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La Ciudad De La Mafia

La Ciudad De La Mafia

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:226
Nilai: 5
nombre de autor: Arnold Alonso

una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?

NovelToon tiene autorización de Arnold Alonso para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El plan maestro

La luz de la computadora iluminaba el rostro de Gabriel Torres mientras observaba la pantalla.

Eran casi las tres de la madrugada.

La ciudad dormía.

Pero él no podía hacerlo.

Las transferencias bancarias seguían apareciendo frente a sus ojos.

Miles de movimientos financieros.

Empresas fantasma.

Fondos de inversión.

Cuentas ocultas en distintos países.

Todo parecía formar parte de una gigantesca red.

Y cuanto más investigaba, más evidente se volvía una conclusión.

Verónica Salazar había estado preparándolo todo durante años.

Quizás décadas.

Gabriel tomó una libreta y comenzó a organizar la información.

En el centro escribió un nombre.

VERÓNICA SALAZAR

Luego trazó líneas.

Empresas.

Políticos.

Empresarios.

Organizaciones criminales.

La Sombra Negra.

El Círculo.

Todo terminaba conectado con ella.

Aquello no era una coincidencia.

Era un diseño.

Un plan.

Y por primera vez comenzó a comprender su verdadera magnitud.

A la mañana siguiente convocó una reunión urgente.

Antonio Romano llegó primero.

Después apareció Sofía.

Finalmente llegó Víctor Moretti.

Gabriel colocó varios documentos sobre la mesa.

—Creo que descubrí algo importante.

Los tres lo observaron.

—Habla —dijo Antonio.

Gabriel respiró profundamente.

—Creo que Verónica quería que La Sombra Negra cayera.

El silencio fue inmediato.

Víctor frunció el ceño.

—Eso no tiene sentido.

—Sí lo tiene.

Gabriel comenzó a mostrar documentos.

—Miren estas fechas.

Los demás se acercaron.

—Estas transferencias comenzaron años antes del arresto de Esteban.

—¿Y qué significa eso? —preguntó Sofía.

—Que Verónica ya estaba moviendo dinero antes de que todo se derrumbara.

Antonio cruzó los brazos.

—Sigue.

—Mientras La Sombra Negra concentraba la atención de todos, ella construía algo nuevo.

—¿El Círculo?

—Exactamente.

La habitación quedó en silencio.

La teoría parecía extrema.

Pero los datos encajaban.

Demasiado bien.

A cientos de kilómetros de allí, Verónica Salazar observaba el amanecer desde el balcón de una lujosa propiedad.

La ciudad se extendía a lo lejos.

Su rostro permanecía tranquilo.

Sereno.

Una mujer acostumbrada a esperar.

Uno de sus asistentes apareció detrás.

—Los informes llegaron.

—¿Y?

—Gabriel está avanzando rápido.

Verónica sonrió.

—Más rápido de lo esperado.

—¿Desea que actuemos?

Ella negó lentamente.

—No.

—Podría descubrir demasiado.

—Precisamente.

El hombre permaneció confundido.

—No entiendo.

Verónica observó el horizonte.

—Hay ocasiones en las que una verdad necesita un mensajero.

Mientras tanto, en prisión, Esteban Navarro recibía una visita inesperada.

No era Sofía.

No era Gabriel.

Era un hombre desconocido.

Elegante.

Bien vestido.

Y claramente importante.

Se sentó frente a él.

—Señor Navarro.

Esteban lo observó con cautela.

—¿Quién es usted?

—Un amigo.

—No tengo amigos.

El hombre sonrió.

—Eso depende de cómo se mire.

Esteban permaneció en silencio.

—Vengo con una propuesta.

—No me interesa.

—Debería escuchar primero.

El visitante colocó una fotografía sobre la mesa.

La imagen mostraba a Verónica Salazar.

Esteban se quedó inmóvil.

—¿Qué quiere?

—Ella desea reunirse con usted.

Aquellas palabras provocaron algo que no ocurría desde hacía mucho tiempo.

Miedo.

Verdadero miedo.

Esa misma tarde, Gabriel recibió una llamada de Valeria Cruz.

—Necesitamos hablar.

—Yo también.

—¿Encontraste algo?

—Más de lo que esperaba.

Valeria guardó silencio unos segundos.

—Entonces ven solo.

—¿Por qué?

—Porque alguien nos está observando.

Gabriel sintió un escalofrío.

Aquello ya no era una simple investigación.

Era una guerra silenciosa.

Y cada día se volvía más peligrosa.

Cuando llegó al punto de encuentro encontró a Valeria esperándolo en un viejo café abandonado.

La mujer parecía nerviosa.

Algo poco habitual en ella.

—¿Qué ocurre?

—Tenemos un problema.

—¿Cuál?

Valeria observó alrededor antes de responder.

—Hay una filtración.

Gabriel se sentó.

—Explícate.

—Alguien dentro de nuestra red está entregando información.

—¿Estás segura?

—Completamente.

Aquello complicaba aún más las cosas.

—¿Quién?

—No lo sé.

—Genial.

Valeria suspiró.

—Pero sé una cosa.

—¿Cuál?

—Verónica siempre sabe dónde estamos.

