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La Villana Del Reino De Las Rosas

La Villana Del Reino De Las Rosas

Status: Terminada
Genre:Época / Mundo de fantasía / Reencarnación / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: anónimo 2710

Valérie era una bibliotecaria tranquila que encontró un final trágico a manos de un hombre obsesionado con ella. Sin embargo, la muerte no fue el final, sino el comienzo de una pesadilla aún más compleja. Ha reencarnado en el cuerpo de Maeve Cipriano, la recién nacida hija del Primer Ministro del poderoso Reino de las Rosas.
Su nueva vida es un paraíso de opulencia: rodeada de cunas de oro, sirvientas guerreras entrenadas de élite y una catadora de alimentos personal, Maeve vive en el pináculo del poder. Pero su padre, Santiago Cipriano, un hombre marcado por un pasado de pobreza, guerra y una terrible traición familiar que lo llevó a encarcelar a su propio padre, la adora con una intensidad que roza lo asfixiante.
El verdadero horror llega cuando los recuerdos de su vida pasada se aclaran y Valérie comprende dónde está: ha renacido dentro de la trama del segundo libro de una trilogía de fantasía oscura que leyó anteriormente. Y el papel que le corresponde no es el de una heroína salva

NovelToon tiene autorización de anónimo 2710 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: Primeros pasos, doble cara y la carga de ser la villana

​Adivine quién ya parece estar lista para gatear después de apenas 7 meses de haber estado en este mundo. Sí, yo.

​En este tiempo he aprendido muchísimas cosas, absorbiendo cada detalle de mi entorno mientras crezco bajo el cuidado de unos padres que son sumamente cariñosos y, a la vez, exageradamente sobreprotectores. Tanto es así que, inevitablemente, he terminado por agarrarles un profundo cariño. Mi madre se la pasa prácticamente todo el tiempo conmigo, atenta a cada uno de mis movimientos, mientras que mi padre, con sus múltiples obligaciones políticas, entra y sale corriendo a cada rato.

​Aun así, cuando logra un espacio libre, viene directo a la cuna.

​—¿Cómo está la niña más hermosa del Reino de las Rosas? —me decía Santiago, levantándome en vilo con una sonrisa cansada pero genuina mientras besaba mis mejillas—. Papá tuvo un día pesado en el ministerio, pero ya estoy aquí contigo, mi pequeña.

​—Ay, Santiago, no la malcries tanto que luego no la soltará nadie —le respondía Alessia con una cálida risa, acercándose para tomarme de sus brazos y acomodarme contra su pecho con infinita dulzura—. ¿Verdad que mami te cuida mejor, mi amor?

​Y yo, atrapada en un cuerpo de siete meses, balbuceaba pequeños sonidos intentando aparentar la bebé más tierna y pacífica del universo. Pero por dentro, mientras jugaba con sus dedos, mi mente regresaba al punto crítico de la historia: el contenido del segundo libro

​Recordé la descripción exacta que se hacía de Maeve Cipriano en las páginas de aquella novela. Decían que ella era una persona profundamente mimada y de doble cara. Una maestra absoluta de la manipulación. Frente a su padre, Santiago, y frente a mi madre, Alessia, adoptaba la fachada más dulce e inocente del mundo, siendo una hija perfecta y obediente.

​Pero con los demás... la realidad era completamente distinta.

​Fuera de la presencia de sus padres, Maeve era cruel. Trataba mal a los empleados y sirvientes de la mansión, menospreciándolos bajo la constante premisa de que todos ellos eran inferiores a ella. Se la pasaba humillando y menospreciando a las personas, escupiendo veneno con una superioridad que la convertía en un verdadero monstruo antes incluso de llegar a la adolescencia.

