar. El círculo de directores se disolvió en segundos, intimidados por el rugido sordo que emanaba de la presencia de Gael.

​Quedaron a solas en un rincón del mármol veteado, envueltos en el aroma a sándalo, tabaco y el jazmín dulce de la piel de ella. Gael se giró hacia Leonela, acorralándola contra una columna de jade. Su proximidad física era asfixiante; el calor abrasador de su pecho firme cruzaba la seda roja, y su respiración entrecortada delataba el desborde del control que tanto presumía en la torre financiera.

​—Te advertí que debías mantenerte en el perímetro del protocolo, Leonela —siseó Gael, sus dedos largos y curtidos cerrándose en torno a la muñeca de ella con una presión sutil pero implacable. La fijeza de su mirada devoradora descendió por su cuello, deteniéndose en el pulso rápido que latía con fuerza en su garganta—. Atraiste las miradas de cada buitre de esta sala. No te traje aquí para que te convirtieras en el centro de atención de mis rivales.

​—Me trajiste aquí como tu escudo social, Vancini —replicó ella, sosteniéndole la mirada con una fijeza gélida que no cedió un milímetro ante su tamaño—. Querías que la ciudad viera que habías domesticado a la leona para legitimar tus despojos en el puerto. Pero te equivocaste de estrategia. Puedo sonreír a tus jueces y firmar tus malditos papeles públicos, pero no voy a ser el trofeo silencioso que tus socios tasan con los ojos. Si las miradas de estos hombres te molestan, no es porque infrinjan tu contrato; es porque descubriste que no puedes controlar el brillo de la vida que compraste.

​Gael extendió su otra mano, y con una lentitud tortuosa que se sintió como una quemadura, deslizó sus dedos fuertes por la espalda descubierta de Leonela, bajando por la seda roja hasta detenerse justo encima de su cadera. El contacto biológico provocó un estremecimiento profundo en el vientre de la mujer, una pulsación líquida de deseo absoluto y rabia contenida que la obligó a apretar los dientes para no delatar la agitación de su piel erizada.

​—Eres mía por contrato ante la ley y ante este consejo, leona —susurró Gael, su rostro descendiendo hasta que sus labios casi rozaron la pequeña cicatriz de su labio superior, permitiendo que su aliento con sabor a licor caro la abrasara—. Y lo que me pertenece por firma no se comparte con los ojos del mercado. Si de la Cruz vuelve a mirarte de esa forma, el muelle 14 no será el único lugar donde mis hombres ejecuten una limpieza.

​—Tu posesión es solo legal, Gael —respondió ella, su voz un susurro afilado y humanizado que cortó la estática entre sus cuerpos—. Puedes comprar mi presencia para tus fotógrafos, puedes levantar muros de acero alrededor de Santiago, pero mi dignidad no entra en tus balances financieros. Me celas porque sabes que estás vacío tras tu máscara de granito. Me celas porque esta noche demostré que soy más fuerte que toda la piedra de tu mansión.

​Gael apretó los dedos en su nuca, obligándola a inclinarse apenas un milímetro hacia el lino de su camisa, permitiendo que la tensión sensorial de sus cuerpos alcanzara un suspenso insoportable. Los celos posesivos del titán eran ahora una resolución mortal, una devoción oscura que demostraba que la transacción matrimonial se había transformado en un incendio íntimo donde el lobo ya no distinguía entre el control del imperio y la necesidad absoluta de someter la voluntad de la mujer.

​—El martes los periódicos hablarán de la unión perfecta de los Vancini —sentenció Gael, su barítono profundo bajando a una nota que vibró directo en las costillas de ella—. Pero esta noche, regresas a la mansión bajo mis reglas. El coche blindado espera en la puerta perimetral. Camina delante de mí, Leonela, y mantén ese vestido rojo lejos de las luces del vestíbulo.

​Leonela se apartó con un movimiento fluido que hizo flotar la seda carmín a su alrededor, pero no bajó la cabeza. Sostuvo la fijeza de sus ojos oscuros una última vez antes de emprender la retirada hacia la salida, sintiendo el impacto de sus tacones negros contra el mármol como las campanadas de una victoria táctica en medio de su cautiverio.

Gael Vancini siguiendo sus pasos desde las sombras de la columna, con la mandíbula tensa y las manos cerradas en puños, comprendiendo que el escudo social que había construido para proteger su imperio acababa de convertirse en la fuerza más peligrosa y magnética de su propia vida real.

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Celina Espinoza
sgddyf HH cfffnfdgñhcefghXfdsjxdhvcczdg.vccfbmbcfssgmvxfdhojcdtlnvzxfhvnx
neumidia ruiz
listo Gael el niño ya toco tu corazón no te hagas el duro
neumidia ruiz
esta muy interesante 👍 pinta buena
Celina Espinoza
super buena 🙏🥰
valeska garay campos
se lee interesante 👀
celimar
exelente capitulo 🥰👏👏
Joanny Millán
me encanta 😍
Fernanda
👍👍 excelente
Celina Espinoza
exelente capitulo 🥰🥰
Fernanda
es increíble el nene con cada pregunta 👍👏y Gael siempre queda 🤭
Fernanda
👍👍👏
Celina Espinoza
me encanta cada episodio 👏🥰y cada interacción de el niño me muero
Fernanda
me encanta santiago siempre tiene una nueva curiosidad 👍🥰
celimar
me encanta como Santiago entra como dueño de su casa 🤭🥰y pone a Gael nervioso con cada pregunta 🥰
celimar
exelente 👏🥰me gusta
Fernanda
👍👍❤️
celimar
me gusta tu historia gracias por compartirla 👏🥰
Fernanda
👍👍🥰
Fernanda
el niño es muy curioso 🥰☺️🤭le da el toque de humanidad al prota
Celina Espinoza
👏🥰gracia me gusta tu historia
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