Todos creen que Valeria Moretti traicionó al hombre más peligroso del país. Él también lo creyó... y la echó de su vida sin darle la oportunidad de defenderse. Cinco años después, Valeria regresa con una pequeña hija y un pasado que juró olvidar. Alessandro De Luca, el temido Rey de la Mafia, está a punto de descubrir que la mujer que nunca dejó de amar ocultó el secreto más grande de su vida. Pero cuando la verdad salga a la luz, ya no solo estará en juego su amor... sino la vida de su familia.
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Capítulo 17: La verdad que nadie quería contar
El tiempo pareció detenerse.
Alessandro no podía apartar la mirada de aquella persona que estaba frente a él.
Era imposible.
Su mente intentaba encontrar una explicación.
Una razón lógica.
Pero no existía.
—No...
Susurró.
Valeria lo miró preocupada.
—Alessandro, ¿quién es?
Él no respondió.
Porque decirlo en voz alta significaba aceptar que otra parte de su pasado acababa de volver.
La figura dio un paso hacia la luz.
Y finalmente todos pudieron verlo.
—Hola, Alessandro.
La voz hizo que su corazón se detuviera.
—Mamá...
La palabra salió casi sin pensar.
El silencio fue absoluto.
Valeria abrió los ojos sorprendida.
La mujer que estaba frente a ellos era Elena De Luca.
La madre de Alessandro.
La mujer que había muerto cuando él era joven.
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Alessandro retrocedió lentamente.
No sabía qué sentir.
Dolor.
Confusión.
Rabia.
Durante años había vivido creyendo que había perdido a sus padres.
Y ahora uno de ellos estaba frente a él.
Viva.
—Esto es imposible.
Elena bajó la mirada.
—Lo sé.
—Yo fui a tu funeral.
Su voz comenzó a quebrarse.
—Te lloré.
Ella cerró los ojos.
—Lo sé.
Esa respuesta fue peor.
Porque significaba que ella había sabido todo ese tiempo.
Había dejado que su hijo creyera que estaba muerta.
—¿Por qué?
La pregunta salió llena de dolor.
—¿Por qué me abandonaste?
Elena no pudo sostenerle la mirada.
—Porque Antonio me obligó.
Todos miraron hacia él.
Antonio permanecía tranquilo.
Como si hubiera esperado ese momento.
—Él quería destruir a tu padre.
Dijo Elena.
—Y cuando no pudo hacerlo directamente, decidió destruir a la familia.
Alessandro miró a Antonio con furia.
—¿Tú hiciste esto?
Antonio sonrió.
—Solo moví las piezas.
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Valeria observaba la escena en silencio.
Ahora entendía algo.
La historia era mucho más grande de lo que imaginaban.
No era solo una traición.
Era una guerra que llevaba décadas.
Una guerra donde todos habían sido utilizados.
—Entonces...
Dijo Valeria.
—¿Elena también fue una víctima?
Antonio soltó una risa.
—No seas ingenua.
Miró a Elena.
—Ella tomó sus propias decisiones.
La mujer bajó la cabeza.
Y ese silencio confirmó que todavía había secretos.
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Alessandro se acercó a su madre.
—Quiero toda la verdad.
Elena respiró profundamente.
—Después de la muerte de tu padre, Antonio me hizo creer que si desaparecía, tú estarías protegido.
—¿Y le creíste?
Ella lloró.
—Era joven.
Tenía miedo.
Pensé que podía controlar la situación.
Alessandro negó con tristeza.
—Pero no volviste.
—Porque cuando quise hacerlo...
Miró a Antonio.
—Él me amenazó.
Antonio sonrió.
—Siempre tan dramática.
La mirada de Alessandro se volvió fría.
—No vuelvas a hablarle así.
Por primera vez en años, Antonio perdió la sonrisa.
Porque entendió algo.
Alessandro ya no era el niño que podía manipular.
Era un hombre dispuesto a proteger a los suyos.
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De repente, un sonido interrumpió la tensión.
Un teléfono comenzó a sonar.
Era el de Antonio.
Él miró la pantalla.
Y por primera vez pareció preocupado.
Contestó.
Escuchó unos segundos.
Su expresión cambió.
—¿Qué quieres decir con que escapó?
Todos notaron el cambio.
Antonio estaba perdiendo el control.
Colgó rápidamente.
Alessandro aprovechó.
—¿Quién era?
Antonio no respondió.
Pero Elena sí.
Su rostro palideció.
—No puede ser...
Todos la miraron.
—¿Qué pasa?
Elena tragó saliva.
—La persona que realmente comenzó todo esto...
Hizo una pausa.
—Nunca fue Antonio.
El silencio fue total.
