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Soy La Villana Que Salvará A Su Favorito.

Soy La Villana Que Salvará A Su Favorito.

Status: En proceso
Genre:CEO / Venganza de la protagonista / Reencarnación
Popularitas:7.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

SOY LA VILLANA QUE SALVARÁ A SU FAVORITO

Violeta Alber ha vivido tres vidas: mercenaria letal en la Metrólis Feudal, mariscala de élite en la era moderna y diseñadora de moda exitosa, pero la traición la ha acompañado siempre. Al morir por tercera vez, despierta en el cuerpo de Roxana Ruiz —la esposa por contrato del personaje que más admiró en una novela: Bruno Castellano, un CEO brillante pero paralizado y sumido en la depresión, condenado a morir para que los protagonistas oficiales vivan felices.

Conociendo el destino trágico que les espera a Bruno y su familia, Roxana decide cambiar el curso de la historia. Convertirá su imagen de mujer despreciada en la de una líder imponente, luchará contra la manipulación de Orquídea y Gael, salvará a los hermanos de Bruno y protegerá sus bienes —incluyendo tierras en París con minas de diamantes y oro que le garantizarán libertad.

NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

4 LA NUEVA JEFATURA

El jefe de los matones sonrió con una mueca sucia, mirándome de arriba abajo.

—Vaya, así que tú eres la esposa... ¡Wow, eres una belleza, preciosa! Ese inválido no sirve para nada, yo te puedo hacer sentir genial —dijo, mientras sus 20 acompañantes gruñían de aprobación.

Mi rostro se mantuvo frío como el de una militar entrenada en campos de batalla, sin mostrar ni un ápice de miedo.

—Llamaste a mi esposo "inválido" —dije, con la voz baja pero cargada de una amenaza que hizo que el aire se enfriara.

En la habitación del segundo piso, Bruno observaba desde la ventana. No podía hacer nada: todos los empleados de la mansión eran de Gael, y él ya había perdido la esperanza. Había sido un CEO dominante y fuerte, pero al quedar paralizado y ser rechazado por la mujer que amaba, se había resignado al olvido.

Mientras tanto, uno de los matones se acercó a Sasha y le tocó los senos con insolencia.

—Te voy a vender, muñeca, después de disfrutarme —murmuró con una sonrisa depravada.

En un instante, me lancé sobre él con el bate en mano. Mis movimientos eran impresionantes, mezclando artes marciales que había dominado en mis vidas pasadas —aún con mis tacones altos, me movía como una sombra rápida y letal. Lo lancé contra el piso con una voltereta, y sin mostrar piedad, con mi rostro de piedra, golpeé su entrepierna con el bate con tanta fuerza que el crujido de huesos se escuchó en todo el portón. Quedó tirado en el suelo, inconsciente y sin posibilidad de volver a hacer daño.

El jefe y todos los matones se quedaron helados de sorpresa —incluso Bruno y sus hermanos abrieron los ojos como platos.

—¡Perra! Eres tan vil y viciosa —gritó el jefe, viendo a su hijo tendido en el suelo—. Lo dejaste inservible... ¡te mataré! ¡Ataquenla!

Los 19 matones restantes se lanzaron sobre mí a la vez, pero yo los desbaraté con facilidad: patadas giratorias que dejaban a varios inconscientes, golpes precisos con el bate en articulaciones, movimientos que parecían sacados de una película de artes marciales. En menos de cinco minutos, todos yacían en el suelo, jadeando de dolor. Solo quedaba el jefe.

—¡Ten piedad! ¡Prometo irme y dejar la deuda! —gritó, retrocediendo con miedo.

Lo pateé en el estómago, haciéndolo caer al suelo. Tomé mi bate con ambas manos y me acerqué lentamente.

—Llamaste a mi esposo inválido... Así que te dejaré como uno —anuncié con calma.

Sin piedad, golpeé su columna vertebral con el bate; el crujido de huesos resonó como un trueno. El jefe gritó de agonía, quedándose paralizado de la cintura para abajo.

El asistente de Bruno, que estaba a su lado en la ventana, empezó a temblar.

—¡Dios mío! Esa mujer es demasiado aterradora... Todo este tiempo fingió ser frágil —murmuró, mientras se pasaba la mano por la frente con nerviosismo. Bruno seguía en silencio, pero sus ojos azules mostraban una mezcla de sorpresa y algo que parecía ser interés.

Bruno:

Julio estaba paralizado en su lugar, sin poder articular una palabra. Pero yo no me quedaba ahí: me acerqué a él y le di una bofetada seca que resonó en el aire.

—¡Por qué me pegas! —gritó, cubriéndose la mejilla roja.

—Soy tu cuñada... o sea, tu segunda madre, mocoso insolente —le respondí con severidad—. ¡Te metiste en líos que podrían haber costado la vida a toda la familia!

—¡Yo hago lo que quiera! —replicó con arrogancia.

Le pedí a uno de los matones que aún podía moverse que me diera su cinturón. Cuando se lo entregó temblando, me acerqué a Julio y empecé a latigar sus pompas con fuerza.

—¡Este látigazo es por insolente! —golpeé.

—¡Este por andar con gente que nos debe dinero! —otro golpe.

—¡Este por tarado y no pensar en las consecuencias! —tercer golpe.

—¡Este por sacar malas calificaciones y hacerle daño al nombre de la familia! —cuarto golpe.

—¡Este por robar mis joyas para dárselas a esa chica de la que estás enamorado! —quinto golpe.

—¡Y este por causar que casi vendan a tu hermana! —sexto golpe.

—¡Cuñada, ya basta! ¡Me duele la colita! —gritó Julio, saltitando de un pie a otro y cubriéndose el trasero con las manos. La escena era tan cómica que incluso algunos de los matones heridos no pudieron evitar soltar una risita ahogada.

—¡Arrodíllate ahora! —ordené. Cuando lo hizo, continué—: Mañana iré a tu escuela y esa mocosa tendrá que devolverme todas mis joyas. A partir de hoy, YO tomaré las riendas de esta familia.

En ese momento llegó el equipo de servicio que había contratado. La jefa de ellos se llamaba Sonia —una mujer de unos 45 años, con mirada firme y postura recta.

Justo entonces, Lucía, la madrastra de Bruno y segunda esposa de su difunto padre —aliada con Gael— salió de la mansión con la nariz en alto.

—¡No tienes derecho a pegarle a los niños! Y la casa la manejo YO —gritó con arrogancia.

—Sonia —llamé a una de las sirvientas—, bofetea a esta mujer.

Sonia no dudó ni un segundo: le dio una bofetada tan fuerte que Lucía se tambaleó.

—¡Insolente! ¿Cómo te atreves a pegarme? —gritó, llevándose la mano a la mejilla hinchada.

—Sonia, dale 20 bofetadas más —ordené.

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santiago bock herrera
🤭🤭🤭
santiago bock herrera
Roxana no deja pasar una
santiago bock herrera
Es bueno que se apoyen
santiago bock herrera
Esta es mi villana favorita
Aleida Delgado Santana: Es una ,Queen. Es muy astuta.
total 2 replies
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