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Dulce Venganza

Dulce Venganza

Status: En proceso
Genre:Venganza de la protagonista / Traiciones y engaños / Dejar escapar al amor / Completas
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: ISA Miranda

Miranda y Laura han sido inseparables desde la infancia. Sin embargo, su amistad se ve puesta a prueba cuando Laura se enamora del novio de Miranda, David, y queda embarazada. La traición de Laura hiere profundamente a Miranda, quien decide llevar a cabo una venganza bien planificada, que culminará en una inesperada revelación

NovelToon tiene autorización de ISA Miranda para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sombras de un Pasado Olvidado

‎Narrador en 3 persona

‎‎Los días transcurrían con una cadencia engañosa. Mientras Miranda y Cristina se sumergían en la vorágine de sus nuevas responsabilidades en Venezuela, adaptándose a una rutina que exigía tanto intelecto como temple, el ajedrez del poder seguía moviéndose en las sombras. En otro rincón de la ciudad, un joven de ojos azules —tan gélidos como sus ambiciones— tejía nuevas alianzas con una mujer cuya sed de estatus rivalizaba con la suya.

‎‎Sin embargo, esa mañana, el foco de la tensión no estaba en las oficinas, sino en las exclusivas colinas de Caracas.

‎‎Laura conducía su Mercedes negro con los nudillos blancos sobre el volante. Desde su enfrentamiento con Miranda, la paranoia se había convertido en su sombra. Cada mirada de David, cada silencio en el trabajo, la ponía en alerta. Necesitaba respuestas, y sabía que la fuente más directa —y peligrosa— eran los Rinaldi

‎‎Cuando el imponente portón de hierro forjado se abrió, Laura no pudo evitar una punzada de envidia. La propiedad era un manifiesto de modernidad y lujo: una caminería de piedras volcánicas cortadas a precisión guiaba la vista hacia una estructura de líneas minimalistas, cristales blindados y concreto blanco que desafiaba la gravedad. El jardín, un oasis diseñado con paisajismo de vanguardia, exhalaba el aroma a grama recién cortada y flores exóticas.

‎‎—Señora Luisa, gracias por aceptar mi visita —dijo Laura, forzando una calidez que no sentía mientras se acomodaba en un sofá de cuero blanco en la terraza trasera.

‎‎Laura lucía impecable, aunque su belleza tenía un filo cortante. Su cabello rubio platino caía en ondas perfectas sobre sus hombros, resaltando sus ojos grises, fríos como el acero. Vestía un conjunto de sastre en tono crema que gritaba "viejo dinero", aunque por dentro se sentía como una intrusa.

‎‎Luisa Rinaldi, por el contrario, emanaba una autoridad natural. Llevaba un vestido de seda azul marino que acentuaba su porte elegante; su cabello oscuro estaba recogido en un moño bajo, sin un solo vello fuera de lugar. Observó a Laura con una suspicacia que la joven no supo interpretar.

‎‎—Es un gusto, querida —respondió Luisa, tomando su taza de porcelana con una parsimonia irritante—. Debo decir, Laura, que tienes unas agallas admirables. Venir a mi casa después del daño que tú y David le causaron a mi hija es, cuanto menos, un acto de valentía... o de extrema imprudencia.

‎‎Un escalofrío recorrió la espalda de Laura. ¿Cómo puede ser esta la misma mujer que hace cinco años vivía en un barrio peligroso?, pensó con amargura. La transformación de los Rinaldi de la pobreza a la cúspide de la sociedad caraqueña era un misterio que le revolvía el estómago.

‎‎—Señora Luisa, estoy aquí para pedirle disculpas por el pasado. Éramos jóvenes, cometimos errores —mentía Laura, manteniendo una máscara de arrepentimiento—. Pero también, me gustaría consultarle sobre la fundación de la que es miembro.

‎‎—Dime, Laura, ¿qué sucede con la fundación? —preguntó Luisa con una calma abrumadora. Por dentro, su corazón latía con fuerza, rogando que la rubia no mencionara a Marian.

