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La Reina De La Mafia

La Reina De La Mafia

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Mujer poderosa / Mafia / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Rocío Duque

Sinopsis: Él pensó que se casaba con un monstruo. Ella pensó que compraba un peón. Ninguno imaginó que el verdadero peligro no vendría de sus enemigos en las calles de Sicilia, sino de la irresistible tensión de compartir la misma cama. Una viuda poderosa, un esposo indomable y una mano derecha celosa dispuesta a todo por destruirlos.
¿Estás lista para conocer a La Reina de la Mafia? Una nueva y adictiva historia de la escritora Rocío Duque.

NovelToon tiene autorización de Rocío Duque para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

"Guerra de egos"

​El clic de la cerradura al cerrarse retumbó en la suite presidencial como un disparo sordo.

​Alexander se adentró en la habitación con esa parsimonia rústica y pesada que Victoria ya conocía bien, pero que ahora, tras lo sucedido en la sala del consejo, le resultaba profundamente inquietante. Ella estaba de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados sobre el pecho y la silueta recortada contra las luces de las colinas de Sicilia. No se había quitado la chaqueta de diseñador; seguía en posición de defensa.

​—Bloqueaste Palermo en diez minutos —soltó Victoria, sin preámbulos. Su voz felina cortó la penumbra—. Manejaste esa tecnología como si hubieras nacido con ella, diste órdenes a mis soldados con una autoridad que los hizo cuadrarse, y obligaste a Matías a tragarse su propia soberbia.

​Se dio la vuelta despacio, clavando sus ojos oscuros en él. Había una mezcla peligrosa de fascinación y desconfianza en su mirada.

​—Cuando te compré en mi oficina para saldar la deuda de tu padre, me dijiste que eras un hombre trabajador, que no sabías nada de este mundo. Un simple escudo civil para callar a la junta. Pero lo que vi ahí abajo no fue a un humilde hijo entregado en sacrificio, Alexander. Vi a un estratega. Vi doctrina militar.

​Alexander no se inmutó. Sostuvo la mirada de su esposa con esa inquebrantable nobleza que lo caracterizaba, ocultando detrás de sus ojos claros al implacable operativo Lucas Galiano. Caminó hacia la mesa de noche, se quitó el reloj y lo dejó con cuidado, ganando tiempo. Cada palabra de Victoria confirmaba que el plan de su antiguo y difunto jefe estaba funcionando al milímetro: ella debía cuestionarlo, debía picar el anzuelo de su eficiencia, pero jamás sospechar el origen real.

​—Le prometí lealtad total, Donna Victoria —respondió él, usando su habitual tono grave y pausado, el tono del hombre que se sabía propiedad de la Reina—. Cuando firmé ese contrato de matrimonio, firmé también el compromiso de proteger su corona. En los tres años que pasé en Milán antes de que mi padre me arrastrara a su deuda, tuve que aprender a sobrevivir y a manejar sistemas de seguridad para proteger los intereses de la gente para la que trabajaba. Si la junta quiere sangre, yo seré el muro que la detenga. ¿Le molesta que su escudo sea más fuerte de lo que pensaba?

​Victoria entrecerró los ojos, acercándose a él a pasos lentos. La tensión entre ambos era tan densa que casi se podía tocar. Se detuvo a escasos centímetros de su robusto pecho, buscando una grieta, un parpadeo, cualquier mentira en sus facciones duras.

​—No me molesta que seas fuerte, Alexander. Me perturba no saber exactamente qué tipo de monstruo tengo metido en mi cama.

​Alexander esbozó esa imperceptible y peligrosa sonrisa que había mostrado en el pasillo. Alargó la mano con lentitud, permitiendo que sus dedos rozaran sutilmente la mandíbula de Victoria, un gesto atrevido pero cargado de esa oscura devoción que la desconcertaba.

​—El único monstruo aquí es el que intenta quitarle el trono —susurró él, con una voz que erizó la piel de la Reina—. Y mañana mismo voy a empezar a desmembrar su red.

​Victoria contuvo el aliento, dividida entre la intensa atracción magnética que ese hombre le provocaba y el frío instinto de supervivencia que le advertía que su esposo guardaba secretos mucho más profundos que una simple deuda de juego.

Victoria sintió el calor de los dedos de Alexander contra su piel y, por un milisegundo, su cuerpo amagó con ceder a la intensa corriente que siempre los cruzaba. Sin embargo, el orgullo de la Reina de la Mafia era un mecanismo de defensa implacable. Dio un paso atrás de golpe, rompiendo el contacto, y sus ojos brillaron con una furia gélida.

