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Debajo De Tus Sábanas

Debajo De Tus Sábanas

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Traiciones y engaños
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Todos sabían que Víctor Moreira se había convertido en un hombre solitario tras su reciente y complicado divorcio con Ángela. Desde entonces, se había concentrado exclusivamente en una sola cosa: ser un padre intachable, enfocado en su trabajo y, sobre todo, en proteger el bienestar de su hija Angélica, una adolescente de quince años.
Pero nadie sabía sobre esos deseos sexuales que se encendieron con cada mirada recibida por Cecilia Morales, su nueva secretaria de veinte años. Una joven que fingía ser tímida, discreta y sumamente profesional ante el mundo, cuando en realidad ocultaba fantasías intensas y deseaba a ese hombre mayor y con autoridad solo para ella.

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Capitulo 23

La tregua que había devuelto el fuego y la devoción al despacho de Víctor Moreira duró muy poco, desvaneciéndose como el humo en cuanto los hilos del pasado volvieron a tensarse con una fuerza destructiva. La mañana del jueves avanzaba en la oficina con esa calma tensa que Cecilia y Víctor ya sabían manejar a la perfección. Ella, sentada tras el mostrador de mármol de la recepción, vestía una blusa de satén color ocre que se amoldaba con suavidad a la curva de su pecho y una falda lápiz color chocolate que acentuaba la cadera. Mantenía su postura dócil, tecleando con fluidez, pero su mente aún saboreaba las palabras de amor y la intensa entrega de la noche anterior.

Dentro del despacho, Víctor revisaba los contratos con una tranquilidad renovada. Su imponente presencia física de treinta años, realzada por un traje sastre gris oscuro hecho a la medida, transmitía esa superioridad natural que infundía un respeto absoluto en toda la empresa. Pensaba que la rebeldía de su hija Angélica estaba controlada y que su relación secreta con Cecilia finalmente caminaba sobre suelo firme, libre de las ataduras de sus antiguos temores.

Pero el destino, manejado por el rencor de su exesposa, estaba a punto de reventar la burbuja.

A las once en punto, las puertas del ascensor se abrieron de golpe, interrumpiendo el zumbido del aire acondicionado. Ángela cruzó el umbral de la recepción. No traía la misma actitud desesperada ni los ruegos de amor de su última visita; esta vez, su rostro reflejaba una sonrisa triunfante, fría y calculadora que a Cecilia le erizó la piel de inmediato. En su mano derecha, sostenía un sobre de manila amarillo con una firmeza que vaticinaba el desastre.

Cecilia se incorporó de inmediato, recuperando su máscara robótica de eficiencia profesional.

—Buenos días, señora. El señor Moreira no ha programado citas externas hoy y... —intentó decir Cecilia, manteniendo la voz baja y dócil.

—Ahórrate el discurso, Cecilia —la interrumpió Ángela, clavándole una mirada cargada de un desprecio absoluto mientras golpeaba el sobre contra el mostrador—. Hoy no vengo a pedir nada. Vengo a cobrar lo que es mío. Muévete.

Sin esperar, Ángela empujó la puerta de vidrio del despacho principal. Cecilia, intuyendo la gravedad de la situación y rompiendo por un segundo su papel de subordinada, entró inmediatamente detrás de ella.

Víctor levantó la vista de sus papeles, y al ver la doble intrusión, su mandíbula se apretó con una fuerza peligrosa. Se puso de pie, exponiendo su torso ancho y su porte implacable, infundiendo un aire de mando que congeló la habitación.

—¡Ángela! Te advertí que no toleraría una sola escena más en esta empresa —soltó Víctor. Su voz profunda y gélida resonó como un trueno—. Sal de aquí antes de que ordene a seguridad que te saque a la fuerza.

—¿A la fuerza? No te atreverías, Víctor. No después de ver lo que tengo aquí —respondió Ángela con una risa amarga y descarada.

Con un movimiento dramático, abrió el sobre amarillo y arrojó su contenido sobre el escritorio de caoba. Una docena de fotografías brillantes se esparcieron sobre la madera, rompiendo la pulcritud del lugar.

Víctor y Cecilia bajaron la vista al mismo tiempo, y el aire pareció desaparecer del despacho. Eran imágenes nítidas, de alta resolución, tomadas desde un ángulo indiscreto semanas atrás. En ellas, se veía a Víctor y a Cecilia saliendo tomados de la mano del hotel de la costa donde todo había comenzado, compartiendo una mirada cargada de un atrevimiento salvaje y una complicidad íntima que ningún compañero de trabajo podría justificar. En otra de las fotos, Víctor la tomaba de la cintura con esa fuerza posesiva dominante antes de subir al auto.

—Un investigador privado, Víctor —reveló Ángela, cruzándose de brazos con una superioridad venenosa—. Un mes entero siguiéndote los pasos porque sabía que me ocultabas algo. Resulta que el correcto padre de familia, el intachable director ejecutivo de treinta años, se acuesta con su dócil secretarita en viajes de negocios mientras yo me quedo lidiando con los problemas de la casa.

