trata sobre dos personajes los cuales están comprometidos y uno de ellos está enfermo acá lo vamos a llamar Dimitri dime triste enfermo y no estoy haciendo porque no quiere tomar la medicina y el otro signo que se lo tome personalizado en hacer sus pinches trabajos
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Mi recuerdo favorito
La conversación de aquella noche debería haber terminado ahí.
Después de todo, ya habían hablado de cosas que Dimitri normalmente evitaba.
De felicidad.
De soledad.
Del pasado.
De todo aquello que el empresario solía mantener cuidadosamente encerrado detrás de puertas que casi nadie podía abrir.
Pero Lukas conocía demasiado bien a su esposo.
Y sabía que cuando Dimitri empezaba a sincerarse, había que aprovechar el momento antes de que volviera a esconderse detrás de contratos, reuniones y sarcasmo.
Por eso, mientras ambos seguían sentados en la sala, Lukas apoyó la cabeza en una mano y lo observó pensativamente.
Dimitri notó la mirada inmediatamente.
—No me gusta esa expresión.
—¿Cuál?
—La que pones cuando estás planeando una pregunta peligrosa.
Lukas sonrió.
—Tengo una.
—Lo sabía.
—Y quiero una respuesta honesta.
—Eso empeora las cosas.
Lukas ignoró completamente la queja.
—¿Cuál es tu recuerdo favorito de nosotros?
Silencio.
Dimitri parpadeó una vez.
Luego otra.
Y después lo miró como si acabara de preguntarle algo imposible.
—¿Ese es tu gran interrogatorio?
—Sí.
—Esperaba algo peor.
—Responde.
—Tengo muchos.
—No vale hacer trampa.
—No estoy haciendo trampa.
—Elige uno.
Dimitri suspiró.
Lentamente.
Como alguien que acababa de ser víctima de una emboscada emocional.
—Eso es injusto.
—Dimitri.
—Estoy pensando.
—Dimitri.
—Lukas.
—Dimitri.
—Qué insoportable eres.
Lukas sonrió triunfante.
Y eso hizo que Dimitri negara con la cabeza.
Había perdido la batalla.
Lo sabía.
Finalmente se recostó un poco en el sillón.
Pensando.
Recordando.
Y para sorpresa de Lukas...
No respondió de inmediato.
Porque realmente estaba buscando una respuesta.
No una cualquiera.
La correcta.
—Pensé que dirías algo rápido.
—Estoy decidiendo.
—¿Entre cuántos recuerdos?
—Demasiados.
Eso hizo que Lukas sintiera algo cálido en el pecho.
Porque Dimitri no era una persona particularmente nostálgica.
O al menos no parecía serlo.
Sin embargo, la forma en que estaba pensando demostraba que sí recordaba.
Más de lo que dejaba ver.
Mucho más.
Finalmente habló.
—¿Recuerdas la tormenta de hace dos años?
Lukas parpadeó.
—¿La que dejó sin electricidad media ciudad?
—Esa.
Lukas intentó recordar.
—¿Ese es tu recuerdo favorito?
—Déjame terminar.
—Está bien.
Dimitri cruzó los brazos.
—Yo había tenido una semana horrible.
—Eso no reduce mucho las posibilidades.
—Lukas.
—Perdón.
—No, no es verdad.
—Lo sabía.
Dimitri lo ignoró.
Aunque una pequeña sonrisa apareció en la esquina de sus labios.
—Había problemas con inversionistas, problemas legales, problemas internacionales...
—Problemas, problemas y más problemas.
—Exactamente.
Lukas recordaba aquella semana.
Había sido terrible.
Dimitri prácticamente no había dormido.
Llegaba tarde.
Comía poco.
Y parecía llevar el peso del mundo entero sobre los hombros.
—Llegué a casa convencido de que tendría que seguir trabajando toda la noche.
La voz de Dimitri se volvió más suave.
Más distante.
Como alguien mirando una fotografía antigua.
—Y entonces se fue la luz.
Lukas soltó una pequeña risa.
Ahora lo recordaba.
Perfectamente.
Toda la mansión había quedado a oscuras.
Los generadores también habían fallado temporalmente.