—¿Entonces quién? —preguntó Valeria.
Elena miró hacia la oscuridad detrás de la finca.
Y susurró:
—El verdadero dueño del plan siempre estuvo observándonos.
Alessandro sintió un escalofrío.
Porque después de todo lo descubierto...
Todavía había alguien más.
Alguien que había movido los hilos desde las sombras.
Y esa persona estaba a punto de aparecer.
El silencio después de las palabras de Elena fue aterrador.
"El verdadero dueño del plan siempre estuvo observándonos."
Nadie se movió.
Nadie habló.
Porque todos entendieron lo mismo.
Antonio, Elena, Julia...
Todos podían haber sido piezas.
Pero alguien más había estado detrás de todo.
Alessandro miró a su madre.
—¿Quién?
Elena cerró los ojos.
Parecía cansada de esconder secretos.
—Alguien que tu padre conocía.
—¿Quién?
Esta vez su voz fue más fuerte.
Elena lo miró con tristeza.
—Tu abuelo.
El rostro de Alessandro cambió.
—Eso es imposible.
—No.
Elena negó lentamente.
—Tu abuelo no murió cuando todos pensaron.
Valeria sintió un escalofrío.
Otra persona que había desaparecido.
Otra mentira.
Parecía que en la familia De Luca nadie decía toda la verdad.
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Antonio dio un paso adelante.
Por primera vez parecía incómodo.
—Cállate.
Elena lo miró.
—Ya no voy a proteger tus secretos.
Alessandro observó a ambos.
—¿Tú también sabías?
Antonio no respondió.
Y ese silencio fue suficiente.
La decepción apareció en el rostro de Alessandro.
—Todos sabían algo.
Todos menos yo.
Valeria se acercó a él.
—Alessandro...
Pero él negó con la cabeza.
No estaba enojado con ella.
Estaba cansado.
Cansado de descubrir que toda su vida había estado rodeada de mentiras.
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Elena continuó.
—Tu abuelo, Vittorio De Luca, fue quien inició todo.
Marco revisó rápidamente unos documentos.
—Pero los registros dicen que murió hace veinte años.
Elena negó.
—Fue una mentira.
Alessandro la miró.
—¿Por qué fingir su muerte?
Ella suspiró.
—Porque quería controlar la familia sin que nadie supiera que seguía vivo.
—¿Y qué quería?
Elena miró hacia Antonio.
—Venganza.
Antonio apretó la mandíbula.
—Él me prometió que algún día tendría todo lo que me correspondía.
Alessandro entendió.
—Entonces tú también fuiste manipulado.
Antonio bajó la mirada.
Por primera vez no parecía un hombre poderoso.
Parecía alguien que había vivido atrapado en su propio odio.
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En ese momento, un ruido fuerte se escuchó afuera.
Todos se giraron.
Los hombres de Marco revisaron el perímetro.
Pero cuando volvieron...
Traían una noticia.
—Señor, encontraron un vehículo abandonado.
Alessandro salió.
Dentro había una caja.
La abrieron cuidadosamente.
Había documentos antiguos.
Fotografías.
Y una carta.
Alessandro tomó la carta.
La letra era de Vittorio.
Su abuelo.
Comenzó a leer.
"Si estás leyendo esto, significa que finalmente descubriste la verdad."
Todos guardaron silencio.
"Mi familia siempre fue construida sobre secretos. Creí que el poder era la única forma de proteger lo que era mío."
Alessandro continuó leyendo.
"Pero cometí el error más grande: permitir que el odio guiara mis decisiones."
Valeria miró la carta.
—Se arrepintió.
Alessandro siguió leyendo.
"Antonio, si estás leyendo esto, debes saber que nunca fuiste mi heredero porque no tenías lo que se necesita para liderar."
Antonio apretó los puños.
La herida más antigua volvía a abrirse.
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De pronto, una hoja cayó de la caja.
Era diferente.
Más reciente.
Alessandro la tomó.
Su expresión cambió.
—¿Qué pasa?
Preguntó Valeria.
Él levantó la mirada.
—Esta carta no es de mi abuelo.
Marco se acercó.
—¿De quién es?
Alessandro leyó la firma.
Y sintió que el corazón se detenía.
Porque era un nombre que no esperaba volver a ver.
—De mi padre.
El silencio fue absoluto.
—Pero tu padre murió...
Dijo Elena.
Alessandro miró la carta.
—Entonces alguien nos mintió otra vez.
Abrió el papel lentamente.
La primera frase decía:
"Alessandro, si algún día descubres esto, significa que fallé en protegerte."
Todos quedaron inmóviles.
Porque la verdad más grande de la familia De Luca todavía no había salido a la luz.
Y quizás era la que cambiaría todo.