Morí por trabajar demasiado y desperté como la villana de una novela. Mi esposo está en coma, mi hijo me odia y estamos a punto de quedarnos sin dinero. Conociendo el trágico futuro que nos espera, decidí cambiarlo todo. Esta vez cuidaré de mi familia, protegeré a mi esposo y le daré a mi hijo el amor que nunca recibió. Aunque... parece que ambos creen que me volví completamente loca. ✨💕📖
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sentimientos ¿nuevos?
Sebastián la observó fijamente durante unos segundos, intentando entender quién era realmente esa mujer que tenía frente a él.
—¿Pasa algo? —preguntó con timidez.
No entendía qué le ocurría. ¿Por qué no quería soltarla? ¿Por qué le molestaba verla cerca de Mateo? ¿Por qué sentía celos cuando ella prestaba atención a otro? Ni él mismo encontraba una explicación.
Mientras esos pensamientos lo invadían, Valeria intentó levantarse. Sin embargo, como Sebastián aún sujetaba su muñeca, perdió el equilibrio y cayó nuevamente sobre él.
Sus labios chocaron por accidente.
Los dos abrieron los ojos con sorpresa y permanecieron inmóviles durante unos segundos.
Sebastián soltó de inmediato su muñeca.
Valeria retrocedió, completamente avergonzada.
—Perdón... Solo quería levantarme. Yo...
Buscó una explicación, pero ninguna palabra salía de su boca.
—No pasa nada —respondió él con seriedad—. Mejor vamos a dormir.
—S-Sí...
Valeria dio media vuelta para marcharse.
—¿A dónde vas? —preguntó Sebastián.
—A... a mi cuarto...
Él frunció el ceño.
—¿Acaso no vas a dormir aquí?
Ella soltó una risa nerviosa.
—No... es que...
Sebastián esperó su respuesta.
—Estoy... en mis días. Y cuando estoy así no soporto mucho a los hombres. Bueno... buenas noches.
Cerró la puerta rápidamente.
Sebastián quedó mirando el techo.
—¿Estará loca?...
Se pasó una mano por los labios.
Sentía un extraño sabor amargo.
—Me lastimó los labios... Maldita pervertida.
En la habitación de al lado...
—¡JAJAJA!
Valeria escondió el rostro bajo la almohada para que nadie escuchara su risa.
Después tocó suavemente sus propios labios.
—Ay... seguro lo lastimé. ¿Qué estará pensando de mí?... Aunque, siendo sincera... cuando estaba en coma fui demasiado atrevida.
Miró el techo con una sonrisa llena de vergüenza.
Sebastián seguía sin poder dormir.
Todo era demasiado nuevo.
Volver a ver a Valeria...
Conocer por fin a Lucas...
Nunca había podido verlo, porque cuando Valeria quedó embarazada él ya estaba en coma.
Los recuerdos comenzaron a regresar.
Los días en los que podía escucharlo todo, pero era incapaz de mover un solo dedo.
—¡Estoy embarazada de ti, maldito inválido! —gritaba Valeria entre lágrimas.
Cada día eran insultos.
Reproches.
Odio.
—¡Por tu culpa no puedo estar con Mateo! ¡Los odio a ti y a tu familia!
Después nació Lucas.
Y todo empeoró.
El llanto del bebé se mezclaba con las discusiones interminables.
Durante mucho tiempo creyó que Valeria solo lo odiaba.
Pero hubo una frase que nunca pudo olvidar.
"Porque... si despiertas... me dejarás."
Esas simples palabras quedaron grabadas en su corazón.
Sebastián suspiró.
—Seguro ahora está fingiendo... Ahora que desperté hará cualquier cosa para que me quede con Lucas mientras ella se va con Mateo. Después de todo... siempre le gustó él.
Mientras tanto...
Valeria se acomodó bajo las mantas.
—Ahora que Sebastián despertó... no pienso soltarlo.
Sonrió ilusionada.
—En mi otra vida jamás tuve una familia... y esta villana, sin querer, me regaló una.
Con esa idea abrazó la almohada y se quedó dormida.
A la mañana siguiente...
Los primeros rayos del sol entraron por la ventana.
Sebastián abrió lentamente los ojos.
—No puedo creerlo... No fue un sueño.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
De repente escuchó un fuerte grito.
—¡¡¿ERES TONTO O QUÉ?!! —gritó Valeria.
Luego oyó la voz desesperada de Lucas.
—¡¡No, mami!! ¡¡Mami!!
Sebastián se sobresaltó.
Intentó levantarse de golpe, pero sus piernas aún no respondían y cayó al suelo.
—¡Lucas!... ¡Sabía que todo era una mentira!
Comenzó a arrastrarse desesperadamente.
—No... no con mi hijo...
Mientras tanto...
—¡¿Está loco o qué?! —repitió Valeria.
Frente a ella, un hombre sonreía con tranquilidad.
—Señorita, no estoy loco. Sus verduras son la revelación del pueblo. Quiero ofrecerle una colaboración.
Lucas levantó la mano emocionado.
—¡Mami! ¡No lo rechaces! ¡Es una oportunidad!
Valeria cruzó los brazos.
—No lo sé...
Miró al hombre.
—Su esposa, Marie, me humilló hace unos días.
