"Prisionera de Fuego"
Min-jae, una humilde profesora de 22 años, acepta un trabajo desesperado en la Cárcel Seúl Elite sin saber el mundo que está por descubrir. Allí conoce a Kyung-ho, un apuesto mafioso coreano de 25 años que, tras las rejas, observa cada uno de sus movimientos en silencio.
Lo que comienza como una tensión silenciosa entre profesor y recluso se convierte en algo inevitable cuando un atentado nocturno envenenado los deja a ambos luchando por sobrevivir en la enfermería de la cárcel. Atrapados, drogados y desesperados, se encuentran en una noche que lo cambia todo.
Cuando ella decide irse, él sale libre. Pero el destino tiene otros planes.
Una reencuentro accidental años después deja claro que algunos fuegos nunca se apagan.
Una historia de supervivencia, pasión prohibida y la imposibilidad de olvidar.
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La familia Reconocida
CAPÍTULO 14
"La Familia Reconocida"
Dos semanas después de recuperarme, Kyung-ho me presenta al mundo como su familia. Una gala benéfica de élite donde asisten los hombres y mujeres más poderosos de Asia. Voy como su pareja, los gemelos como sus hijos. Lee Yuki también asiste, y su presencia es una amenaza constante. Ella intenta humillarme públicamente, pero Kyung-ho la confronta de una manera tan brutal que la deja sin poder responder. Los gemelos también defienden a su madre, mostrando su poder de formas sutiles pero devastadoras. Es la noche en que el mundo finalmente comprende que Kyung-ho Park tiene algo que los demás nunca tendrán: una razón para pelear.
El vestido que Kyung-ho eligió para mí costaba más que mi salario de cinco años combinados.
Era negro, elegante, con un escote que sugería más de lo que mostraba. Cuando me lo puse en el vestidor de la mansión, apenas reconocí a la mujer que me miraba desde el espejo. Se veía como alguien que pertenecía a este mundo. Se veía como alguien que estaba al lado de Kyung-ho Park.
— Estás hermosa — dijo Hae-won, observándome con aquella perspicacia que era demasiado antigua para una niña de once años. Su propio vestido era plateado, elegante, con el porte de una adulta miniatura. Joon-ho llevaba un traje que probablemente costaba más que un auto de lujo.
— ¿Nerviosa? — preguntó Joon-ho desde la puerta.
— Aterrada — admití.
— Bien — respondió, su boca curvándose en una sonrisa. — Porque Yuki también lo estará. Y los depredadores pueden oler el miedo. Así que asegúrate de que el tuyo huele a confianza.
Kyung-ho nos recogió a los tres en el vestíbulo de la mansión, viendo hermoso de una manera que literalmente robó el aliento. Su traje era de un negro puro, sin adornos, lo que significaba que no necesitaba nada más para ser el hombre más notado en cualquier habitación. Sus ojos oscuros se movieron sobre nosotros con posesión clara.
— Lista? — preguntó, extendiendo su brazo hacia mí.
Tomé su brazo, y juntos, salimos hacia la noche.
La gala benéfica anual de la Fundación de Salud de Asia era el evento del año. Celebridades, políticos, empresarios, y criminales respetables llenaban un hotel de cinco estrellas convertido en un palacio temporal. Música en vivo. Champagne que costaba miles. Y en el aire, el olor de poder y secretos.
Cuando entramos, el mundo pareció detenerse.
No solo porque Kyung-ho Park había llegado. Sino porque llegó con una familia.
Whispers viajaban a través del salón. Kyung-ho nunca había presentado a nadie como pareja. Los gemelos eran un misterio. Yo era completamente desconocida.
Hizo los rounds, manteniendo su brazo alrededor de mi cintura de una manera que no dejaba dudas. Presentó a los gemelos como sus hijos con un orgullo que era casi tangible. Y cuando alguien preguntaba sobre mí, respondía con una simple frase:
— Es mía. Es todo lo que necesitan saber.
El lenguaje de los depredadores. Posesión absoluta.
Fue entonces cuando Yuki apareció.
Llevaba un vestido rojo que parecía estar hecho de sangre coagulada. Su cabello estaba perfectamente ondulado. Su maquillaje era impecable. Y sus ojos glaciales estaban fijos en Kyung-ho con una intensidad que prometía dolor.
— Kyung-ho — dijo, acercándose con los movimientos de alguien que esperaba ser recibida. — Qué sorpresa encontrarte aquí con... tu familia.
