Leandro está en campaña de buscar un esposo para su madre y un buen padre para él. ¿Este pequeño niño de tan solo 10 años podrá encontrar al hombre perfecto? O en su travesía descubrirá secretos escondidos de traiciones y engaños pasados que sufrió su madre.
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Encuentro predestinado.
De regreso al presente:
Esa semana transcurrió con una velocidad desmesurada para Leo, pero para mí, se arrastró como una eternidad. Cada amanecer, mi dedo temblaba al abrir el correo electrónico; llevaba dentro de mí una confianza ciega de poder conseguir el puesto, aunque en lo más hondo de mi ser, estaba consciente de que ya no era la jovencita de veinticinco años que alguna vez fui, y que, por esa sola razón, mis posibilidades se desvanecían como humo bajo el sol. Mi estómago se retorcía entre la esperanza desbordante y el terror paralizante con cada clic en la bandeja de entrada.
—Mami… mami…
—Ah, perdón, mi amor…— Me sobresalté bruscamente, saliendo del trance en que me había sumido, mis ojos aún clavados en la pantalla del celular. —¿Qué querías decirme?
—Que el profesor de matemáticas va a realizar una reunión muy pronto.— Leo me miraba con esos grande ojos.
—Bien, luego avísame el día y el horario exactos. _ acaricie su cabeza en forma de que todo estaría bien.
—Me agrada mucho él. ¿A ti también?— preguntó, clavando sus profundos ojos marrones en los míos, con una seriedad que no le correspondía a su edad.
—Leo, yo ni siquiera lo conozco todavía… Así que me alegra mucho saber que te cae bien y que te sientes cómodo en el colegio. Pero hijo mío… si tus intenciones no son las correctas, desiste ahora mismo.
—El señor Nahuel no está casado, y tampoco tiene novia. Además…
—Leo, por favor… comprende que esto no está bien.— Mi voz se endureció, mientras un escalofrío recorría mi espalda —No quiero que esa reunión sea para escuchar reclamos de tu impertinencia, por inmiscuirte en la vida privada de tus profesores.
—Te prometo que no es por eso, mamá…— lo vi retroceder con su cabeza agachada. Me sentí terrible por levantarle la voz.
—¿Hijo… crees que no soy suficiente para ti?— La pregunta se me escapó, sentí cómo mi voz se quebraba en medio de la frase, las lágrimas a punto de brotar.
—¡No! ¡Claro que no! Soy feliz a tu lado, mamá.
—Yo también lo soy, contigo en mi vida… así que por favor, basta con esta locura. Las relaciones no se construyen forzándolas.
—Bien, mamá… perdóname.
—Te amo con toda mi alma, mi pequeño príncipe azul.— Lo abracé con todas mis fuerzas, como si quisiera fusionarme con él, sintiendo su pequeño cuerpo contra el mío. —Soy la mujer más dichosa del mundo… solo con tenerte aquí.
Aunque parecía que Leo lo había entendido, en sus ojos se regalaban sus pensamientos. Lo conocía tan bien que no había secretos entre nosotros.
- Te amo mucho mami, ya no insistiré más ¡Lo prometo!. _ Aunque mi mamá dice esas palabras con tanto amor, yo sé que la pasa terriblemente mal, y de verdad deseo con todo mi corazón que encuentre la felicidad que se merece. No puedo rendirme en mi propósito.
La mañana siguiente:
—Leo, ven aquí… ¡rápido! Lee lo que dice este correo.— Grité, con la mano temblando tanto que casi no logro sostener el celular, mientras un torbellino de emociones revolvía mi pecho.
—Mami… dice que has pasado con éxito la entrevista… y que puedes presentarte esta tarde para terminar todo el papeleo.
—¡Ay, hijo mío! ¡Por fin!— Empecé a llorar de alegría, abrazándolo tan fuerte que él tuvo que reír entre lágrimas mías —Por fin vamos a poder construir un futuro mejor.
—Felicidades, mamá. Ahora ve a bañarte que ya tienes que ir a trabajar.— ordenó el pequeño hombre de la casa con una sonrisa de orgullo en su rostro.
—A la orden, mi capitán.— Le besé las mejillas una y otra vez, antes de correr hacia el baño. Por fin la vida se había apiadado de mí. Cuando salí, mi pequeño ángel ya estaba listo para la escuela, nunca deja de sorprenderme lo inteligente e independiente que es para su edad. No puedo explicar con simples palabras lo orgullosa que me siento de tenerlo a mi lado… pero sobre todo, no me arrepiento ni por un instante de aquella decisión, porque nunca fui tan feliz como lo soy ahora.
—¿Vamos, caballero?
—Vamos, mi bella dama.
—Leo, cuando crezcas, serás todo un rompecorazones. _ no puedo evitar reír a carcajadas.
—Nada de eso, mamá. A los corazones se los tiene que cuidar con mucho cariño… no romperlos.— dijo con una seriedad que me conmovió hasta las lágrimas.
—Tienes toda la razón. Eres un buen niño… y sin duda alguna, algún día serás un hombre increíble.