El hombre tosió con incomodidad.
—Bueno... ese pequeño detalle ya está solucionado.
—¿Cómo que solucionado?
—Le di una lección.
Valeria arqueó una ceja.
—¿La golpeó?
—¡No, no! Jamás. Solo le congelé todas sus tarjetas bancarias.
Valeria terminó sonriendo.
En ese instante escucharon un fuerte golpe dentro de la casa.
—¡¡Papá!! —gritó Lucas.
Todos giraron.
Sebastián estaba tirado en el suelo después de haberse caído mientras intentaba llegar hasta ellos.
—¡Sebastián! —exclamó Valeria.
—¿Cómo? ¿El señor Sebastián despertó? —preguntó sorprendido el visitante.
Entre todos lo ayudaron a levantarse y lo acomodaron en un sofá.
—Cielo, ¿estás bien? —preguntó Valeria con preocupación.
Lucas le alcanzó un vaso con agua.
Sebastián observó al desconocido de arriba abajo.
"Seguro es su sugar daddy...", pensó.
De inmediato sintió un pequeño golpe en la pierna.
Valeria lo había pateado discretamente.
Él la miró confundido.
—Mucho gusto. Soy don Luis, el alcalde del pueblo.
—Ya veo...
Sebastián lo examinó con desconfianza.
—¿Y a qué vino? ¿A molestar a mi esposa?
Valeria abrió los ojos sorprendida.
Don Luis sonrió con nerviosismo.
—No, señor. Vine a ofrecerles un negocio que puede beneficiar a todos.
Sebastián entrelazó sus dedos con los de Valeria.
—¿Qué clase de negocio?
—Quiero comprar toda su producción de verduras y frutas. Son de excelente calidad. Las ganancias serían mitad para ustedes y mitad para nosotros.
Sebastián reflexionó unos segundos.
—Ya veo...
Don Luis sonrió.
—Le aseguro que no se arrepentirá.
Sebastián lo miró fijamente.
—¿No es usted el esposo de la mujer que insultó a mi esposa y a mi hijo?
El alcalde bajó la cabeza.
—Sí... y lo lamento mucho. Ya recibió su castigo.
Sebastián volvió la mirada hacia Valeria.
Ella seguía sin verse convencida.
—Mi esposa todavía no quiere aceptar. Lo pensaremos.
Don Luis hizo una leve reverencia antes de retirarse.
Cuando se marchó, Valeria cruzó los brazos.
—¡Sebastián! ¡Creí que aceptarías!
Él sonrió con tranquilidad.
—Hay cosas de mí que todavía no conoces.
Lucas lo observó preocupado.
—Papá... ¿estás bien? Esa caída fue muy fuerte.
Sebastián soltó una risa incómoda.
No iba a admitir que se había levantado desesperado por creer que Valeria estaba en peligro.
—Estoy bien. Solo creí que ya podía caminar.
Valeria suspiró dramáticamente.
—¡Eres un tonto! ¡Pudiste haberte lastimado! Casi quedo viuda... y soy demasiado joven y hermosa para eso.
Antes de que terminara de hablar, Sebastián la tomó de la mano y la atrajo hacia él.
Valeria terminó sentada sobre sus piernas.
—¿Así que si quedas viuda te irás con otro?
Ella se puso completamente roja.
Lucas los miró unos segundos.
—Bueno... mejor los dejo solos.
Salió corriendo.
—¡Lucas! ¡Espera!
Sebastián sonrió divertido.
—Veo que nuestro hijo sabe cuándo retirarse.
Comenzó a apretarle suavemente los cachetes.
—¡Ay! ¡Duele!
—Son demasiado suaves...
—¡Basta!
—Pareces un pequeño mochi.
Cuando finalmente la soltó, los cachetes de Valeria estaban completamente rojos.
Horas después...
Valeria seguía masajeándose el rostro.
—Mmm... todavía me duelen.
Al salir al patio encontró a Sebastián observando unos documentos junto al sembradío.
—¿Qué estará haciendo?
Se acercó con curiosidad.
En ese momento escuchó una conversación.
—Es mucho más grande de lo que imaginaba. Creí que mi padre me enviaría a la peor finca del pueblo.
Valeria se escondió detrás de un árbol.
"¿Y si está evaluando el terreno para venderlo cuando nos divorciemos?"
Sacudió la cabeza.
"No... En la novela original la villana muere después de regresar a la mansión. Todavía falta mucho para eso."
En otro lugar...
—Señor Montenegro, estas son las últimas acciones de la empresa.
Sebastián revisó los documentos.
—¿Qué ocurrió? ¿Por qué cayeron tanto?
El empleado suspiró.
—Tenemos un problema. Nadie en la empresa domina el diseño de motores de alta velocidad. Solo fabricamos modelos básicos, pero el mercado exige motores mucho más potentes.
Sebastián frunció el ceño.
—¿Y Mateo?
—El joven Mateo es excelente en marketing y diseño comercial, pero no es ingeniero. Necesitamos a alguien que entienda las dimensiones, la mecánica y la fabricación de motores.
El empleado bajó la cabeza.
—Qué mala suerte... El único que dominaba esa área era usted, el señor Sebastian pero quedó en coma