‎‎Laura desvió la mirada hacia una fotografía familiar sobre una mesa lateral. Notó las ausencias. No estaba la niña, ni el hombre que Miranda presentó como su pareja.

‎‎—Miranda ha cambiado tanto... No sabía que ya era madre. Debo imaginar que la pequeña es de su novio, Cristian, ¿cierto? —lanzó el anzuelo, observando cada micro-expresión de Luisa.

‎‎Luisa sonrió, una curva de labios que no prometía nada bueno. Si Laura quería jugar a las intrigas, aprendería que una madre Rinaldi inventó las reglas.

‎‎—La noticia del embarazo de Miranda y su relación con Cristian fue el evento más celebrado de nuestra familia —declaró Luisa con un filo mordaz—. Desde que ese joven entró en su vida, ella supo que él era el hombre con el que quería construir un hogar. Es una historia de amor legítima, algo que supongo te cuesta entender.

‎‎—Se le ve... feliz —mascó Laura, sintiendo el sabor amargo de la bilis. ¿Hija de Cristian? ¿O me están ocultando que David tiene una heredera? El miedo a perder su posición frente a David la carcomía.

‎‎—La vida de mi hija ya no te pertenece, Laura —sentenció Luisa, su voz volviéndose gélida como el hielo ártico—. Si tienes preguntas sobre la fundación, hazlas ahora. Si no, te pediré que te retires. Mi hospitalidad tiene un límite muy estrecho cuando se trata de traidores.

‎‎—¡Solo quiero saber si la niña es de su pareja! —estalló Laura, perdiendo por un segundo la compostura. Necesitaba la certeza de que esa niña no era una amenaza para su compromiso.

‎‎—Sí, Laura. Es hija de Cristian —mintió Luisa con una naturalidad aterradora.

‎‎Laura exhaló un suspiro que pareció desinflar su tensión. Gracias a Dios, pensó. Pero su agenda no terminaba ahí.

‎‎—Quisiera hablar con la directora general de la fundación. Sé que es nueva. Necesito que me ayude a encontrar a mi propia hija... han pasado cinco años de silencio y angustia

‎‎Antes de que Luisa pudiera responder, una sombra imponente se proyectó sobre la terraza. Mateo Rinaldi caminaba hacia ellas. Vestía un traje de tres piezas gris Oxford, hecho a medida, que resaltaba su figura robusta y su mirada de un marrón rojizo intenso, casi fiero.

‎‎—Buenos días, hermosas damas —saludó Mateo. Su sola presencia cambió la presión atmosférica del lugar.

‎‎—Señor Rinaldi, un gusto —Laura se puso de pie, dándole un beso en la mejilla que él recibió con la rigidez de una estatua de mármol.

‎‎Mateo se desabrochó el saco y se sentó al lado de su esposa, dedicándole unas palabras en un italiano fluido y bajo, un código privado que dejó a Laura sintiéndose excluida.

‎‎—Laura, felicidades por tu compromiso. En buena hora —dijo Mateo, aunque sus ojos permanecían duros—. Me informaron de tu visita y quise saludarte personalmente. Es curioso verte aquí después del encuentro "casual" que tuviste con mi hija hace unas noches.

‎‎—Gracias, señor Mateo —Laura intentó recuperar terreno—. Le decía a su esposa que el cambio de su familia es... impactante. De la pobreza a esta opulencia. Me imagino que el trabajo de Cristian ha sido fundamental.

‎‎Mateo clavó su mirada en la de ella, y por un momento, Laura sintió que podía ver el fuego de un hombre que había regresado del infierno.

‎‎—Te equivocas, Laura. La familia Rinaldi nunca fue pobre. Estuvimos en una pausa forzada, una prueba de lealtad que superamos. Tenemos algo que el dinero no compra: respeto, unión y una memoria muy larga. Lo que ves hoy es simplemente el retorno a nuestro lugar legítimo.

‎‎—El ego puede ser peligroso, señor Mateo —replicó Laura con veneno—. Creerse superior a los demás suele preceder a la caída.

