Ya llegue con una nueva historia, bueno lean la y comenten
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14
El rugido del dragón sacudió el Bosque de las Sombras.
Los árboles se inclinaron por la fuerza del viento que levantaban sus enormes alas.
Las aves huyeron despavoridas.
Los caballos de los soldados ocultos comenzaron a relinchar de miedo.
Hasta el misterioso hombre de la máscara plateada dio un paso hacia atrás.
—Imposible... —murmuró.
Astaroth sonrió, aun atrapado por las cadenas.
—¿Qué sucede? ¿Creías que eras el único monstruo de este bosque?
El dragón descendió lentamente.
Cada paso hacía temblar la tierra.
Sus escamas negras reflejaban la luz de la luna como si fueran obsidiana.
Sus enormes ojos rojos observaron a todos los presentes.
No distinguían aliados de enemigos.
Solo intrusos.
—Esto no me gusta... —susurró Selene, empuñando con fuerza su espada.
El hombre de la máscara dio una orden.
—¡Maten al dragón!
Una lluvia de flechas salió desde los árboles.
Ninguna atravesó las escamas de la criatura.
El dragón lanzó un rugido ensordecedor.
De su boca brotó un torrente de fuego negro.
Las llamas arrasaron el bosque.
Los encapuchados corrieron en todas direcciones.
Varios fueron alcanzados y desaparecieron entre el fuego.
—¡Retírense! —gritó uno de los capitanes.
El ejército enemigo comenzó a desorganizarse.
Era exactamente lo que el dragón quería.
Mientras tanto...
Selene seguía intentando romper las cadenas de Astaroth.
Golpeó una y otra vez.
Nada.
—¡Maldita sea!
Astaroth la observó.
—Princesa...
—¡No hables!
—Escúchame.
Ella levantó la vista.
Él sonreía.
Incluso en esa situación.
—Debajo de la roca.
A la derecha.
Selene miró rápidamente.
Había una pequeña piedra negra cubierta de runas.
—Es el núcleo del hechizo.
Destrúyelo.
Sin perder un segundo, corrió hacia la roca.
Pero antes de alcanzarla...
El hombre de la máscara apareció frente a ella.
Su espada negra chocó contra la de Selene.
El impacto hizo retroceder a la princesa.
—No permitiré que lo liberes.
Selene respiró hondo.
—Entonces tendrás que detenerme.
Los dos comenzaron un feroz combate.
El enemigo era increíblemente fuerte.
Cada golpe hacía vibrar los brazos de Selene.
Aun así...
No retrocedió.
Pensó en su padre.
En Cedric.
En su pueblo.
Y, sin darse cuenta...
También pensó en Astaroth.
No podía dejar que muriera.
Astaroth observaba el combate con impotencia.
Las cadenas drenaban lentamente su energía demoníaca.
—Vamos, Selene...
Tú puedes.
El hombre de la máscara sonrió.
—Eres mejor espadachina de lo que esperaba.
—Y tú hablas demasiado.
Selene aprovechó un instante de descuido.
Giró sobre sí misma y lanzó una patada al pecho de su enemigo.
El hombre retrocedió apenas un paso.
Pero fue suficiente.
Selene corrió hasta la roca.
Levantó la espada.
—¡Ahora!
La hoja descendió con toda su fuerza.
¡CRACK!
La roca se hizo pedazos.
Las cadenas negras desaparecieron en un instante.
Astaroth volvió a ser libre.
El hombre de la máscara maldijo por lo bajo.
—¡Inútiles!
Intentó escapar.
Pero Astaroth ya estaba frente a él.
Su expresión había cambiado.
Ya no sonreía.
Sus ojos dorados brillaban con una intensidad aterradora.
—Te dije...
Que hablar demasiado era un error.
Los dos chocaron con una fuerza brutal.
El bosque tembló.
El enemigo logró bloquear el primer golpe.
El segundo.
El tercero.
Pero comprendió algo.
Astaroth era mucho más fuerte de lo que había imaginado.
Aprovechando una nube de humo creada por el dragón, lanzó una bomba al suelo.
La explosión cubrió el claro.
Cuando el humo se disipó...
Había desaparecido.
Solo quedó su voz, resonando entre los árboles.
—Nos volveremos a ver, príncipe...
La próxima vez...
Uno de ustedes morirá.
El dragón lanzó un último rugido y desapareció entre la oscuridad del bosque, como si jamás hubiera estado allí.
El silencio regresó poco a poco.
Lilith comenzó a despertar.
Confundida, miró a su alrededor.
—¿Qué... ocurrió?
Astaroth respondió con calma.
—Te usaron como carnada.
Lilith bajó la mirada.
Por primera vez, no tuvo una respuesta orgullosa.
Parecía sinceramente afectada.
Selene observó la escena.
Comprendió que Lilith no había participado en aquella trampa.
También había sido una víctima.
Cuando emprendieron el camino de regreso al palacio, Astaroth caminó junto a Selene.
—Gracias.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Por qué?
—Porque regresaste por mí.
Selene sonrió apenas.
—No podía dejar que mi prometido muriera.
Astaroth se quedó inmóvil por un instante.
Luego sonrió como un niño que acababa de ganar el mundo.
—¿Escuché bien?
—No lo repetiré.
—Lástima...
Porque pienso recordarlo el resto de mi vida.
Selene rodó los ojos, aunque no pudo ocultar una leve sonrisa.
Sin embargo, desde lo alto de un acantilado, el hombre de la máscara observaba cómo se alejaban.
Se quitó lentamente la máscara plateada.
Solo se alcanzó a ver una cicatriz que cruzaba uno de sus ojos.
Sonrió con frialdad.
—Así que el vínculo entre ustedes ya comenzó...
Perfecto.
Ahora será mucho más divertido romperlo.
muchas gracias, bendiciones...