Recordaba vívidamente un pasaje donde una joven Maeve, apenas un poco más grande que ahora, despachaba a sus criadas con crueldad:

—¡Inútiles! ¿Acaso no pueden hacer algo tan simple como acomodar mis vestidos por gama de colores? —les gritaba la Maeve del libro con desprecio, cruzándose de brazos—. Son peores que simples adornos de piedra; recuerden que ustedes solo están aquí para servir a los superiores, y mi familia es dueña de cada respiro que dan en este castillo. ¡Largo de mi vista antes de que le diga a mi padre que los desuello!

Al recordar esas palabras, un nudo se formaba en mi garganta de bebé. En la historia original, esa arrogancia desmedida y ese hábito de presionar y humillar a los sirvientes creaba un nido de resentimiento silencioso a su alrededor. Nadie la amaba de verdad; todos la temían o la odiaban en secreto.

​Mientras asimilaba esto y me sostenía temblorosamente sobre mis manos y rodillas en medio de la lujosa alfombra, un escalofrío me recorrió la espalda. La novela dictaba que esa personalidad altanera, déspota y malcriada era el detonante de su perdición, el rasgo que hacía que todo el mundo la aborreciera y deseara su caída.Mientras me encontraba allí, atrapada en mi pequeña cuna y balbuceando como cualquier bebé de apenas siete meses, mi mente de adulta dio un salto vertiginoso hacia adelante, conectando los fragmentos finales de la historia que dictaba el segundo libro.

En mi mente, el futuro se proyectaba con una claridad aterrorizante: lo que sucedería cuando cumpliera los catorce años.

Recordé el día en que mi padre, Santiago, orgulloso de mí, me llevaría a los grandes salones del castillo real. Fue allí donde conocería a la princesa Cataella. Tenía exactamente mi misma edad, pero era el polo opuesto a lo que yo representaba. Mientras que a mí me temían por mi carácter, a Cataella todo el mundo la quería y la adoraba. A su alrededor siempre orbitaba un grupo de jóvenes deslumbrantes: sus dos hermanos mayores, el príncipe Abraham y el príncipe Sebastián; el futuro duque Alejandro con su primo Adrián; y, por último, Tyron, el futuro rey del Reino de Diamante y prometido oficial de Cataella.

—¿Por qué todos la miran a ella y a mí me evitan? —pensaba la versión futura de Maeve en mi mente, sintiendo cómo la envidia la consumía por dentro.

Al ser rechazada por los jóvenes al intentar llamar su atención, la rabia me cegaba por completo y decidía culpar a Cataella. Si no puedo tener su atención por las buenas... la tendré por las malas.

En mis pensamientos de bebé, el recuerdo de mis propias acciones futuras me revolvía el estómago: la campaña sistemática de crueldad, las humillaciones y el acoso constante contra la princesa hasta empujarla al suicidio. Y luego, el colapso absoluto. Cuando mis padres descubrieran la verdad, su dolor sería tan inmenso que ellos mismos decidirían entregarme a la justicia.

Podía sentir, casi como un fantasma en mi pequeño cuello, la fría presión de la soga. El juicio, la horca frente a una multitud enfervorizada que celebraba mi muerte, y el trágico final de mis padres, quienes —incapaces de soportar la vergüenza y consumidos por el remordimiento— terminarían quitándose la vida para expiar mis pecados.

De repente, un sollozo real y angustiado escapó de mi garganta de bebé, sacándome de ese trance mental.

Mi madre, Alessia,corrió de inmediato hacia mí, tomándome en sus brazos y acunándome con desesperación.

—¿Qué pasa, mi amor? ¿Qué te asusta tanto, pequeña mía? —me susurró ella con la voz quebrada de preocupación, besando mis mejillas con infinita ternura.

Mientras sentía el calor de sus brazos, abrí mis ojos grandes y miré fijamente a la mujer que, en un futuro escrito, lloraría mi muerte antes de quitarse la vida por mi culpa. Un terror helado me recorrió entera: ese destino atroz, esa horca y esa maldad desmedida eran el camino que el libro había trazado para mí. Pero si ahora tenía la oportunidad de pensar, de sentir y de recordar... tenía que hacer algo para evitar convertirme en el monstruo que llevaría a toda mi familia a la ruina.

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