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Bajo El Cielo De Madrid

Bajo El Cielo De Madrid

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Amor eterno
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Da Ponte

Bajo el cielo de Madrid

Camila viaja a España con su pequeña hija buscando una nueva oportunidad. Lo que nunca imaginó era que su vida cambiaría al conocer a Nicolás Ferrer, uno de los futbolistas más importantes del mundo.

Él lo tiene todo... excepto paz. Ella solo busca empezar de nuevo. Pero cuando el destino insiste en cruzar sus caminos, ambos deberán decidir si están dispuestos a arriesgarlo todo por un amor que nunca debió existir.

NovelToon tiene autorización de Camila Da Ponte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un café bajo la lluvia

Capítulo 14: Un café bajo la lluvia

La lluvia había regresado a Madrid.

Desde temprano, el cielo permanecía cubierto por gruesas nubes grises que envolvían la ciudad en un ambiente melancólico. Camila observó el paisaje desde la ventana de su departamento mientras terminaba de preparar el desayuno.

Lola, sentada frente a una taza de chocolate caliente, dibujaba con el dedo sobre el vidrio empañado.

—Mamá, parece que el cielo está llorando.

Camila sonrió con ternura.

—A veces también necesita hacerlo.

Lola levantó la vista.

—¿Las personas grandes también lloran?

Camila se quedó en silencio unos segundos.

—Sí... pero muchas veces intentan que nadie las vea.

La pequeña se levantó de la silla y la abrazó.

—Yo siempre te voy a abrazar si estás triste.

Camila sintió un nudo en la garganta.

—Y yo a vos, siempre.

La jornada en el Grupo Ferrer transcurrió con normalidad durante toda la mañana. Camila estaba concentrada organizando la agenda de la semana cuando Laura se acercó.

—Camila, necesito que lleves estos documentos a la cafetería de la esquina.

Ella frunció el ceño.

—¿A la cafetería?

—Sí. El señor Ferrer tiene una reunión informal con un patrocinador. Olvidó unos contratos importantes.

—Voy enseguida.

Tomó la carpeta y salió del edificio.

La lluvia caía con fuerza sobre Madrid. Caminó sujetando el paraguas con una mano mientras protegía los documentos con la otra.

Al llegar a la cafetería, buscó con la mirada.

No tardó en encontrarlo.

Nicolás estaba sentado junto al ventanal, vestido con un elegante traje azul oscuro. Frente a él había una taza de café y varios papeles sobre la mesa.

Cuando la vio entrar, se puso de pie.

—Camila... ¿qué hacés acá?

Ella levantó la carpeta.

—Laura me mandó a traer estos documentos.

Él sonrió.

—Me salvaron la reunión.

En ese momento el empresario con quien estaba reunido recibió una llamada urgente.

—Disculpá, Nicolás. Tengo que irme. Continuamos otro día.

—No hay problema.

El hombre se marchó rápidamente.

Camila dejó la carpeta sobre la mesa.

—Bueno... yo también me voy.

Justo cuando dio un paso hacia la puerta, un relámpago iluminó el cielo y la lluvia comenzó a caer con mucha más intensidad.

Nicolás miró por la ventana.

—Con esa tormenta no vas a poder salir.

Camila observó la calle completamente cubierta de agua.

—Parece que no...

Él señaló la silla frente a él.

—¿Querés esperar un rato? Ya que estamos acá... podés tomar un café.

Ella dudó unos segundos.

No era lo correcto.

Pero tampoco podía volver a la empresa bajo semejante tormenta.

Finalmente aceptó.

—Solo unos minutos.

Se sentó frente a él.

Un mozo se acercó enseguida.

—¿Qué vas a tomar?

—Un café, por favor.

Mientras esperaban el pedido, ninguno de los dos hablaba.

No era un silencio incómodo.

Simplemente disfrutaban del sonido de la lluvia golpeando contra los ventanales.

Fue Nicolás quien rompió el silencio.

—¿Extrañás Argentina?

Camila bajó la mirada hacia la taza.

—Todos los días.

—¿Entonces por qué viniste?

Ella respiró profundamente.

—Porque quería darle una oportunidad mejor a Lola.

Hizo una pausa antes de continuar.

—En Argentina las cosas se habían vuelto muy difíciles para nosotras. Sentía que, si me quedaba, nunca iba a poder darle el futuro que soñaba.

Nicolás la escuchaba sin interrumpirla.

—No debe haber sido fácil.

—No lo fue.

Sonrió con nostalgia.

—Pero verla feliz hace que todo valga la pena.

Nicolás apoyó los codos sobre la mesa.

—Se nota que sos una gran mamá.

Camila sintió un leve rubor en sus mejillas.

—Solo intento hacer lo mejor que puedo.

Él sonrió.

—Y lo estás logrando.

Por un instante, sus miradas volvieron a encontrarse.

Nicolás descubría una fortaleza enorme detrás de aquella mujer dulce y tranquila.

Camila, en cambio, comenzaba a conocer al hombre que existía detrás del futbolista famoso.

No era arrogante.

No necesitaba demostrar quién era.

Simplemente escuchaba.

Y eso la sorprendía.

En ese momento, el teléfono de Nicolás vibró sobre la mesa.

La pantalla se iluminó.

Valentina ❤️

Su expresión cambió.

Miró el teléfono durante unos segundos antes de contestar.

—Hola.

Camila bajó la vista.

No quería escuchar una conversación privada.

—¿Dónde estás? —preguntó la voz de Valentina.

—En una reunión.

—Llevás días diciendo lo mismo.

—Después hablamos.

La llamada terminó rápidamente.

Cuando volvió a levantar la vista, encontró a Camila observando la lluvia.

—Perdón.

Ella negó con la cabeza.

—No tenés que disculparte.

Un nuevo silencio apareció entre los dos.

Esta vez era diferente.

Más profundo.

Ambos sabían que existía una línea que no debían cruzar.

Y, sin embargo, cada conversación hacía que esa línea pareciera un poco más borrosa.

Minutos después, la lluvia comenzó a disminuir.

Camila miró el reloj.

—Tengo que volver.

Se puso de pie.

—Gracias por el café.

Nicolás también se levantó.

—Gracias a vos por traer los documentos.

Caminaron juntos hasta la puerta.

Antes de salir, él la miró por unos segundos.

—Me alegra haberte conocido, Camila.

Ella sonrió con esa dulzura que ya empezaba a desarmarlo.

—A mí también, Nicolás.

Camila abrió el paraguas y salió bajo la lluvia.

Nicolás permaneció inmóvil observándola alejarse por la vereda.

No había pasado nada.

Ni una palabra fuera de lugar.

Ni un gesto que pudiera interpretarse de otra manera.

Y, sin embargo, ambos sintieron que aquel café compartido había cambiado algo entre ellos.

Porque, a veces, los sentimientos no nacen con un beso.

A veces comienzan con una conversación sincera... y un café bajo la lluvia.

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