‎‎—No es ego, es realidad —intervino Luisa con una sonrisa radiante—. Las personas evolucionan. Algunos se quedan estancados en el engaño y la apariencia, como tú, Laura. Otros, como nosotros, convertimos las cicatrices en armaduras. Para un Rinaldi, la grandeza es el único destino aceptable.

‎‎La tensión era tan espesa que el aire parecía vibrar. Laura apretó su bolso de marca, sintiendo la humillación arder en sus mejillas. Odiaba esa superioridad sutil, esa forma en que la hacían sentir pequeña a pesar de su apellido.

‎‎—En cuanto a la cita con la directora de la fundación, te llamaré cuando esté agendada —dijo Luisa, poniéndose de pie de forma definitiva—. Ahora, si nos disculpas, Mateo y yo debemos recoger a nuestra nieta de la escuela. La puntualidad es un valor que apreciamos mucho.

‎‎Laura se despidió con una inclinación de cabeza y fue escoltada por un empleado hacia la salida. Al subir a su Mercedes, la máscara de serenidad se rompió. Golpeó el asiento con rabia. Aquellos "pobres muertos de hambre" ahora la miraban desde arriba.

‎‎—Arranca —le ordenó al chofer. Mientras el auto dejaba atrás la mansión, Laura sacó su teléfono—. Quiero que investigues cada minuto de la vida de Miranda en Madrid. Especialmente los registros médicos y cualquier movimiento en las clínicas de maternidad.

‎‎Miró por el retrovisor cómo la propiedad de los Rinaldi desaparecía. Pueden tener todo el oro del mundo, pensó con una sonrisa gélida, pero si esa niña es de David, voy a destruir este imperio de cristal desde los cimientos.

‎‎Lo que Laura no sabía era que, desde el balcón superior de la mansión, Mateo y Luisa la observaban irse.

‎‎—Ya mordió el anzuelo —susurró Mateo en italiano.

‎‎—Ahora —respondió Luisa— es cuando la verdadera cacería comienza

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Delyiris Rogeris Perez Mecia
gracias por la historia, fue un viaje interesante
Delyiris Rogeris Perez Mecia
es una novela increíble, llena de giros inesperados que enganchan desde el primer momento
Martha Ordoñez
bien. bien por lo que leí interesante gracias bendiciones
Martha Ordoñez
muchas gracias bonita novela bendiciones
Martha Ordoñez
gracias mi querida autora por escribir una bonita historia bendiciones
ISA Miranda: para mí fue un placer escribir está historia
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Martha Ordoñez
bonitos capítulo gracias
Martha Ordoñez
bonitos capitulos bendiciones escritora gracias
Martha Ordoñez
bendiciones escritora y gracias por estos intensos capitulos
Martha Ordoñez
gracias gracias escritora por subir más capitulos bendiciones
Carlos Robledo
muy buena historia solo que me dejas en suspenso saludos desde León,GTO México
ISA Miranda: el suspenso es bueno 🙃🙃 pero tranui que hoy actualizo
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Martha Ordoñez
muy interesantes los capítulos bendiciones escritora gracias
Martha Ordoñez
gracias gracias por subir más capitulos bendiciones escritora
Martha Ordoñez
bien bien por los capítulos bendiciones escritora gracias
Martha Ordoñez
que bonito capitulo gracias
Martha Ordoñez
más capitulos porfi bendiciones escritora
ISA Miranda: tranquis que hoy nos toca caps
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Carlos Robledo
que romántico
ISA Miranda: sí, se puede decir que es la calma antes de la tormenta 🤫🤫
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Carlos Robledo
muy buenos capitulos ya los extrañaba
ISA Miranda: yo también los extrañaba 🥺
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Martha Ordoñez
muy bonitos los capítulos bendiciones escritora gracias más capitulos porfi
ISA Miranda: veré si mañana actualizo, debido a que la historia está llegando a su fin y quiero que el capitulo siguiente sea muy productivo
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Carlos Robledo
muy buena la historia me tiene atrapada y súper emocionada
Carlos Robledo
muy buena l historia me tiene atrapada hace que mi imaginación vaya recreando cada palabra, ya que me encanta leer
ISA Miranda: gracias, está historia se a vuelto muy importante para mí
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