La revelación cayó como un balde de agua fría, pero la reacción de la pareja demostró la madurez y la conexión que habían desarrollado. Cecilia sintió un vuelco en el estómago, una mezcla de rabia y humillación al ver su intimidad expuesta ante los ojos de la mujer que tanto los había atormentado, pero no bajó la cabeza. Se mantuvo al lado de Víctor, asumiendo su posición con una templanza que descolocó a Ángela.

Víctor, por su parte, sintió una furia negra correr por sus venas, pero la contuvo bajo una capa de hielo autoritario. Miró las fotos y luego fijó sus ojos oscuros en su exesposa, sin un ápice de culpa.

—Esto no cambia nada, Ángela. Tú y yo estamos divorciados. Lo que yo haga con mi vida privada, con mi cuerpo o con la mujer que elija tener a mi lado, dejó de ser tu maldito asunto el día que firmamos los papeles —sentenció Víctor con una voz de mando implacable.

—¡Oh, claro que cambia las cosas! —siseó Ángela, inclinándose sobre el escritorio, perdiendo la compostura triunfal para revelar la envidia cruda que la carcomía—. Tal vez a los socios de la empresa no les importe con quién te revuelcas debajo de las sábanas, pero ¿qué crees que pensará Angélica? Tu adorada hija adolescente, esa que ahora está tan rebelde y que cree que eres un santo. Si le muestro estas fotos, si ve que su padre la dejó de lado para revolcarse con la empleada, te va a odiar para siempre, Víctor. Te aseguro que no querrá volver a mirarte a la cara.

La amenaza directa contra su hija fue el límite. El despacho se sumió en un silencio tan denso que la tensión sexual y el peligro se fusionaron en el aire.

Cecilia, comprendiendo que el eslabón más débil en la mente de Víctor era el bienestar de la adolescente, decidió dar un paso al frente. Dio un paso con parsimonia, permitiendo que la abertura lateral de su falda revelara la firmeza de su pierna, adoptando una postura dócil ante Víctor pero implacable ante la intrusa.

—Señora, usted está subestimando la madurez de Angélica —intervino Cecilia con una voz suave, pero cargada de una seguridad cortante—. Ella es una chica inteligente y perceptiva. Si usted le muestra esas fotos, no verá la traición de su padre; verá la desesperación de una madre que prefiere destruir la estabilidad de su propia hija con tal de saciar su sed de venganza. Angélica ya convivió conmigo, y sabe perfectamente el respeto que le tenemos.

Ángela se giró hacia ella con los ojos inyectados en rabia, levantando la mano para señalarla.

—¡Tú te callas, mosquita muerta! No eres más que una...

—¡Suficiente, Ángela! —el grito de Víctor resonó con una potencia salvaje que hizo eco en los cristales polarizados.

Víctor rodeó el escritorio con pasos largos y seguros, interponiendo su robusta y robusta contextura física para proteger a Cecilia. Tomó a Ángela del brazo con una firmeza que no admitía réplicas y la obligó a retroceder hacia la salida. Su mirada era la de un depredador que ya no iba a negociar.

—Te vas a largar de mi oficina en este mismo segundo, y te vas a llevar tus malditas fotos contigo —le ordenó Víctor al oído, con un tono ronco que helaba la sangre—. Si te atreves a usar a mi hija para tus chantajes, te juro por lo más sagrado que te quitaré la custodia total y usaré todos mis recursos para hundirte en la miseria. No me vuelvas a amenazar en tu vida.

Intimidada por el aura de poder absoluto y la furia contenida de Víctor, Ángela recogió las fotografías con manos temblorosas, metiéndolas de nuevo en el sobre de manila, y salió del despacho a toda prisa, con los tacones resonando en el pasillo como una retirada desastrosa.

Cuando el clic definitivo de la puerta trasera volvió a sellar el despacho, la atmósfera cambió por completo. La rabia de la confrontación se transformó en una necesidad urgente de posesión. Víctor se giró hacia Cecilia, con la respiración agitada y las pupilas completamente dilatadas por la adrenalina y el deseo reprimido.

La tomó por la cintura con sus manos grandes y cálidas, pegando el cuerpo de ella contra el suyo con una brusquedad que a ella le arrancó un gemido ahogado. Cecilia enredó sus brazos en su cuello, sintiendo el delicioso peso de su autoridad y de su protección en mitad del caos.

—Me defendiste frente a ella, Cecilia... —susurró ella con un atrevimiento salvaje, entregándose por completo a la fuerza de su agarre.

—Te defenderé de cualquiera, mi amor, porque tu voluntad me pertenece —respondió Víctor en un ruego ronco, antes de atrapar sus labios en un beso voraz, profundo y caliente que selló su pacto bajo las sombras de la oficina, demostrando que no había amenazas que pudieran apagar el fuego secreto que compartían debajo de las sábanas.

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Kookie
ojalá subas capitulos muchos
Kookie
tuvieron un bebé
Kookie
ya se la ganó
Kookie
tanto tiempo pasó
Kookie
entiendo a Ceci
Kookie
ya empezó el juego
Kookie
la odiosa de su ex esposa
Kookie
se está poniendo bueno
Kookie
la niña le dió su merecido a esa bruja
Kookie
no tenía que irse
Kookie
más trasfondo de la madre
Kookie
uffffff
Kookie
Ya le confesó 🤭🤭
Kookie
Más capitulos plis
SAQ
Red
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