—No te equivoques, Alexander —siseó ella, alzando el mentón para compensar la diferencia de estatura—. No olvides quién compró a quién. Te di mi apellido, te saqué de la miseria en la que tu padre te iba a hundir y te senté a mi lado para que fueras mi sombra, no mi dueño. No me toques como si tuviéramos un matrimonio real. Esto es un negocio.

Alexander no se movió un solo centímetro. Su rostro permaneció tallado en piedra, pero la chispa de peligro en sus ojos claros se intensificó. Dio un paso al frente, devolviéndole la distancia, obligándola a inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada. Sus hombros anchos y su imponente físico parecieron absorber toda la luz de la suite, acorralándola sin necesidad de tocarla.

—Sé perfectamente cuál es mi lugar, Donna Victoria —dijo él, y su voz grave bajó a un registro tan bajo y espeso que vibró directamente en el pecho de ella—. Soy el hombre que firmó un papel para ser su escudo. Pero no me pida que actúe como un subordinado sumiso cuando estamos a puerta cerrada. Ahí abajo, frente a los capos, jugué el papel que usted necesitaba. Aquí arriba, soy el hombre que mantiene su cabeza sobre los hombros.

Victoria soltó una risa amarga, aunque su corazón había empezado a latir con fuerza contra sus costillas. La audacia de su esposo la irritaba tanto como la encendía.

—¿Ah, sí? ¿Y qué pasa si decido que tu escudo ya no me sirve? ¿Qué pasa si mañana elijo disolver este contrato y devolverte a la nada de donde te saqué?

Alexander acortó el último espacio que los separaba. Su pecho rozó el de ella, atrapándola entre su cuerpo y el ventanal. El aroma a tabaco de Victoria se mezcló con el olor a cuero y asfalto de él. Sus brazos tatuados se apoyaron a ambos lados del marco de la ventana, cercándola por completo, transformando la sumisión del "esposo comprado" en el dominio absoluto del soldado que ella misma había metido en su nido.

—No lo hará —susurró él, inclinado sobre ella, con los labios a escasos centímetros de los suyos—. No lo hará porque me necesita. Porque esos viejos lobos de la junta huelen el miedo, pero se la piensan dos veces cuando me ven la cara. Y porque, aunque le cueste admitirlo, Reina... le gusta el tipo de monstruo que tiene metido en su cama.

La respiración de Victoria se cortó. El desafío era directo, una provocación que en el mundo de la mafia se pagaba con la muerte, pero la proximidad de ese cuerpo masivo, la firmeza de su mandíbula bajo la barba descuidada y la promesa de una lealtad inquebrantable y peligrosa la dejaron sin defensas por un instante.

Sintió la violenta urgencia de abofetearlo para recordarle su autoridad, o de enredar los dedos en su cabello y arrastrarlo a la cama para reclamar lo que, por ley y por contrato, le pertenecía. El juego de poder ya no era solo por el trono de Sicilia; la verdadera guerra se estaba librando ahí mismo, en la penumbra de la suite, donde ninguno de los dos estaba dispuesto a dar el brazo a torcer.

La proximidad de Alexander era una afrenta a su autoridad, pero también el imán más destructivo al que Victoria se había enfrentado jamás. La mezcla de la furia por el atrevimiento de su esposo y el deseo reprimido durante semanas terminó por romper el dique de su autocontrol.

Victoria no lo abofeteó. En su lugar, cerró el último puñado de milímetros que los separaba, le agarró el cuello de la camisa negra con una fuerza implacable y lo tiró hacia abajo, estampando sus labios contra los de él en un beso que supo a guerra, a rabia y a una posesión absoluta.

Alexander no tardó ni un segundo en responder. Soltó un gruñido bajo contra la boca de la Reina y sus manos abandonaron el marco del ventanal para enterrarse en la cintura de ella, levantándola sutilmente del suelo para pegarla por completo a su cuerpo robusto. Sus brazos tatuados la cercaron con la fuerza de un candado militar. El beso no fue tierno; fue un choque de poder, un reclamo mutuo donde las lenguas se batían con la misma agresividad con la que defendían sus secretos. Alexander la saboreó con una devoción oscura y hambrienta, demostrándole con la firmeza de sus manos que, aunque ella portara la corona del imperio Lombardi, esa noche, entre esas cuatro paredes, él podía devorarla.

