Sinopsis:
Isabella, una joven y talentosa pianista, ve cómo su mundo se desmorona cuando su gran amor, Nicolás, sufre un trágico accidente de auto y es dado por muerto. Devastada y sola, descubre semanas después que está embarazada. Con el corazón roto pero decidida a salir adelante, se entrega a la música y comienza a trabajar como pianista en eventos y bodas, mientras cría a sus dos hijos gemelos.
Años después, recibe la oferta de tocar en una lujosa boda de alto perfil, con estrictas cláusulas de confidencialidad. Nada la prepara para lo que está a punto de vivir: el novio es Nicolás, vivo… pero sin el más mínimo recuerdo de ella.
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Capítulo 15 – Defensa Propia
El sol de la mañana entraba por las ventanas del comedor, iluminando la mesa donde Isabella servía el desayuno. Nicolás hojeaba unos documentos con el ceño fruncido, mientras Sofía y Thiago jugaban con bloques de colores en la sala. La paz de la casa contrastaba con la tormenta que se avecinaba.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó Isabella, dejando una taza de café frente a él.
—Más que nunca —respondió Nicolás, sin apartar la vista de los papeles—. No voy a permitir que vuelvan a manipularme. Ni a mí, ni a ti, ni a nuestros hijos.
La noche anterior había sido un bálsamo, pero también un punto de inflexión. Después de años de silencio, de mentiras y de control, Nicolás estaba listo para recuperar su vida por completo. Y eso significaba enfrentar a su familia… legalmente.
—El doctor Vargas me entregó el informe completo —continuó—. Detalla los efectos de los medicamentos que me dieron, y cómo pudieron haber interferido con mi memoria. Es sólido. Lo suficiente para presentar una demanda por manipulación médica y daño psicológico.
Isabella lo miró en silencio. Admiraba su determinación, pero también temía por lo que vendría.
—¿Y si ellos contraatacan? Ya intentaron quitarnos a los niños con una denuncia falsa. No se van a detener.
—Por eso tenemos que adelantarnos —dijo Nicolás—. Hoy tengo una cita con una abogada especializada en derecho familiar. Vamos a registrar legalmente a los niños como mis hijos, iniciar el proceso de custodia compartida y blindar esta casa como su residencia principal.
—¿Y si intentan desacreditarme a mí? —preguntó ella, bajando la voz—. Ya sabes cómo son. Van a buscar cualquier cosa para pintarme como inestable o incapaz.
—Entonces también vamos a reunir pruebas de tu trabajo, tus ingresos, el entorno que les das. Todo. No vamos a dejarles ningún espacio para atacar.
Más tarde ese día, Nicolás e Isabella se reunieron con la abogada en una oficina discreta del centro. Era una mujer de mediana edad, de mirada aguda y voz firme. Escuchó con atención cada detalle, revisó los documentos médicos, y tomó nota de todo.
—Tienen un caso fuerte —dijo finalmente—. Pero deben estar preparados para una guerra larga. Ellos tienen recursos, contactos, y no van a ceder fácilmente.
—No nos importa cuánto dure —dijo Nicolás—. Solo queremos proteger a nuestros hijos. Y a nosotros.
La abogada asintió.
—Entonces empecemos por lo más urgente: establecer la paternidad legal. Luego, solicitaremos una orden de alejamiento preventiva si hay más intentos de acoso o intervención. Y por último, presentaremos la demanda por manipulación médica. Pero deben estar unidos. No pueden dudar.
—No lo haremos —dijo Isabella, tomando la mano de Nicolás.
Al salir de la oficina, el aire parecía más liviano. No porque el peligro hubiera desaparecido, sino porque por fin estaban haciendo algo. Por fin estaban luchando.
—¿Estás bien? —preguntó ella, mientras caminaban hacia el auto.
—Estoy furioso —respondió él—. Pero también estoy listo. Ellos me robaron cinco años. No pienso dejar que les roben ni un día más.
Y mientras el tráfico rugía a su alrededor, Nicolás supo que esta vez, no se detendría hasta recuperar todo lo que le habían quitado.
POR AMBICIOSOS Y MALDITOS