Valeria Luna Marín murió traicionada por el hombre al que eligió y por la hermana que juraba amarla. Le arrancaron la voz, quebraron a su loba y colgaron su nombre como una advertencia para toda la manada.
Pero antes de que la muerte la reclamara, Sebastián de la Vega, el Alpha que ella había rechazado, llegó por ella entre sangre y fuego.
Cuando Valeria despierta en el pasado, vuelve a la noche en que estaba a punto de rechazar su vínculo con Sebastián. Esta vez no huirá. Esta vez escuchará el aroma que su loba siempre reconoció.
Mientras un falso heredero, una falsa Luna y un Consejo corrupto conspiran para robar la corona de Silver Moon, Valeria deberá abrir el Moon Archive, recuperar su voz y decidir si está lista para aceptar la marca del Alpha que nunca dejó de pertenecerle.
Porque Sebastián no solo quiere salvarla.
Quiere poner la manada entera a los pies de su Luna.
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Capítulo 14
Capítulo 014: Mi futura Luna
Sebastián no cruzó el patio.
Lo reclamó.
Cada paso suyo cayó sobre la piedra con una calma tan peligrosa que los murmullos murieron antes de convertirse en palabras. Los lobos de menor rango bajaron la mirada. Dos jóvenes del círculo central retrocedieron sin darse cuenta. Incluso los fuegos parecieron inclinarse hacia él.
Adrián se quedó donde estaba.
Valeria le concedió eso: no era cobarde en público.
Solo era peor en privado.
—No vuelvas a pedirle que baile contigo —dijo Sebastián.
Adrián levantó las manos con una suavidad ensayada.
—No la estaba obligando.
—No dije que pudieras.
La frase cayó como un golpe.
Valeria sintió el calor de Sebastián a su lado antes de que su hombro rozara el aire junto al de ella. No la tocó. No necesitó tocarla. Su presencia bastó para que el vínculo se calmara y para que su loba, agotada por el rito, dejara de raspar por dentro.
—Valeria puede decidir por sí misma —añadió Sebastián—. Y acaba de decidir que no.
Adrián miró a Valeria.
—¿Eso es cierto?
La pregunta sonaba razonable.
También sonaba a trampa.
Quería obligarla a repetirlo, a sonar cruel, a parecer influenciada por el Alpha oscuro que todos temían.
Valeria sonrió.
—No.
Adrián parpadeó, sorprendido.
Ella dejó que el silencio creciera un segundo.
—No solo decidí que no voy a bailar contigo. Decidí que no vuelvas a usar nuestra historia como si todavía tuvieras derecho a tocarme.
El aroma de Adrián se volvió agrio.
—Nuestra historia fue real.
—Mi error fue real.
Alguien soltó aire entre los presentes.
Sebastián no se movió, pero su olor cambió. Cedro oscuro. Tormenta contenida. Algo cálido, casi doloroso, debajo.
Adrián dio un paso más.
—Esto no eres tú.
Valeria ya estaba cansada de esa frase.
La decían porque la versión de ella que podían manipular les resultaba más cómoda.
—Tienes razón —dijo—. Esa mujer murió.
Isabela se llevó una mano a la boca.
Arturo golpeó el bastón.
—Suficiente dramatismo. El punto de esta noche era observar idoneidad, no alimentar un espectáculo.
—Entonces observe —dijo Sebastián.
El Elder lo miró con frialdad.
—Con gusto. La señorita Marín interrumpió un rito, acusó a otra candidata y ahora se refugia detrás de usted.
Valeria iba a responder, pero Sebastián alzó una mano.
No para callarla.
Para pedirle un segundo.
Ella se lo dio.
—No está detrás de mí —dijo él—. Está a mi lado.
El patio entero escuchó.
Sebastián giró apenas, lo suficiente para mirar a todos, no solo al Consejo.
—Y si el Consejo va a fingir que no entiende lo que acaba de pasar, lo diré de forma más clara. Valeria Marín reconoció un rito lunar antiguo que no está en los manuales de Moonveil. Isabela Rojas lo copió de una fuente incompleta. Alguien le dio esa fuente. Alguien quiere que parezca Luna sin serlo.
Isabela empezó a llorar.
—Eso es cruel.
Sebastián ni siquiera la miró.
—Cruel es envenenar una taza.
