Ella pasa una noche apasionada y fruto de esa noche queda embarazada su madre hace todo lo posible por separarlos
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Capitulo 13
Esa tarde la mansión Mendoza estaba más elegante de lo normal.
El gran salón había sido preparado para recibir a varias mujeres de la alta sociedad. Eran amigas de Doña Úrsula, entre ellas la influyente madre de Camila.
Valeria no tenía intención de participar.
Estaba en la cocina preparando algo para Mateo cuando una empleada se acercó.
—Señorita Valeria, la señora Úrsula quiere verla en el salón.
Valeria dudó.
Pero finalmente caminó hacia allí con Mateo de la mano.
Apenas entró al enorme salón sintió todas las miradas encima de ella.
Las mujeres estaban sentadas alrededor de la mesa tomando té.
Camila sonrió con una expresión venenosa.
—Ah… ahí está.
Valeria se detuvo.
—¿Me llamó?
Doña Úrsula habló con frialdad.
—Sí. Ven un momento.
Valeria avanzó con calma.
Mateo se escondió un poco detrás de su pierna.
Camila levantó su taza con elegancia.
—Estábamos hablando de… ciertos huéspedes inesperados en esta casa.
Algunas mujeres rieron suavemente.
Valeria entendió de inmediato.
—Si mi presencia incomoda puedo retirarme —dijo con serenidad.
Camila sonrió con burla.
—Oh no, querida.
La miró de arriba abajo.
—Solo queríamos conocerte.
Una de las mujeres susurró:
—¿Es la madre soltera?
Camila respondió sin pudor.
—Exactamente.
Mateo frunció el ceño.
—No seas mala con mami.
Varias mujeres se miraron entre sí con incomodidad.
Camila suspiró dramáticamente.
—Ya ven… incluso el niño tiene modales dudosos.
Valeria apretó suavemente la mano de Mateo.
—Con permiso.
Intentó marcharse.
Pero Camila habló otra vez.
—Debe ser difícil.
Valeria se detuvo.
—¿Qué cosa?
Camila sonrió cruelmente.
—Aparecer en la casa de una familia rica… con un hijo… esperando que alguien se haga cargo.
El silencio fue total.
Mateo miró confundido a su madre.
Valeria respiró profundo.
—No estoy esperando nada de nadie.
Una voz masculina habló desde la puerta.
—Eso es verdad.
Todos voltearon.
Dante estaba apoyado en el marco de la puerta con una sonrisa relajada.
—De hecho… es la única persona en esta casa que no pide nada.
Camila lo miró molesta.
—Dante, no te metas.
Él caminó hacia el centro del salón.
—¿Por qué no?
Luego miró a las mujeres.
—Si van a juzgar a alguien deberían empezar por las personas correctas.
Camila se puso de pie.
—¿Qué quieres decir?
Dante sonrió.
—Nada importante.
Pero entonces otra voz interrumpió.
—Yo sí tengo algo que decir.
Alejandro había entrado sin que nadie lo notara.
Su mirada era fría.
Muy fría.
Caminó hasta quedar junto a Valeria y Mateo.
—Este niño y su madre son invitados de mi padre.
Miró a Camila directamente.
—Y en esta casa los invitados se respetan.
Camila estaba roja de furia.
—Alejandro…
—No he terminado.
Su voz fue firme.
—Si alguien vuelve a faltarle el respeto a Valeria… tendrá un problema conmigo.
El silencio fue absoluto.
Mateo miró a Alejandro con admiración.
—Papá es fuerte.
Varias mujeres casi se atragantaron con el té.
Dante soltó una pequeña risa.
Y Camila…
parecía a punto de explotar.
Valeria salió del salón con el corazón latiendo con fuerza.
Las miradas.
Los susurros.
Las risas.
Todo le había recordado exactamente por qué nunca quiso volver a acercarse a esa familia.
Caminó rápido por el pasillo intentando contener las lágrimas.
Pero antes de que pudiera llegar a las escaleras…
Una mano sujetó la suya.
—Valeria, espera.
Era Alejandro.
Ella se detuvo, pero no lo miró.
—Suéltame.
—Por favor.
Valeria cerró los ojos un segundo.
—Sabía que venir a este lugar sería una mala idea —exclamó finalmente.
Alejandro apretó suavemente su mano.
—De verdad lo siento.
Ella soltó una pequeña risa amarga.
—¿Ahora lo sientes?
—Sí.
Valeria finalmente lo miró.
Sus ojos estaban llenos de enojo… pero también de dolor.
—Ya no importa.
Alejandro frunció el ceño.
—Claro que importa.
Valeria negó con la cabeza.
—No.
Respiró profundo.
—Voy a irme lo antes posible.
Alejandro se tensó.
—¿Irte?
—Cuando logre encontrar un trabajo… no pienso quedarme en este lugar un momento más.
Las palabras le golpearon el pecho como un puñetazo.
—¿Te vas a ir de nuevo?
Valeria lo miró confundida.
—¿De nuevo?
Alejandro soltó su mano.
Su voz se volvió más dura.
—Sí.
La miró con reproche.
—Vas a huir otra vez.
Valeria lo miró incrédula.
—¿Perdón?
—Como siempre haces.
El silencio entre ellos se volvió pesado.
Los ojos de Valeria se llenaron de furia.
—¿Y por qué crees que huí, Alejandro?
Él frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Valeria dio un paso hacia él.
—No te hagas el tonto.
Alejandro negó con la cabeza.
—No entiendo de qué estás hablando.
Valeria lo observó unos segundos.
Como si estuviera decidiendo algo.
Pero al final solo suspiró.
—Claro que no lo entiendes.
Su voz se volvió fría.
—Porque nunca te lo contaron.
Alejandro sintió una extraña inquietud.
—¿Contarme qué?
Valeria lo miró directamente a los ojos.
—Pregúntale a tu madre.
Alejandro se quedó inmóvil.
—¿Mi madre?
Valeria apartó su mano.
—Ella sabe mejor que nadie por qué me fui.
Sus palabras quedaron flotando en el aire.
Alejandro sintió que algo dentro de él comenzaba a encajar… y al mismo tiempo a inquietarlo.
—Valeria…
Pero ella ya había retrocedido.
—Buenas noches, Alejandro.
Y sin decir nada más…
se dio la vuelta y caminó hacia su habitación.
Alejandro se quedó en medio del pasillo.
Pensando.
Por primera vez…
con una duda creciendo en su mente.
¿Qué había hecho su madre?
Y por qué…
sentía que no iba a gustarle la respuesta.