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Todo Menos Amigos

Todo Menos Amigos

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Escuela / Amor-odio / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: CrisCastillo

Noah Sullivan lleva años preparándose para obtener la beca internacional más prestigiosa de la universidad. Cada examen, cada trabajo y cada sacrificio han tenido un único objetivo: ganar.

Todo parece ir según lo planeado hasta que aparece Leo Moreau.

Popular, talentoso y desesperadamente encantador, Leo se convierte en el único rival capaz de disputarle la beca. Desde el primer encuentro, la tensión entre ambos es inmediata. Cada clase se transforma en una competencia y cada conversación en un desafío.

Cuando el director del programa anuncia que los dos candidatos finales deberán colaborar en un proyecto conjunto para demostrar sus capacidades de liderazgo, Noah siente que es una condena.

Sin embargo, cuanto más tiempo pasan juntos, más difícil resulta ignorar lo que hay detrás de las máscaras que ambos han construido.

NovelToon tiene autorización de CrisCastillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

15

Noah no supo cuánto tiempo estuvieron sentados en ese banco. El tiempo, esa variable que siempre había dominado con tanta precisión, se había vuelto fluido, insignificante. Solo existía la calidez de la mano de Leo en la suya, el patrón de las hojas secas a la luz de la luna, y el silencio cómodo que se había instalado entre ellos.

—Deberíamos irnos —dijo Noah finalmente, no porque quisiera, sino porque el mundo empezaría a moverse de nuevo pronto—. El sol saldrá en unas horas.

—No me gusta el amanecer —dijo Leo, su voz baja y soñolienta—. Siempre me ha parecido un final. El fin de la noche, el fin de la diversión.

—Yo siempre lo he visto como un principio —replicó Noah, su mente intentando, por pura inercia, de encontrar la lógica en la metáfora—. Una nueva página, una nueva oportunidad.

—Quizás por eso nos necesitamos —dijo Leo, apoyando la cabeza en el hombro de Noah—. Tú para ver los comienzos, yo para apreciar los finales.

El gesto era tan natural, tan sin esfuerzo, que el corazón de Noah dio un vuelco. Se quedó quieto, sintiendo el peso de la cabeza de Leo, el calor de su cuerpo, y se dio cuenta de que nunca se había sentido tan en paz, tan... completo.

Caminaron de vuelta al apartamento de Leo, que estaba más cerca. El campus dormido parecía un paisaje de otro mundo, silencioso y misterioso. Ninguno de los dos habló. No hacía falta.

El apartamento de Leo era exactamente como Noah lo habría imaginado y nada como lo que esperaba. Había fotos de su familia en la mesita de café: un padre con manos callosas y una sonrisa amable, una madre con ojos cansados pero amorosos, y un chico más joven que era, sin duda, el hermano de Leo. Pero también había desorden. Libros sobre hockey junto a novelas de ciencia ficción, un par de patines tirados en una esquina, y una pizarra blanca cubierta no con jugadas de hockey, sino con ecuaciones que Noah reconoció de su clase de física avanzada.

—Has estado estudiando —dijo Noah, señalando la pizarra—. Sin que yo me diera cuenta.

—Tenía un profesor de física particularmente brillante que me inspiró —dijo Leo, con una sonrisa pícara—. Aunque todavía no entiendo por qué la energía cinética depende de la velocidad al cuadrado. Me parece... excesivo.

Noah se rio, un sonido libre y feliz. —Es la forma en que el universo funciona, Moreau. Eficiente pero dramático. Un poco como tú, cuando lo piensas.

Leo se acercó a la pizarra, trazando una de las ecuaciones con el dedo. —Siempre me fascinó cómo puedes describir el mundo con estos símbolos. Cómo puedes predecir el futuro de una partícula, de un planeta, solo con números. Es la forma más cercana a la magia que he encontrado.

