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El Señor Del Amor

El Señor Del Amor

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Mafia
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Ysaura Reyes

Alexandre Viale, un hombre misterioso con mucho poder, nadie lo conoce lo suficiente para poder decir quién es, los medios lo persiguen, pero terminan viendo sombras. Su imperio crece mas y más y nadie conocé hasta donde se extiende exactamente. Es joven, dicen, pero no tienen ni la exactitud de cual es su edad. Las mujeres que entran una vez a su cama y no vuelven más, porqué Alexandre no repite, Alexandre conquista para cumplir un solo objetivo y luego desecha como si no fueran de valor.
¿Llegará alguna que rompa con todos esos muros de hierro que el forjó a su alrededor?
No es solo un hombre poderoso, misterioso y seductor, también es un hombre muy peligroso. Debajo de sus pies se mueve algo oscuro y nadie quisiera ser su enemigo.

NovelToon tiene autorización de Ysaura Reyes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Basta de juegos

Desde ambas perspectivas Alexandre y Vittoria

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Vittoria

Eran las doce y treinta y seis de la noche cuando comprendí que llevaba demasiado tiempo frente al mismo documento. Volví a leer la última línea, nada. La información seguía sin tener sentido. Entonces cerré los ojos, respiré. Todo volvió a mi cabeza al mismo tiempo. Tomé el teléfono y revisé la hora. Sorprendentemente no tenía ningún mensaje nuevo. Agradecí el silencio, me levanté para preparar café. A esta hora la oficina estaba prácticamente vacía. Solo quedaban algunas luces encendidas y el sonido lejano del sistema de climatización. Caminé hacia la pequeña cocina, escuché pasos, me detuve. No necesitaba girarme para saber quién era.

Alexandre: ¿Todavía estás aquí?

Me giré lentamente. Llevaba la camisa ligeramente desabotonada en el cuello y las mangas recogidas hasta los antebrazos. Parecía cansado, pero incluso cansado tenía esa presencia que conseguía alterar el ambiente de una habitación.

Vittoria: Podría preguntarte lo mismo.

Alexandre: Yo pregunté primero. Una respuesta y luego pregunta.

Vittoria: Bueno, entonces estamos empatados.

Alexandre: ¿Café?

Vittoria: Necesito uno.

Alexandre: Eso explica muchas cosas.

Vittoria: ¿Qué cosas?

Alexandre: Por qué sigues despierta.

Vittoria: Es algo normal. ¿Y tú?

Alexandre: Yo no necesito una razón.

Vittoria: Señor Viale, eso suena muy arrogante.

Alexandre: Probablemente porque lo es. Tenías mucho que no me hablabas tan formal. ¿Algo cambió?

Solté una pequeña risa. Durante unos segundos todo pareció normal, demasiado normal. Hasta que él me miró de esa manera.

Esa mirada que había aprendido a reconocer.

Entonces decidí, que es mejor que me quedé quieta.

Vittoria: ¿Qué?

Alexandre: Nada.

Vittoria: Estás mirándome.

Alexandre: Sí, eso parece.

Vittoria: ¿Por qué?

No respondió inmediatamente.

Alexandre: Tal vez es, porque llevas varios días evitando mirarme.

Mi corazón dio un pequeño golpe, parece que el está dispuesto a pasar esta barrera.

Vittoria: No como crees jjj. No te estoy evitando.

Alexandre: Creo que sí.

Vittoria: Pues no. Estás confundido.

Alexandre: ¡Vittoria!

Vittoria: ¡Alexandre!

Nos quedamos en silencio y entonces sonrió.

Alexandre: Eres terrible mintiendo.

Vittoria: Y tú eres insoportable, ¿sabías?

Alexandre: Si, eso ya lo sabía.

Alexandre

Busqué romper esa tensión, volví a preparar el café, intenté concentrarme, pero no funcionó. Durante unos segundos no dijimos nada. Entonces me acerqué.

Alexandre: No tienes que resolverlo todo esta noche.

Vittoria: Si, ya lo sé.

Alexandre: No parece.

Vittoria: Porque si no lo hago yo, ¿quién?

Su expresión cambió.

Alexandre: Eso no significa que tengas que hacerlo sola.

La miré y algo dentro de ella se quebró. No de una manera dramática. Solo lo suficiente para dejar escapar lo que llevaba días intentando mantener bajo control.

