Durante diez años, Rebecca le volvió la espalda al pasado, decidiendo aceptar la traición de Jay Lorence y abrirse paso sola en la vida. Pero ahora, nada podía apartarla del lecho de su madre; ni siquiera para enfrentarse a Jay de nuevo... Después de todo, él jamás se molestó en averiguar qué le sucedió a la adolescente que huyó de Thornley, jurando nunca regresar, ni cómo sobrevivió la chica cuyo amor y confianza rechazó con tanta crueldad...
NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 13
A pesar de todo, no le importó que Olivia brillara, siempre y cuando no tratara de herirla con sus sarcasmos. Se concretó a picotear los platos que la señora Musgrove colocaba ante ella, incapaz de saborearlos, la tensión que la invadía.
- ¿Más vino, Rebecca? -se sobresaltó, cuando Jay le habló.
-N-no gracias -lo rechazó, con cortesía. Aceptó una copa por educación, pero no estaba acostumbrada a beber alcohol.
La negativa atrajo la atención de Olivia y Rebecca esperó, con un sentimiento fatalista, que la sutil crucifixión de su compostura empezara.
-Pues, ha sido muy... agradable verte de nuevo, Becky -comentó Olivia - ¿Te quedarás mucho tiempo?
-No creo -contestó, de forma vaga, decidida a no darle a Olivia la satisfacción de conocer sus planes, si lo podía evitar-. Pero sin duda, vamos a vernos antes de que parta -le dedicó una sonrisa falsa y recibió otra en respuesta.
-Sin duda -aceptó Olivia-, puesto que Jay y yo pasamos mucho tiempo juntos -una mano de magnolia se extendió posesiva para cubrir la de Jay-. Quizás hasta podríamos salir una noche -sugirió, entusiasta-. Conseguiría, a alguien que fuera tu pareja, Becky.
Sí; pero, ¿a quién?, se preguntó Rebecca con acidez. ¿Al vago del pueblo? Porque eso implicaba el tono que usaba.
-No vine a divertirme, Olivia -le informó, helada- Mí madre está enferma y quiero acompañarla todo lo que pueda.
-Para luego regresar a tu propia vida, supongo - vez la nota de burla se filtró en su voz-. Nunca estuvieron muy unidas, ¿verdad?
-Lo suficiente como para considerar mudarme a Thornley, si mi madre desea permanecer aquí -se oyó contestar Rebecca, siguiendo un impulso que al menos le dio la satisfacción de ver dos bocas abiertas por la sorpresa. Desde luego jamás lo haría. No con Kit. Jamás con su hijo. -Pero quizá logre convencerla de que ella viva conmigo.
Lo Contempló, dándose cuenta de que no tenía la menor idea de dónde vivía. No se lo preguntó y ella no se lo hubiera dicho, de ninguna manera. Así que...
-En Londres -respondió, sabiendo que la ciudad era inmensa Y que uno se perdía en ella.
-Tu madre ha vivido en Yorkshire toda su vida -descartó la idea con tono mordaz- Sólo una loca insensible pensaría arrancarla de su terreno anciana y enferma.
- Entonces, ¿qué sugieres que haga? -lo retó-. Como no soy tonta, comprendo que mi madre no podrá seguir trabajando de sirvienta cuando salga del hospital. Debió retirarse hace años y, como señalaste antes-agregó molesta-, es mi responsabilidad y de nadie más.
-Por lo tanto, tendrás que mudarte aquí, tomo acabas de decir-una extraña nota de triunfo hizo que Rebecca frunciera el ceño. ¿Por qué atraía esa posibilidad a Jay?
-Mis compromisos quizá dificulten esa solución -se defendió.
- ¿Entre ellos se encuentra un hombre? -indagó Olivia, en son de chisme.
Rebecca sostuvo la mirada de Jay por un momento y luego se volvió para ver a Olivia.
-Siempre hay un hombre en los compromisos de una mujer-se burló y agregó-: Pero también administro mi negocio y no puedo cambiarlo de lugar con tanta facilidad. -
- ¿Administras tu propio negocio? - fin parecía haber impresionado a Olivia y Jay entrecerró los ojos, evaluándola.
-Sí -confirmó-, y no lo puedo mover de un lado a otro. Diseño y confecciono vestidos para dama -admitió-. Mi clientela requiere de mi atención personal y no se desplazará por mi causa.
-Oh -suspiró Olivia, con un gesto caprichoso-, ¿quieres decir que coses en las casas; como la vieja señora Denver lo hacía en el pueblo?
-No -respondió Rebecca, poniéndose de pie-. Produzco bajo mi propia marca... Salamandra -agregó con calma, gozando al ver que Olivia volvía a quedarse con la boca abierta.
- ¿Acaso tú... tú eres Salamandra? -su voz reflejaba incredulidad.
-Exacto -confirmó Rebecca, sonriendo con satisfacción. Salamandra sólo era una rama de su trabajo, pero comprendía las líneas exclusivas que diseñaba para telas carisímas Cristina se le ocurrió llevar unas muestras a las mejores boutiques de Londres, para ver qué pasaba. Eso sucedió tres años antes. Desde entonces, la etiqueta de Salamandra se convirtió en un nombre envidiado en el mundo de la moda. Rebecca sólo confeccionaba seis trajes cada estación y se los arrebataban de las manos, pagándole una pequeña fortuna, aun antes que salieran del taller.
- ¿Ese es un Salamandra? -Olivia contemplaba su vestido color jade con nuevos ojos y una expresión casi envidiosa.
-No -le aclaró Rebecca-. Lo diseñé para mi uso personal -le lanzó una mirada a Jay y decidió aprovechar la oportunidad que se le ofrecía- Si no les importa, quiero retirarme... ha sido un día muy pesado para mí.
-Desde luego -también se puso de pie; sus modales eran, como la mayoría de los detalles en él, impecables.
Con un frío “buenas noches”. Rebecca escapó del cuarto, deteniéndose en el vestíbulo para relajarse, antes de enderezarse y subir las escaleras.