Marian Soler solo quería conservar su beca en Aurum Academy y conseguir el tratamiento que su hermana menor necesitaba. Pero una noche escucha una conversación que no debía: Demian Valcárcel, el heredero más poderoso de la universidad, está atrapado en un compromiso impuesto con Isabell Santoro.
Cuando Demian descubre la situación de Marian, le ofrece un trato imposible de rechazar: fingir ser su prometida durante seis meses a cambio de dinero, protección y acceso médico para su hermana.
Ella acepta por necesidad. Él la elige por conveniencia.
Pero en Aurum nada es gratis. Entre rumores, fiestas de élite, secretos familiares y una prometida dispuesta a destruirla, Marian tendrá que decidir si puede sobrevivir al mundo de Demian sin perderse a sí misma… ni caer por el heredero que juró no amar.
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Capítulo 14 — Finge lo suficiente
Regina revisó los cambios.
Hizo preguntas.
Ajustó redacciones.
Confirmó que el fondo médico para Lía podía constituirse como garantía separada del contrato de imagen. Aclaró que Marian podía terminar el acuerdo si Demian vulneraba límites físicos, usaba a Lía públicamente o intervenía en su situación académica de manera perjudicial.
—Esto sigue siendo un contrato de alto riesgo para usted —le dijo Regina a Marian, sin suavizar la voz—. Implica exposición pública, presión social y dependencia temporal de una estructura de poder que no controla.
—Lo sé.
—No firme pensando que esto es una salvación.
Marian miró a Demian.
Él también la miraba.
—No lo pienso —dijo ella.
Regina asintió.
—Entonces firme solo si decide que, con estos límites, es una herramienta que puede usar.
Una herramienta.
No una rendición.
Marian tomó la pluma.
La sostuvo unos segundos.
Pensó en Lía dormida en una habitación de hospital con una sudadera amarilla. En su madre lavando ropa de madrugada. En la beca bajo observación. En Aureum mirando a los becarios como invitados tolerados. En Isabell Santoro, a quien todavía no había enfrentado realmente. En Demian Valcárcel diciendo que no era bueno, pero que podía ser útil.
Levantó la mirada.
—Una cosa más.
Demian esperó.
—No va a humillarme para hacer esto creíble.
—No necesito humillarte.
—Su mundo sí.
—Mi mundo aprenderá.
Marian sintió que la respuesta le rozaba algo peligroso.
No promesa.
No ternura.
Algo más frío.
Más fuerte.
—Y si intenta decidir por mí…
—Lo notarás.
—Y si usa a mi hermana…
—No lo haré.
—No le estoy pidiendo una promesa romántica.
Demian sostuvo su mirada.
—No te la estoy dando.
Bien.
Eso era mejor.
Eso podía soportarlo.
Marian firmó.
Su nombre quedó al final de la hoja con una tinta negra que parecía demasiado definitiva.
Regina firmó como testigo.
Demian firmó después.
No dudó.
Cuando la abogada salió para gestionar las copias, el silencio volvió a la biblioteca privada.
Marian cerró la pluma y la dejó sobre la mesa.
Sentía que acababa de cruzar una puerta que no podía desandar.
Demian tomó una de las copias del contrato.
—Desde ahora, habrá cambios.
—¿Qué cambios?
—Tu beca dejará de estar bajo observación.
—Eso parece conveniente para usted.
—Lo es para ambos.
—No confunda eso con gratitud.
—No la necesito.
Marian recogió su bolso.
—¿Algo más?
Demian se acercó solo un paso.
La biblioteca era amplia, pero en ese momento pareció estrecharse.
—Sí.
Marian se tensó.
—¿Qué?
Él la miró con esa calma que nunca era suave.
—Desde este momento, en Aureum Academy, eres mía.
Marian sintió que la rabia le subía como fuego.
Dio un paso hacia él y, por primera vez, fue ella quien acortó la distancia.
—No —dijo, clara, baja, firme—. Desde este momento, en Aureum Academy, fingimos que lo soy.
Demian la miró.
Y entonces, apenas, casi como una sombra en la boca, apareció algo que no alcanzó a ser sonrisa.
—Bien —dijo—. Entonces finge lo suficiente para sobrevivir.
Marian sostuvo su mirada, con el contrato ardiéndole todavía en la mano, y entendió que aquella mentira acababa de volverse más peligrosa que cualquier verdad que hubiera intentado proteger.