Gabriel permaneció pensativo.

Aquello explicaría muchas cosas.

Las amenazas.

Las desapariciones.

Los movimientos anticipados.

Alguien les estaba revelando información.

Y probablemente llevaba tiempo haciéndolo.

Mientras tanto, Antonio Romano comenzaba a notar algo extraño dentro de su propia organización.

Dos cargamentos desaparecieron sin explicación.

Un almacén secreto fue descubierto.

Y varios movimientos confidenciales parecían conocidos por terceros.

Convocó inmediatamente a sus hombres de confianza.

—Tenemos un traidor.

La afirmación cayó como una bomba.

Nadie respondió.

—Y voy a encontrarlo.

Antonio no era famoso por su paciencia.

Mucho menos por su tolerancia hacia las traiciones.

En otro sector de la ciudad, Víctor Moretti enfrentaba exactamente el mismo problema.

Uno de sus negocios había sido atacado apenas horas después de una reunión privada.

Demasiada coincidencia.

Alguien estaba hablando.

La pregunta era quién.

Y para quién.

Esa noche, Sofía revisaba antiguos archivos familiares cuando encontró algo inesperado.

Un diario.

Pertenecía a su madre.

Nunca lo había visto.

Lo abrió con curiosidad.

Las primeras páginas contenían recuerdos personales.

Fotografías.

Notas.

Comentarios cotidianos.

Pero varias páginas después encontró algo diferente.

Una entrada fechada veinticinco años atrás.

Comenzó a leer.

"Hoy conocí nuevamente a Verónica. Esteban confía demasiado en ella. No entiende que nadie acumula tanto poder sin pagar un precio."

Sofía sintió un escalofrío.

Continuó leyendo.

"A veces tengo la sensación de que ella conoce cosas que nadie más sabe. Como si siempre estuviera varios pasos adelante."

Las siguientes páginas mencionaban reuniones.

Negocios.

Conversaciones secretas.

Y luego una frase que hizo que Sofía se detuviera.

"Si algún día desaparece, no será porque murió. Será porque decidió hacerlo."

Sofía cerró el diario lentamente.

Aquellas palabras habían sido escritas décadas antes.

Y aun así parecían describir exactamente lo ocurrido.

Al día siguiente, Gabriel reunió nuevamente al grupo.

Les mostró todo lo que había descubierto.

Las transferencias.

Las conexiones financieras.

Los documentos.

Y finalmente una conclusión.

—Creo que Verónica nunca quiso controlar una organización criminal.

Antonio lo observó.

—Entonces, ¿qué quería?

—Controlar a quienes controlan las organizaciones criminales.

El silencio llenó la sala.

Era una diferencia enorme.

Y aterradora.

—Explícate —dijo Víctor.

Gabriel señaló varios nombres.

—La Sombra Negra era una herramienta.

—¿Y El Círculo?

—Otra herramienta.

—¿Y nosotros?

Gabriel dudó unos segundos.

—Probablemente también.

Nadie respondió.

Porque todos comprendieron el significado.

Quizás llevaban años jugando una partida cuyas reglas desconocían.

Una partida diseñada por otra persona.

Horas después ocurrió algo inesperado.

Gabriel recibió un mensaje.

No tenía remitente.

Solo una dirección.

Y una hora.

Nada más.

Mostró el mensaje a los demás.

—Podría ser una trampa.

—Probablemente lo sea —respondió Antonio.

—Entonces no vayas —dijo Sofía.

Pero Gabriel ya había tomado una decisión.

—Tengo que hacerlo.

—¿Por qué?

Gabriel observó el mensaje.

—Porque creo que ella quiere verme.

Y todos sabían exactamente a quién se refería.

Verónica Salazar.

Esa noche llegó al lugar indicado.

Era un antiguo teatro abandonado.

Las butacas estaban cubiertas de polvo.

El escenario permanecía oscuro.

El edificio parecía vacío.

Gabriel avanzó lentamente.

Cada paso resonaba en el silencio.

Finalmente llegó al centro del escenario.

Entonces las luces se encendieron.

Una sola figura apareció sentada en la primera fila.

Elegante.

Serena.

Observándolo.

Verónica Salazar.

La verdadera.

La mujer que durante décadas había permanecido oculta.

Gabriel sintió cómo se aceleraba su corazón.

Había perseguido respuestas durante meses.

Y ahora estaba frente a la persona que podía dárselas.

Verónica sonrió.

La misma sonrisa tranquila y peligrosa que había visto en la finca.

—Buenas noches, Gabriel.

—¿Por qué estoy aquí?

Ella cruzó las piernas.

—Porque llegó el momento de que conozcas la verdad.

—¿Qué verdad?

Verónica inclinó ligeramente la cabeza.

—La verdad sobre por qué destruí La Sombra Negra.

El periodista permaneció inmóvil.

Aquella era la respuesta que había estado buscando.

La respuesta capaz de cambiarlo todo.

Pero también podía ser la más peligrosa.

Porque algunas verdades tienen el poder de derrumbar imperios.

Y otras tienen el poder de crear nuevos.

Continuará en el Capítulo 14...

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STEEBAN VALBUENA
EPICO!!!🔥🔥🔥
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