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Renaci Y Está Vez No Vuelvo Contigo

Renaci Y Está Vez No Vuelvo Contigo

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

En mi vida anterior amé hasta destruirme.
Soporté cada traición creyendo que el amor debía doler.
Morí rota.
Desperté años atrás con una sola promesa: esta vez no vuelvo contigo.

NovelToon tiene autorización de VICTOR CUETO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: Las bolsas junto a la puerta

Las bolsas junto a la puerta

Las bolsas negras seguían en el mismo lugar.

Tres días.

Setenta y dos horas mirándolas cada vez que pasaba hacia la cocina o hacia la puerta. Se habían convertido en un recordatorio silencioso de que decir “se terminó” era solo el primer paso. El verdadero trabajo empezaba después, cuando había que deshacerse de las pruebas físicas de que alguna vez había existido algo.

Lucas las evitaba con la mirada. Yo no podía. Cada vez que las veía sentía una punzada distinta: a veces rabia, a veces nostalgia, a veces un miedo absurdo a que, si las tiraba, también estaría tirando una parte de mí que todavía no sabía cómo reemplazar.

Esa mañana me planté frente a ellas con los brazos cruzados.

—Hoy —dije en voz alta.

Lucas, que estaba preparando café, se asomó desde la cocina.

—¿Hoy qué?

—Hoy las saco de aquí. No puedo seguir pasando al lado de ellas como si fueran un mueble más.

Él dejó la cafetera y se acercó.

—¿Quieres que lo hagamos juntos?

Asentí. No estaba segura de poder hacerlo sola.

Bajamos las bolsas al contenedor de la esquina. El trayecto fue corto, pero se sintió largo. El plástico crujía con cada paso. Cuando llegamos, abrí la tapa del contenedor y el olor a basura me golpeó la cara. Por un segundo dudé. La mano se me quedó quieta sosteniendo la primera bolsa.

—¿Cambiaste de opinión? —preguntó Lucas en voz baja.

—No. Solo… es más difícil de lo que pensé.

—Es normal. Estás tirando años, no solo cosas.

Respiré hondo. Conté hasta tres. Y solté la bolsa. El sonido que hizo al caer fue sordo, definitivo. La segunda bolsa siguió después. Cuando la tapa del contenedor se cerró, sentí que algo se desprendía dentro de mí. No fue alivio inmediato. Fue un vacío más agudo, más honesto.

Lucas me pasó un brazo por los hombros.

—Listo. Ya no están en casa.

—Ya no están —repetí, como si necesitara escucharlo en mi propia voz.

Volvimos en silencio. El departamento se sentía distinto sin las bolsas junto a la puerta. Más grande. Más extraño. Me senté en el sillón y miré el espacio vacío donde habían estado. Lucas se sentó a mi lado.

—¿Cómo te sientes?

—Como si hubiera perdido una capa de piel. Arde. Pero… puedo respirar mejor.

Él apoyó la cabeza en mi hombro.

—Vas a estar bien. Más despacio de lo que quieres, más rápido de lo que crees. Pero vas a estar bien.

Esa tarde no tenía ganas de quedarme entre cuatro paredes. Agarré la libreta, me puse una campera y salí a caminar sin rumbo fijo. Terminé, como casi siempre últimamente, frente al café. Pedí un latte y me senté en la mesa del fondo. Esta vez no escribí sobre Mateo. Escribí sobre el sonido de las bolsas al caer. Sobre el miedo a no saber quién era sin alguien a quien aferrarme. Sobre la extraña sensación de que el dolor, por fin, era solo mío.

Llevaba un rato escribiendo cuando una sombra se detuvo junto a la mesa.

—Otra vez la libreta —dijo Adrián.

Levanté la vista. Hoy llevaba una camisa gris y el cansancio de quien había trabajado todo el día. Tenía una carpeta debajo del brazo.

—Otra vez tú —respondí, pero sin molestia.

—¿Puedo o estás en medio de algo importante?

—Puedes. No es tan importante. Solo… procesando.

Se sentó. Pidió un café negro cuando pasó la mesera. Después miró mi libreta abierta y desvió la vista con respeto.

—Hoy tiré sus cosas —dije de pronto—. Las que me quedaban. Las bajé a la basura con mi hermano.

Adrián no hizo ningún comentario exagerado. Solo asintió.

—Eso pesa.

—Más de lo que esperaba. Pensé que después de cortar iba a ser más fácil. Pero cada objeto tenía una historia. Y al tirarlos sentí que también tiraba las versiones de mí que existían dentro de esas historias.

—Las versiones no se tiran —dijo con suavidad—. Se integran. Algunas se quedan. Otras se transforman. Pero no desaparecen del todo. Y está bien.

Me quedé callada un momento, dándole vueltas a sus palabras.