Y durante unas horas la enorme casa había estado iluminada únicamente por velas.
—Estabas furioso.
—Estaba ocupado.
—Estabas furioso.
—Un poco.
—Muchísimo.
Eso hizo que Dimitri sonriera.
—Quizás.
Lukas ya recordaba el resto.
Había encontrado a Dimitri sentado en la biblioteca con una linterna, intentando seguir trabajando.
Naturalmente.
Porque incluso un apagón masivo no podía detenerlo.
O eso había intentado.
—Y tú apareciste.
Lukas lo observó.
Escuchando.
—Me quitaste la computadora.
—Porque llevabas dieciséis horas trabajando.
—Detalles.
—No son detalles.
—Para mí sí.
—Por eso te la quité.
Dimitri soltó una pequeña risa.
—Lo sé.
Luego guardó silencio unos segundos.
Y cuando volvió a hablar...
Su voz era diferente.
Más cálida.
Más sincera.
—Después me arrastraste al jardín.
Lukas sonrió inmediatamente.
—Ah.
Ahora sí recordaba.
La lluvia había comenzado poco después.
No una tormenta fuerte.
Solo una lluvia suave.
Y como toda la casa estaba oscura, el jardín parecía completamente distinto.
Más tranquilo.
Más silencioso.
Más alejado del mundo.
—Pensé que habías perdido la cabeza.
—No sería la primera vez.
—Querías sentarte bajo la lluvia.
—Era romántico.
—Era absurdo.
—Y aun así viniste.
Dimitri no respondió.
Porque era cierto.
Había ido.
A regañadientes.
Quejándose.
Murmurando sobre resfriados y productividad.
Pero había ido.
Y habían pasado horas allí.
Simplemente hablando.
Sin teléfonos.
Sin reuniones.
Sin correos.
Sin interrupciones.
Solo ellos dos.
—Ni siquiera recuerdo de qué hablamos —admitió Lukas.
—Yo sí.
Eso lo sorprendió.
—¿En serio?
—Sí.
—¿Todo?
—No.
Dimitri bajó un poco la mirada.
Y sonrió apenas.
—Pero recuerdo cómo me sentí.
El corazón de Lukas dio un pequeño salto.
Porque esa frase era importante.
Muy importante.
—¿Cómo te sentiste?
Dimitri tardó unos segundos en responder.
—En paz.
El silencio llenó la habitación.
Suave.
Tranquilo.
—No estaba pensando en la empresa.
No estaba pensando en dinero.
Ni en problemas.
Ni en responsabilidades.
Ni en expectativas.
Sus ojos encontraron los de Lukas.
—Solo estaba contigo.
Y por primera vez en mucho tiempo...
Sentí que podía descansar.
Lukas sintió que algo se apretaba dentro de su pecho.
Porque sabía perfectamente lo difícil que era eso para Dimitri.
Descansar.
Realmente descansar.
No dormir.
No detenerse unos minutos.
Descansar de verdad.
Bajar la guardia.
Respirar.
Existir.
—¿Ese es tu recuerdo favorito?
preguntó suavemente.
Dimitri asintió.
—Sí.
Lukas sonrió.
Emocionado.
Conmovido.
Y también un poco sorprendido.
Porque honestamente esperaba alguna fecha importante.
Algún viaje.
Alguna celebración.
No una noche cualquiera bajo la lluvia.
Pero cuanto más lo pensaba...
Más sentido tenía.
Porque no era el evento.
Era cómo se había sentido.
Y eso era mucho más importante.
Entonces Lukas inclinó la cabeza.
—¿Sabes cuál es mi parte favorita de esa historia?
—¿Cuál?
—Que al final te enfermaste.
Dimitri cerró los ojos inmediatamente.
—Lukas.
—Tres días con fiebre.
—No hacía falta recordarlo.
—Y aun así dijiste que había valido la pena.
—Porque sí valió la pena.
La respuesta salió tan rápida que ambos se quedaron callados.
Y luego Lukas sonrió.
Porque aquella respuesta había sido completamente sincera.
Sin pensar.
Sin filtros.
Simplemente verdad.
Y eso, más que cualquier otra cosa, hizo que aquel recuerdo se volviera todavía más especial.