La palabra fue un insulto.
— Yuki — respondió Kyung-ho, su tono el de alguien saludando a un insecto particularmente molesto. — No sabía que estabas en Seúl. ¿No hay suficientes hombres miserables en Moscú?
— Vine por negocios — respondió, ignorando su comentario. — Y para recordarte nuestro acuerdo.
Se giró hacia mí, su sonrisa creciendo.
— Te ves mejor que la última vez que nos vimos, pequeña profesora. El antídoto funcionó bien, aparentemente. Una pena. Habría hecho un cuadro hermoso viendo a Kyung-ho llorar sobre tu cadáver.
Todo el salón había dejado de hablar. El drama de dos familias criminales era entretenimiento de nivel máximo.
Abrí la boca para responder, pero Kyung-ho habló primero.
— Tócala de nuevo — dijo, su voz tan suave que fue casi inaudible, pero cada palabra fue clara como acero afilado —, y te devuelveré los pedazos a tu padre en cajas de madera.
— ¿Es una amenaza? — preguntó Yuki, pero pude ver que el miedo brillaba en los bordes de sus ojos.
— Es una promesa — respondió Kyung-ho.
Luego hizo algo que fue puro teatro de poder. Levantó mi mano a sus labios y besó mi palma, sus ojos nunca dejando los de Yuki.
— Min-jae Park es mi familia — dijo, pronunciando mi nombre de una manera que sonaba como una bendición. — Los gemelos son mis hijos. Y eres libre de intentar lo que quieras. Pero entiende esto: he construido un imperio sobre la certeza de que cualquiera que intente tocar lo que es mío sufre de manera creativa. Eres poderosa, Yuki. Pero no eres lo suficientemente creativa para lo que haría yo.
Se giró, manteniendo su brazo alrededor de mi cintura, y caminó.
Yuki nos siguió con la mirada, pero no intentó interceptarnos nuevamente.
Más tarde esa noche, mientras Kyung-ho hablaba con otros empresarios en una esquina de la gala, Yuki se acercó a mí.
Estaba sola, un error de cálculo de su parte.
— Sé quién eres realmente — dijo, su voz suave que pasaba desapercibida para otros. — Sé lo que eres. La profesora. La que lo cautivó. La que hizo que descuidara sus negocios durante cinco años buscándote.
— ¿Hay un punto aquí? — pregunté, levantando mi copa de champagne.
— El punto es que eres una distracción temporal — continuó Yuki. — Él es un hombre de poder. Hombres como él necesitan mujeres que comprendan ese poder. Mujeres que puedan estar a su lado sin ser una carga. Tú eres una carga, pequeña profesora. Y cuando se canse de ti, cuando entienda que nunca serás lo suficientemente fuerte para estar a su lado de verdad...
No terminó la oración.
Porque Joon-ho apareció a su lado, sonriendo de una manera que era terrorífica en un niño.
— ¿Sabes qué descubrí sobre ti? — preguntó, casual, mientras Hae-won se acercaba desde el otro lado. — Tu padre tiene deudas que no imaginaba. Con personas que harían que tu muerte pareciera una bendición. Y toda esa información está a un clic de distancia de ser enviada a cada una de esas personas.
Hae-won sonrió también.
— Nuestro padre es tu punto débil también, Yuki — dijo. — Solo que tú lo ames. Así que cuando amenazas a nuestra madre, amenazas la única razón por la que nuestro padre permite que tu padre siga respirando. Porque mata, pero nosotros... nosotros borramos a las personas de la existencia. Las hacemos desaparecer de una manera que es peor que la muerte.
Yuki retrocedió, y finalmente comprendí lo que los gemelos realmente eran.
No eran armas. Eran la razón por la cual el mundo seguía existiendo. Porque el poder real no era la capacidad de matar. Era la capacidad de destruir completamente de maneras que nadie podía imaginar.
Más tarde, cuando regresamos a la mansión, Kyung-ho me encontró en el balcón observando la ciudad.
— Ella no es una amenaza — dijo suavemente. — Pero ahora entiende por qué no puedo permitir que lo sea. Porque tienes a dos genios protegiéndote. Y porque yo pagaría cualquier precio para asegurarme de que estés segura.
Me giré hacia él.
— Soy tuya — dije, porque era la verdad más simple que existía.
— Sí — respondió. — Y eso es lo único que importa.