—¿Tú… todavía tienes cosas de esa persona? ¿De la que te fuiste quedando a pedazos?

Adrián giró la taza entre las manos.

—Tuve. Durante mucho tiempo. Un día las junté todas y las quemé en una fogata en el patio de una casa que alquilaba. No fue poético. Fue necesario. El humo me irritó los ojos y aun así me sentí más ligero después.

Sonreí apenas.

—Suena más dramático que mis bolsas negras.

—Cada quien tiene su ritual. Lo importante es que el ritual exista.

Hablamos un rato más. De cosas pequeñas. Del trabajo. Del barrio. De lo raro que se sentía el otoño este año. En ningún momento me preguntó si todavía amaba a Mateo. En ningún momento me dijo que todo iba a estar bien. Solo estuvo presente. Y esa presencia, sin exigencias, se estaba volviendo adictiva de una forma que me asustaba un poco.

Cuando el café se enfrió, Adrián miró su reloj.

—Tengo una reunión en veinte minutos. Debo irme.

Se levantó. Antes de irse, dejó un billete sobre la mesa para cubrir ambas consumiciones.

—La próxima va por mi cuenta —dije.

—La próxima —repitió, y por primera vez vi una sonrisa pequeña, casi imperceptible, en su boca—. Cuídate, Valeria.

Se fue.

Me quedé mirando el lugar que había ocupado. Después bajé la vista a la libreta y escribí:

“Hoy tiré las últimas pruebas físicas de lo que fuimos.

Duele.

Pero el espacio que quedó ya no se siente solo como ausencia.

Se siente como un lugar donde algo nuevo podría caber…

si algún día me atrevo.”

Cerré la libreta.

Mientras caminaba de regreso a casa, el aire frío me pegaba en la cara y por primera vez en mucho tiempo no me molestó. Me recordó que estaba viva. Que había elegido quedarme. Que el dolor, aunque todavía presente, ya no me estaba consumiendo por dentro.

Cuando llegué al departamento, Lucas estaba en la cocina cocinando algo que olía a ajo y cebolla.

—Tiraste las bolsas —dijo sin girarse.

—Sí.

—¿Y?

—Y ahora hay un hueco en la entrada. Pero ya no me tropiezo con el pasado cada vez que salgo.

Lucas se giró y me miró con una sonrisa cansada pero genuina.

—Eso es progreso, hermana. Progreso de verdad.

Me acerqué y le robé un trozo de pan de la tabla.

—¿Y tú? ¿Cómo vas con tu propio hueco?

Él suspiró.

—Algunos días quiero escribirle. Otros días me alegro de no poder hacerlo porque lo bloqueé. Hoy… hoy solo quiero comer lo que sea que estoy cocinando y no pensar demasiado.

—Entonces comamos. Y no pensemos demasiado.

Pusimos la mesa. Cenamos. Hablamos de cualquier cosa menos de Thiago y de Mateo. Y por un rato, el departamento se sintió otra vez como un hogar y no como el escenario de un duelo.

Esa noche, antes de dormir, me paré frente al armario vacío. Ya no había caja en el fondo. Ya no había remeras que no eran mías. Solo mi ropa. Mi espacio.

Me miré en el espejo de la puerta.

La mujer que me devolvió la mirada tenía ojeras y el cabello alborotado. Pero los ojos… los ojos ya no estaban completamente apagados.

—Vamos bien —le susurré a mi reflejo—. Despacio. Pero vamos bien.

Después apagué la luz y me metí en la cama.

El hueco seguía ahí.

Pero por primera vez desde que desperté en esta nueva vida, no tuve miedo de que me tragara.

Tenía la sensación de que, poco a poco, estaba aprendiendo a habitarlo.

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BL Autor 🌈
Me tocó analizar de nuevo y empezar a reescribir la historia, desde el episodio 18, les prometo que subiré lo más rápido posible cuando tengas las correcciones, quiero hasta llorar de la vergüenza, pero soy humano y me equivoco, para alguien como yo que le puso esmeró a la historia y no la analizó bien, me tocó leerla nuevamente y empezar a corregir, nuevamente me disculpo, espero que lo disfruten, tome en tiempo de leerla
BL Autor 🌈
¡ANUNCIO IMPORTANTE!, algunos pudieron notar que ya iba por el episodio 40, dado el caso sufrí un pequeño regaño de parte de mi editora jajaj, el borrador que usé lo subí con tanta emoción que no me di de cuenta que desde el episodio 18 en adelante la historia perdía su ritmo, se perfectamente que personas ya iban adelantadas y las que no, ofrezco una disculpa, pido una oportunidad, ya que soy un nuevo autor y me cuesta hacer las cosas bien por más que lo intento
Victor Cueto
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