Vittoria: Solo, estoy cansada. Estoy realmente cansada, Alexandre.

Su voz salió más baja, casi inaudible, pero lo suficientemente sonora para que solo yo la escuche.

Vittoria: Llevo dos semanas intentando entender qué demonios está pasando con la empresa de mi familia. Todo el mundo espera que tenga respuestas. Todos me miran como si yo supiera qué hacer.

Maldije muy dentro de mi, respiré profundamente y aguante un poco más.

Vittoria: Y no sé qué hacer, ya no.

Me acercó un paso, otro paso y un paso más. Quedó cerca, pero no ocupando su espacio.

Alexandre: Vittoria...

Vittoria: No.

Levanto una mano en señal de alto, quería romper y liberar todo lo que tenía acumulado.

Vittoria: Déjame terminar. Tengo miedo de equivocarme. ¿Entiendes? Si tomo una decisión incorrecta, puedo empeorar todo.

Sus ojos comenzaron a arder. Odiaba verla así. Odiaba que estuviera viendo aquello y no tuviera la solución.

Vittoria: Y estoy cansada de fingir que no me afecta.

Vittoria

Alexandre permaneció frente a mí, no intentó abrazarme, no intentó solucionar nada. Solo me miró.

Alexandre: No tienes que fingir conmigo.

La frase me golpeó más fuerte de lo que debería. Lo miré fijamente.

Vittoria: Ese es el problema.

Alexandre: ¿Cuál?

Vittoria: Que contigo no sé fingir.

Silencio... Él dio un paso y esta vez no retrocedí. La distancia entre nosotros desapareció poco a poco.

Alexandre: Vittoria.

Vittoria: ¿Qué?

Alexandre: Mírame.

Lo hice. Sus ojos estaban clavados en los míos.

Alexandre: ¿Quieres que me vaya?

Mi respiración se volvió irregular. Sabía cuál era la respuesta correcta. Sabía cuál era la decisión inteligente. Pero no era la que quería.

Vittoria: La es que, No.

Una sola palabra fue suficiente. Alexandre levantó una mano y rozó mi mejilla. El contacto fue tan suave que casi me dolió. Cerré los ojos por un instante y cuando los abrí, él seguía allí. Esperando no avanzando, solo esperando y entonces comprendí que aquella decisión era mía. Fui yo quien acortó la distancia. El primer beso fue apenas un roce, una pregunta, una posibilidad... Alexandre no tardó en responder. Sus labios volvieron a los míos con una seguridad que contrastaba con la delicadeza del primer contacto.

Mi mano se cerró alrededor de su camisa y durante unos segundos desapareció todo. La empresa en Italia, las deudas, las transferencias fantasmas, las preguntas. En ese momento solo existíamos nosotros... Cuando nos separamos, ninguno habló. Su frente quedó apoyada contra la mía.

Vittoria: ¿Esto cambia las cosas?

Alexandre: Sí, así es.

Vittoria: ¿Y ahora qué?

Alexandre respiró lentamente y me rozo los labios de forma sutil.

Alexandre: Ahora dejamos de mentirnos.

Abrí los ojos, una sonrisa apareció en sus labios y contra todo pronóstico, me reí. Una risa pequeña. Cansada, pero sincera. Él volvió a besarme, esta vez no hubo ninguna pregunta.

Vittoria: ¿Y si no quiero complicarlo?

Alexandre: Vittoria, llevamos demasiado tiempo complicándolo.

Alexandre

Cuando salí de aquella oficina pasada la medianoche, comprendí que había cometido un error. No porque me arrepintiera, todo lo contrario, quería volver y eso era mucho más peligroso... Me detuve frente al ascensor, miré las puertas cerradas. Durante semanas había intentado convencerme de que Vittoria era simplemente una mujer que me atraía. Eso habría sido fácil; Deseo, atracción, una cuestión de tiempo. Pero aquello no había sido solamente deseo. Durante semanas había esperado su regreso, había buscado su mirada, había rechazado distracciones que antes jamás habría rechazado y esa noche, cuando ella me dijo que no quería que me fuera, sentí algo que no estaba acostumbrado a sentir ¿Alivio? Sonreí para mí, las puertas del ascensor se abrieron, entré y mientras descendía, solo pude pensar en una cosa. Por primera vez en mucho tiempo, había encontrado algo que no quería conquistar. En este caso solo quería conservarlo.

1
Ester Bacigaluppi
buenísima
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