El golpe fue brutal por lo tranquilo.
Adrián avanzó de nuevo.
—No permitiré que la insultes.
El lobo de Sebastián subió a la superficie.
Esta vez sí hubo un gruñido.
Bajo.
Real.
Valeria sintió cómo le vibraba en los huesos.
—No estás en posición de permitir nada.
Adrián se detuvo.
No porque quisiera.
Porque su cuerpo entendió lo que su orgullo no.
La dominancia de Sebastián llenó el círculo. Varios lobos mostraron el cuello. Isabela cayó de rodillas con un jadeo, quizá actuado al principio, quizá no al final.
Valeria sintió la presión.
Le rozó la nuca, le dobló un poco la respiración.
Pero no la aplastó.
El vínculo la envolvió como una mano caliente.
Sebastián lo sintió también.
Su mirada bajó a ella, rápida, preocupada.
—Estoy bien —dijo Valeria antes de que pudiera preguntar.
La tensión en su mandíbula no cedió.
—No deberías tener que estar bien cada vez que ellos abren la boca.
Esa frase, dicha en voz baja pero frente a todos, dolió de la manera más peligrosa.
Porque no era política.
Era cuidado.
Arturo se levantó.
—Alpha heir, controle su aura.
Sebastián sonrió sin humor.
—La estoy controlando.
Nadie dudó de que era cierto.
Valeria miró a Isabela de rodillas, a Adrián pálido, a Arturo fingiendo autoridad sobre una fuerza que no podía doblar. Y entendió otra cosa: Sebastián no estaba mostrando todo su poder. Estaba mostrando cuánto poder elegía no usar.
Por ella.
Por los Omegas presentes.
Por la línea que él mismo había trazado entre protección y posesión.
Sebastián volvió al centro del círculo.
—Valeria Marín será revisada si el Consejo insiste —dijo—. Pero hasta que esa revisión concluya, nadie volverá a llamarla falsa, inestable o manipulada sin presentar evidencia ante mí y ante Casa Marín.
Arturo entrecerró los ojos.
—No puede blindarla de la opinión de la manada.
—No. Pero puedo exigir que la cobardía no se disfrace de tradición.
Mateo, desde el segundo círculo, murmuró algo que sonó peligrosamente parecido a “por fin alguien lo dijo”.
Rodrigo le dio un codazo.
Valeria casi sonrió.
Entonces Sebastián hizo lo que nadie esperaba.
Se volvió hacia ella.
No hacia Arturo.
No hacia Adrián.
Hacia ella.
—Valeria.
El patio quedó inmóvil.
—No voy a hablar por ti —dijo—. Pero sí voy a decir lo que es mío decir. Para mí, delante de esta manada, tú eres mi futura Luna.
El mundo se redujo a esas palabras.
Futura Luna.
No marcada.
No obligada.
No encerrada.
Futura.
Una elección pronunciada frente a todos, pero todavía abierta para que ella la aceptara cuando pudiera.
El pecho de Valeria ardió.
Su loba levantó la cabeza, más clara que nunca desde el regreso.
*Nuestro.*
Esta vez, Valeria no la contradijo.
Adrián dio un paso brusco.
—Entonces exijo que se pruebe.
Arturo no sonrió.
No necesitaba.
—Tres pruebas —dijo el Elder—. Estrategia de manada. Conocimiento de sanación. Memoria lunar. Si la señorita Marín es lo que usted afirma, no tendrá problema en superarlas.
Sebastián miró a Valeria.
No preguntó si quería huir.
Preguntó con los ojos si quería pelear.
Valeria sostuvo la mirada.
—Acepto.
El patio entero volvió a respirar.
Arturo golpeó el bastón contra la piedra.
—Entonces que la luna juzgue.
Sobre ellos, la luz plateada pareció enfriarse.
Y en algún lugar profundo de la sangre de Valeria, una puerta antigua empezó a abrirse.
felicitaciones, primera historia que me deja satisfecha. 👏👏👏👏👏👏.
un abracito y gracias por tan bella historia.
y los cachorros para cuando
tarde
pero sale
si
si
Estás novelas no son el tipo chicle de novelas de hombres lobos que son posesivos y que se curan solo son el tipo de novela que el alpha tiene que reconstruir un corazón y esperar y sufrir ufff Pacho