Descripción
La historia comienza con una joven de 20 años que decide independizarse y vivir sola en un apartamento. Lo que no imagina es que allí conocerá a un hombre que carga con un dolor profundo. Su esposa y su pequeño bebé murieron, dejándolo completamente destrozado. Desde aquella tragedia, él cambió por completo: comenzó a beber demasiado, salir de fiesta constantemente y vivir como si nada le importara. La joven pronto descubrirá que detrás de ese hombre fiestero, borracho y aparentemente despreocupado existe alguien que todavía sufre por su pasado. Sin quererlo, ella terminará entrando en su vida y descubriendo su historia.
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Capítulo 21 — Una noticia que trajo recuerdos
Narra Maidy
Había pasado un mes desde que Eithan y yo habíamos comenzado oficialmente nuestra relación.
En ese tiempo habían cambiado muchas cosas.
Eithan ya no era el mismo hombre que conocí cuando llegué al edificio. Había dejado las fiestas casi por completo, estaba trabajando como ingeniero civil y, unas semanas atrás, había tomado la decisión de mudarse conmigo.
Ahora compartíamos el mismo apartamento.
A veces discutíamos por bobadas, como quién debía lavar los platos o quién había dejado la puerta abierta, pero también teníamos momentos muy bonitos.
Yo estaba feliz.
O al menos eso pensaba.
Durante los últimos días había comenzado a sentirme extraña.
Primero fueron los mareos.
Después las náuseas.
Luego aparecieron unos antojos bastante raros.
Una mañana me desperté con unas ganas impresionantes de comer mango con sal.
—¿Qué me está pasando? —murmuré.
También estaba más cansada de lo normal.
Al principio pensé que era por las clases, el trabajo de la universidad y todo lo que estábamos viviendo.
Pero una mañana, mientras me estaba arreglando, me quedé mirando mi reflejo en el espejo.
—No puede ser...
La idea apareció en mi cabeza.
Me dio miedo hasta pensarlo.
Ese mismo día compré una prueba casera.
Esperé hasta estar sola en el apartamento y la hice.
Los minutos se me hicieron eternos.
Cuando finalmente miré el resultado, sentí que el corazón se me detenía.
Era positiva.
—Dios mío...
Me senté en la cama.
Tenía las manos temblando.
No sabía si reír, llorar o simplemente quedarme quieta.
Iba a ser mamá.
Pero inmediatamente pensé en Eithan.
Él había perdido a su esposa y a su bebé.
Sabía que ese tema todavía le dolía muchísimo.
Aun así, pensé que quizá la noticia podía darle una nueva oportunidad.
Tal vez esta vez reaccionaría diferente.
Durante todo el día esperé a que llegara.
Cuando escuché la puerta abrirse, me levanté rápidamente.
Eithan entró cansado.
—Hola, hermosa.
—Hola.
Dejó las llaves sobre la mesa.
—¿Cómo estás?
—Bien... bueno, necesito hablar contigo.
Me miró.
—¿Pasó algo?
Respiré profundamente.
—Sí.
Saqué la prueba que había dejado guardada.
—Eithan...
Él la miró.
Su expresión cambió inmediatamente.
—¿Qué es eso?
—Estoy embarazada.
Hubo un silencio enorme.
Yo esperaba que me abrazara.
Esperaba que se sorprendiera.
Pero no fue así.
Eithan dio un paso atrás.
—¿Qué?
—Estoy embarazada.
—No.
Me quedé confundida.
—¿Qué?
—No, Maidy.
Su voz se volvió más fuerte.
—Yo no quiero ser padre.
Sentí un golpe en el pecho.
—Eithan...
—¡No quiero ser padre otra vez!
Me quedé completamente quieta.
—No me hables así.
—¿Tú sabes lo que significa para mí esto?
—Sí, sé que perdiste a tu esposa y a tu bebé, pero...
—¡No sabes nada!
Sus palabras me hicieron sentir muy mal.
—Estoy tratando de hablar contigo.
—Yo no puedo con esto.
—Es nuestro bebé.
—¡No quiero!
Las lágrimas comenzaron a caerme.
—No puedes decirme eso así.
—Necesito estar solo.
—Eithan, por favor...
Él tomó las llaves.
—Me voy.
—¿A dónde?
—No sé.
—Amor, no salgas así enojado. Te puede pasar algo.
Me miró con los ojos llenos de rabia y dolor.
—No me importa.
Abrió la puerta.
—¡Eithan!
Pero salió.
La puerta se cerró detrás de él.
Me quedé parada en medio de la sala.
Sentí que las piernas ya no me sostenían y terminé sentándome en el sofá.
Miré nuevamente la prueba que todavía tenía en mi mano.
—Mi bebé...
Las lágrimas comenzaron a caer sin parar.
Yo había imaginado tantas cosas.
Había pensado que quizá Eithan sonreiría.
Que me abrazaría.
Que tendría miedo, sí, pero que estaría conmigo.
Nunca imaginé que reaccionaría de aquella manera.
Mientras lloraba, intentaba comprenderlo.
Sabía que la noticia había tocado una herida muy profunda.
Sabía que su pasado seguía presente.
Pero sus palabras también me habían lastimado.
Muchísimo.
Me abracé el estómago aunque todavía no se notaba absolutamente nada.
—No sé qué va a pasar, mi amor —susurré—. Pero yo sí te quiero.
Miré hacia la puerta.
Una parte de mí quería salir corriendo detrás de Eithan.
Otra estaba demasiado herida.
No quería que le ocurriera nada.
Pero tampoco quería seguir escuchando palabras que me rompieran el corazón.
Mientras tanto, Eithan caminaba sin rumbo por las calles de Manizales.
Estaba furioso.
Pero debajo de aquella rabia había algo más.
Miedo.
Un miedo enorme.
La noticia había despertado todos los recuerdos que llevaba años intentando esconder.
El hospital.
Domenica.
El parto.
Su hija.
La pérdida.
Todo había vuelto de golpe.
Y ahora había una nueva vida creciendo dentro de Maidy.
Una vida que no tenía la culpa de nada.
Eithan se detuvo en una esquina y se pasó ambas manos por el rostro.
—¿Qué hice? —murmuró.
Por primera vez desde que había salido del apartamento, la rabia comenzó a desaparecer.
Y solamente quedó el miedo.
Y el arrepentimiento.