Aunque por fuera se parece tanto a Octavio, se que estoy haciendo un excelente trabajo criándolo, mi hijo es considerado, bondadoso y, sobre todo, de un corazón puro. Lo único que puedo pedirle al destino es que cuando sea grande, conozca a una buena mujer y sea tan feliz como él me hace sentir a mí.
Luego de dejarlo en la escuela, me dirigí directo al hotel. En el camino, le conté las buenas noticias a Rafa, quien se emocionó más que yo misma. Sin duda alguna, él es mi mejor, y único amigo, sin su ayuda, se podría decir que no estaría donde estoy hoy.
Ese mismo día, firmé el contrato por un año completo, con la posibilidad de renovarlo. Me presenté ante mis nuevos compañeros de trabajo, y en general, parecen personas amables. Claro que siempre hay alguien que se cree superior a los demás… pero yo pienso llevarme la fiesta en paz, así que la ignoro y me pongo a trabajar con todo el entusiasmo del mundo.
Esa noche, hicimos un pequeño festejo en casa, junto a Leo y Rafa, una pizza, un poco de refresco y un mar de sonrisas que iluminaron nuestro hogar. Unos días después, asistí a la tan mencionada reunión de la escuela… y gracias al cielo, se trataba solo de hablar de las clases extracurriculares. Cuando todos se retiraron, el profesor se acercó a mí con una expresión emocionada.
—Señora… déjeme decirle que Leandro es un niño sumamente inteligente. Me gustaría invitarlo a formar parte del grupo para las competencias de matemáticas.
—Me alegra mucho escuchar eso… y por supuesto, si Leo quiere participar, para mí no hay ningún problema. También quería disculparme con usted… por si mi hijo ha sido algo metiche en asuntos que no le conciernen.— me sentía tan orgullosa y a la vez tan apenada que no me atrevía a mirarlo a los ojos.
—¿Se refiere a las preguntas sobre mi estado civil?— preguntó, sonriendo con dulzura.
_ ¡CUANTO LO SIENTO! … ya hablé con él al respecto, y si vuelve a suceder, no dude en informármelo de inmediato.
—Tranquila… fue solo una charla casual, y no me sentí en absoluto ofendido. Me agrada mucho Leandro, es un niño que habla como un adulto, con mucha lógica y coherencia.
—Muchas gracias por tenerle tanta estima. Pero por favor, disculpe ese descuido.— Miré el reloj con prisa, sintiendo cómo el tiempo se me escapaba —Ya debo retirarme. Que tenga una excelente tarde, profesor.
La veo marcharse, y no cabe duda de que es una mujer sin igual. Entiendo perfectamente de dónde heredó todo ese carisma y encanto ese pequeño diablillo. Es una lástima que yo no le interese en lo más mínimo…
—¿Señor… por qué está mirando a mi mamá de esa forma?— Escucho la voz de Leandro detrás de mí y me sobresalto tanto que casi pierdo el equilibrio.
—¡Leandro! ¡Me vas a dar un infarto del susto!
—¿Qué se trae entre manos, profesor?— pregunta con la misma seriedad que su madre.
—Nada, nada… vamos a estudiar un poco antes de que te vayas.— Digo sonriendo, aunque por dentro sé que ese niño me tiene completamente en jaque.
Esa mirada ya me lo estaba diciendo todo, este niño está dispuesto a cuidar de su madre a capa y espada. Sin dudas, ellos dos son personas únicas en su género. Una buena mujer siempre cría a buenos hijos.
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Un mes entero transcurrió con una calma inesperada, me adapté de maravilla a mi trabajo, y Leo a su nueva escuela. Una tarde de sábado, me doy cuenta de que he traído accidentalmente las llaves de la sala de descanso del hotel, un descuido que me hace temblar de nervios.
—Leo, tenemos que ir al hotel para dejar esto… y luego nos vamos al parque, ¿vale?
—Claro que sí, mamá.
Llegamos más rápido de lo esperado, y gracias a Dios nadie la estaba usando todavía o sentiría una culpa enorme si alguien no pudiera descansar por mi torpeza.
—Espérame aquí quieto, mi amor… ya vuelvo en un instante.— Le digo, dejándolo en la recepción mientras camino hacia el pasillo de servicios.
- ¡VALE MAMI! _ me quedé observando los imponentes alrededores, los muros de mármol pulido, las lámparas de cristal que brillaban como estrellas, el suave aroma a rosas que inundaba todo el espacio. De repente, mi pie tropezó con algo y me estrellé contra un hombre.
—¡Perdón, señor! ¡No fue mi intención en absoluto!— Me agacho rápidamente para recoger lo que se había caído, pero cuando levanto la cabeza, me encuentro con sus ojos fijos en mi.
No entiendo por qué ese hombre se queda ahí, parado, mirándome con una expresión de confusión tan profunda que sus ojos están abiertos de par en par. Algo en su mirada me produce una sensación de malestar, así que decido alejarme lo antes posible.
—Lo lamento muchísimo… espero que tenga un excelente tarde, señor.— Digo, girándome para marcharme lo más rápido que puedo cuando veo salir a mamá.
- Ese niño… ese niño me resulta demasiado familiar.
Octavio 🙄