Cuando por fin se separaron, jadeantes y con los labios encendidos, las pupilas de Victoria estaban dilatadas por la adrenalina. Sin embargo, antes de que Alexander pudiera saborear la victoria de haberla quebrado, los ojos oscuros de la Reina recuperaron su brillo gélido y calculador. La debilidad duró solo un suspiro.

Con una lentitud deliberada, Victoria apoyó las manos contra el pecho robusto de él y lo empujó con firmeza, obligándolo a dar un paso atrás. Se acomodó sutilmente la chaqueta de diseñador, recuperando la postura aristocrática como si nada hubiera pasado.

—Buen intento, Alexander —dijo, y su voz, aunque un poco más ronca debido a la falta de aire, volvió a ser el hielo que ponía de rodillas a los capos—. Pero no te confundas. Esto no ha sido una entrega. Si te he besado, ha sido para demostrarte que puedo tomar lo que me pertenece de ti cuando yo quiera, porque soy tu dueña. Yo decido cuándo juegas y cuándo te detienes. No estás a mi nivel.

Se dio la vuelta con elegancia, caminó hacia la cama real y tiró la colcha de seda hacia un lado, dándole la espalda por completo.

—Esta noche has ganado una batalla en el consejo, pero aquí arriba las reglas siguen siendo mías. Toma una manta. Duermes en el sillón —sentenció con una frialdad cortante—. Y reza para que mañana Matías no encuentre una sola grieta en tu perfecta historia de Milán. Porque si descubro que me ocultas algo, la distancia entre este sillón y mi cama será el menor de tus problemas.

Alexander la observó desde la penumbra. Limpió el rastro del labial de ella con el pulgar, pero su rostro no mostró frustración ni orgullo herido; al contrario, la fría disciplina de Lucas Galiano asimiló el golpe con paciencia militar. Una pequeña sonrisa, oculta por la oscuridad de la habitación, curvó la comisura de sus labios. Sabía que ganar la confianza total de la Reina requería tiempo, y verla levantar esos muros de orgullo solo le confirmaba lo valiosa que era la mujer que su antiguo y difunto jefe le había encomendado proteger de las víboras.

Con un asentimiento silencioso, Alexander caminó hacia el sillón. La guerra en Sicilia apenas comenzaba.

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Rocío Duque
Si, Alexander es en verdad Lucas Galiano
yuyis
Alex es lucas Galiano?
yuyis
ella terminará enamorada del peón
Rocío Duque: "¡Me encanta que analices así a los personajes! 😉 Digamos que Victoria es una mujer difícil de leer, pero cuando dos personas tan fuertes chocan... cualquier cosa puede pasar. ¡Gracias por estar tan conectada con la historia! ✨"
total 1 replies
yuyis
esperemos como sigue está novela
Rocío Duque: "¡Muchas gracias por leer! Qué alegría contar contigo desde el primer capítulo. ¡Espero que disfrutes mucho lo que viene!"
total 1 replies
Rocío Duque
Nota de la autora: ✨
¡Llegamos a uno de mis capítulos favoritos! Quería que sintieran esa mezcla de peligro, deseo y desconfianza absoluta que rodea a Victoria y Alexander. Llegar hasta aquí con ustedes, ver cómo reaccionan y cómo se sumergen en este romance oscuro está siendo un viaje increíble. Gracias por leer, por apoyar mis letras y por ser cómplices de este imperio. ¿Qué les pareció este encuentro? 🖤
Rocío Duque
​👑 ¡Buen día a todos los cómplices de esta historia!
​Detrás de cada imperio hay secretos oscuros, y detrás de cada capítulo de La reina de la mafia, hay horas de entrega, pasión y un trozo de mi alma. Ya hemos dejado atrás 9 capítulos; hemos visto la frialdad, el poder, los conflictos internos y la tensión que rodea a nuestra reina y su entorno.
​Solo quiero decirles: GRACIAS. Gracias por no dejarla sola en este camino tan peligroso, por morderse las uñas conmigo y por apasionarse con este universo tanto como yo. Su apoyo es el motor que me empuja a seguir escribiendo el destino de los Lombardi.
​Prepárense, porque lo que viene va a sacudir los cimientos de todo lo que creen saber... Que tengan un día increíble. ☕🌹
Rocío Duque: "¡Eso es! 👏 Ya me dirás qué opinas de este cierre, ¡prepárate para los giros! 😉"
total 2 replies
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