Camila y Luciano son grandes amigos desde pequeños, ambos se quieren como hermanos, pero las trampas y envidia de una mujer perversa hacen que dos amigos, unan sus vidas por el bienestar de una inocente.
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Rastros que conectan vidas
El silencio del departamento se alarga unos instantes, denso y cargado de propósito, Emiliano se pone de pie de golpe, la confusión había dado paso a una determinación de acero, como si las palabras de Elena hubieran encendido una llama que no dejaría apagarse, camina de un lado a otro, las manos entrelazadas tras la espalda, la mente ya trazando cada paso que daría, cada rastro que seguiría.
—No perderé ni un día —Dice, deteniéndose frente a ella con la voz firme, pero con un trasfondo de emoción que no puede ocultar.
—Mañana mismo empiezo con la investigación, cada documento, cada detalle sobre esa joven, quiero saber su nombre completo, su historia, quiénes la criaron y lo más importante, de dónde vino realmente.
Elena asintió con gravedad, meciendo suavemente a Milagros que acababa de abrir los ojitos, buscando luz con su mirada de recién nacida. —Ten cuidado, Emiliano, quien oculta una verdad durante diecinueve años no lo hace sin motivo, hay secretos que pueden ser peligrosos si se remueven de golpe.
—Lo sé, Pero no puedo quedarme con los brazos cruzados, no cuando siento que la respuesta a todo lo que sufrimos, a lo que perdimos, está en esa muchacha. —Se acercó a la ventana, mirando las luces de la ciudad que se encendían una a una— Primero averiguaré su nombre, Por el impacto no llegue a preguntar a la joven, luego averiguaré por qué su rostro es la copia exacta del rostro de Camila.
_ Elena, Luciano no está bien, anda como un loco buscando a su hija, pienso que ya es hora de decirle la verdad sobre ustedes, que sea él quien decida si te sigues manteniendo oculta o si ambas regresan a su casa.
_ Tengo miedo Emiliano, por la seguridad de la pequeña Milagros, ella es todo lo que me queda de Camila. — Dice Elena entre lágrimas.
— Lo sé Elena, amo a esta bebe, porque es parte de la mujer que amo, la protegeré toda la vida, no creas que no sé sobre tus sentimientos por Luciano, para ser sincero siempre lo supe.
— Amo a Luciano desde que era una niña, pero sabía que él jamás se fijaría en una sirvienta, Camila era diferente, pese a que era hija adoptiva del ama.de llaves, pero su sencillez y su humildad, hacía que todos la amaran, ella para ella yo no era transparente, siempre fue buena conmigo.
— Así era mi dulce Camila, el destino hizo que jamás estuviéramos juntos.
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A la mañana siguiente, llega a su oficina antes de que el sol terminara de asomarse, cierra la puerta detrás de él, se sienta tras su escritorio de caoba oscura y da la orden de reunir cada dato posible sobre aquella joven que conoció en el hospital.
No pasa mucho tiempo antes de que los primeros informes empiecen a llegar, al leerlos, el ceño de su frente se le frunció cada vez más, aquella joven es hija de Gerardo Fiore y Amalia Smith, pero no hay acta de nacimiento oficial, solo consta como una “adopción” que nunca se formalizó.
Sus sospechas crecían por momentos, Pasa las horas sumergido en papeles, fechas, nombres que no cuadraban, historias que no cierran, descubre que la salud de Daniela Fiore Smith, por qué por fin supo cómo se llama aquella muchacha, ella había sido frágil desde la infancia, que nunca recibió el cariño de sus padres, que su abuelo era el único que realmente la protegía y lo más inquietante es la fecha aproximada de su nacimiento, coincidía exactamente con el día en que Camila llegó al mundo, eran de la misma edad, el mismo año, casi la misma fecha.
Pero faltaba el detalle de que le heló la sangre, buscó con minuciosidad la fecha del trasplante, al verla,sintió que el aire se le escapaba de los pulmones, es exactamente el mismo día en que Camila murió, la misma clínica y el mismo médico, no podía ser casualidad, el destino no jugaba con tantas coincidencias a la vez.
Esa tarde regresa al departamento con el corazón acelerado, los documentos apretados contra su pecho como si fueran el tesoro más valioso del mundo, Elena lo esperaba en la sala, y al ver su rostro pálido pero los ojos encendidos de certeza, supo que había encontrado algo grande, algo que cambiaría todo para siempre.
—¿Lo descubriste? —Pregunta ella en voz baja, sin atreverse a decirlo en voz alta.
Emiliano se sienta frente a ella, mirándola fijamente antes de hablar, cada palabra es pesada y llena de asombro.
—Todo encaja, Elena, la edad, la fecha, el parecido y lo que más me rompe y me ilumina a la vez, el corazón que late en el pecho de Daniela es el corazón de Camila, si se parecen tanto, si son idéntica, entonces significa que nunca fueron simples desconocidas, significa que eran hermanas, que nacieron juntas, que debieron crecer juntas y alguien de alguna forma las separaron.
Elena soltó un suspiro tembloroso, llevándose las manos a la boca para ahogar un grito de asombro y conmoción, mientras las lágrimas empezaban a brotar sin querer, la pequeña Milagros, despierta entre sus brazos, movió sus manitas como si también ella sintiera que el mundo por fin empezaba a ordenarse.
—¡Dios mío!—susurra ella— Separadas desde el nacimiento ¿Quién pudo hacer algo tan cruel?
—Todavía no lo sé — Responde Emiliano con voz quebrada, pero firme— Aún no conozco a nadie que busque a dos niñas perdidas, como sucedió hace muchos años, de repente ya dejaron de buscarlas, pero lo averiguaré en reportes pasados.
Descubriré quién las separó, por qué y si existen unos padres que llevan diecinueve años esperando encontrarlas. La verdad está empezando a salir, Elena y ya nadie podrá detenerla.