—Y para mí —dijo Noah, acercándose a él—, siempre me fascinó cómo puedes crear algo a partir de la nada. Cómo puedes inspirar a la gente, cómo puedes hacer que un grupo de individuos se convierta en un equipo. Eso es mi tipo de magia.

Se quedaron frente a la pizarra, tan cerca que Noah podía sentir el calor de su cuerpo. Por un momento, el mundo se redujo a ese pequeño espacio, a las ecuaciones entre ellos y a la verdad no escrita en el aire.

—¿Qué pasa ahora? —preguntó Leo, su voz apenas un susurro—. Después del lunes. ¿Qué pasa con nosotros?

Noah tomó una profunda inhalación. Esta era la variable más importante, la más impredecible. Y esta vez, no había fórmula que pudiera ayudarle.

—No quiero que esto termine —dijo Noah, su voz firme pero con un temblor subyacente—. No quiero que el lunes sea el final. Quiero... quiero seguir descubriéndote. Quiero seguir aprendiendo de tu magia mientras tú aprendes de mi lógica. Quiero... este caos. Nuestro caos.

Leo sonrió, y en esa sonrisa, Noah vio el amanecer que tanto le gustaba. Un comienzo. —Yo también, Noah. Más de lo que puedas imaginar.

Y entonces, Leo hizo lo que Noah había estado esperando y temiendo al mismo tiempo. Se inclinó y lo besó.

No fue un beso apasionado y desesperado. Fue un beso suave, tierno, lleno de preguntas sin respuestas y promesas silenciosas. Sabía a café con leche, a hielo y a algo indefiniblemente Leo. Noah correspondió, sus manos encontrando la cintura de Leo, y en ese beso, todas las ecuaciones, todos los planes, todas las proyecciones se desvanecieron. Solo quedaba la sensación, la conexión, la verdad.

Se separaron, sus frentes apoyadas una en la otra, respirando el mismo aire.

—Wow —dijo Leo, su voz ronca—. Supongo que eso resuelve la pregunta de qué pasa ahora.

Noah se rio, un sonido que vibraba en el pecho de Leo. —Es una variable inesperada. Pero me gusta. Me gusta mucho.

Se quedaron despiertos hasta casi el amanecer, hablando no de la beca, no del festival, sino de ellos. De sus miedos, sus sueños, sus familias. Noah le contó a Leo sobre su padre, sobre la promesa que se había hecho a sí mismo de nunca depender de nadie, de nunca ser vulnerable. Leo le contó a Noah sobre su hermano, sobre el peso de las expectativas, sobre el miedo a no estar a la altura.

Se acurrucaron en el sofá pequeño de Leo, bajo una manta áspera, y mientras el primer atisbo de luz se filtraba por la ventana, Noah se dio cuenta de que Leo tenía razón. El amanecer era un final. El fin de su soledad. El fin de su miedo. Y el principio de algo mucho más grande y maravilloso que cualquier beca, cualquier éxito, cualquier plan que hubiera podido imaginar.

—No quiero irme —dijo Noah, su voz somnolienta—. Quiero quedarme aquí, en este momento, para siempre.

—Nos quedaremos —dijo Leo, besándole la frente—. Pero también vamos a enfrentar el lunes. Juntos. Como lo hemos hecho todo hasta ahora. ¿Te parece?

Noah asintió, sintiendo una paz que nunca había conocido. —Sí. Juntos.

Y mientras el sol se elevaba sobre el campus, pintando el cielo de naranja y rosa, Noah y Leo se quedaron allí, abrazados en el sofá, dos mundos que habían chocado y se habían fusionado, dos rivales que se habían convertido en algo más. Algo que no tenía nombre, no tenía definición, no tenía fórmula. Algo que solo era real. Y para Noah, el chico de las ecuaciones y la lógica, esa era la verdad más hermosa de todas.

1
Fany Torres
bellísima historia me encantó felicito a la autora siga asi
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