Reencarné en el omega destinado a morir por amor.
Abandonado por el protagonista, incluso estando embarazado.
Esta vez no rogaré.
Me iré con mi hijo… y escribiré mi propio final feliz.
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Capítulo 13 — Donde elijo quedarme sin invadirte
La habitación estaba tibia por el brasero bajo, pero Lysien sentía frío en los dedos. No era el frío del clima; era ese que aparece cuando el cansancio se queda demasiado tiempo en el cuerpo. Ajustó la manta sobre las piernas de Kaelen con un gesto lento, como si el cuidado fuera una forma de ordenar el mundo.
Kaelen observó el movimiento con los ojos aún cansados. La herida del costado ya no sangraba, pero el dolor seguía allí, punzante, recordándole que su cuerpo también tenía límites. Le incomodaba necesitar ayuda. Le incomodaba, más aún, necesitarla de él.
—No tienes que hacerlo todo —dijo Kaelen, en voz baja.
Lysien no se giró de inmediato. Acomodó la jarra en la mesa, limpió una gota de agua que había caído al suelo, y recién entonces lo miró.
—No lo hago todo —respondió—. Hago lo que me corresponde. Cuidarte ahora no me quita espacio. Me lo da.
Kaelen tragó saliva. No estaba acostumbrado a que el cuidado no viniera con una deuda implícita. A que no hubiera una factura emocional que pagar después.
—Cuando sane —dijo—, me iré al cuartel. No quiero que sientas que tu mundo depende de mi convalecencia.
Lysien se acercó y se sentó en la silla junto a la cama. No tomó la mano de Kaelen. Dejó la suya visible sobre el respaldo, una invitación que no exigía ser aceptada.
—Mi mundo no depende de ti —dijo, con suavidad firme—. Mi mundo se sostiene con o sin compañía. Lo que cambia es el cómo se camina cuando alguien decide caminar al lado.
Kaelen lo miró largo. Había aprendido a leer el campo de batalla; no había aprendido a leer ese tipo de quietud que no retrocede.
—No quiero cruzar un límite que no me has dado —admitió—. Siento cosas. Y no me gusta sentirlas cuando no tengo derecho a pedir nada.
Lysien dejó escapar el aire por la nariz, una sonrisa mínima que no era burla, sino reconocimiento.
—No tienes derecho a pedirme nada —dijo—. Y yo no te he prometido nada. Eso no hace que lo que sientes sea incorrecto. Solo lo vuelve tuyo.
Kaelen bajó la mirada, como si ese permiso tácito —sentir sin reclamar— fuera un terreno desconocido.
—Mi historia es simple —continuó Lysien—. Cuando una relación empieza a oler a abandono, yo me retiro antes de que me dejen. No porque sea cobarde. Porque me cuido. Y ahora… —apoyó la mano en su vientre— mi prioridad es esta vida que viene. No estoy disponible para empezar algo nuevo. No ahora.
Kaelen asintió. No hubo decepción visible. Hubo un ajuste interno, una reubicación de expectativas.
—No te pediré que cambies eso —dijo—. No te voy a forzar a un tiempo que no es tuyo.
El silencio se tendió entre ellos, denso pero limpio. Afuera, el viento movía las hojas húmedas contra la pared de la posada.
—No quiero ser una sombra en tu historia —añadió Kaelen—. Quiero ser… alguien que esté cuando mires a los lados. Sin reclamar el centro.
Lysien lo miró con atención. No había sed de posesión en esa mirada. Había elección.
—Entonces quédate —dijo—. Pero quédate sin ocupar el lugar que no te he dado.
Kaelen respiró hondo, como quien recibe una orden que no es militar y, aun así, es más exigente.
—Me quedaré —respondió—. Y no voy a desaparecer cuando no me elijas. No soy de irme para que me extrañen.
Lysien parpadeó. Esa frase tocó una herida vieja. No sangró. Se cerró un poco.
—Eso… es importante para mí —admitió.
Kaelen dudó un segundo. Luego habló con una honestidad que no pedía permiso:
—No solo es quedarme contigo. Es quedarme con él.
No miró el vientre de Lysien como si fuera un objeto. Miró a Lysien, y luego dejó que la mirada descendiera con respeto.
—No sé ser padre —dijo—. No prometo perfección. Prometo presencia. Prometo aprender. Y si algún día me permites estar… no lo haré a medias.
Lysien sintió el nudo subirle a la garganta. No por romanticismo. Por la claridad brutal de un compromiso que no exigía retribución inmediata.
—No busco un reemplazo —dijo—. Ni un “padre adecuado” para llenar un vacío. Busco un entorno donde mi hijo no sea una condición que otros aceptan a regañadientes.
Kaelen asintió.
—No es una condición —respondió—. Es una realidad que elijo abrazar.
No se acercó al vientre. No pidió tocar. Se quedó quieto, como quien reconoce un territorio sagrado sin necesidad de cruzarlo.
Lysien apoyó la mano sobre su propio abdomen, un gesto protector, y al mismo tiempo abierto.
—Si decides quedarte, vas a ver mis días buenos y mis días en los que me iré antes de que me dejen —dijo—. No me persigas cuando me retire. Acompáñame cuando vuelva.
Kaelen sostuvo su mirada.
—No te perseguiré —dijo—. Estaré aquí cuando regreses. No para reclamarte el tiempo que te tomaste. Para ofrecerte el mío.
El silencio que siguió fue distinto a todos los anteriores. No estaba hecho de tensión. Estaba hecho de acuerdo.
Kaelen se recostó mejor, el dolor lo obligó a cerrar los ojos un instante. Lysien ajustó la almohada con cuidado. No fue un gesto romántico. Fue un gesto de alianza.
—Descansa —dijo Lysien—. Conquistar no es correr. Es aprender el ritmo del otro.
Kaelen sonrió apenas, cansado.
—Entonces empezaré por eso.
Y en ese cuarto pequeño, entre el olor a madera y a hierbas secas, dos personas eligieron una forma de cercanía que no pedía promesas grandilocuentes.
Solo presencia.
Solo respeto.
Solo un “me quedo” que no invadía, y un “te acepto” que no imponía.
se dieron el picó tan anhelado 🤭
me encanta 💖 y ojalá en el próximo caputulo almenas le de un beso al pobre kaelen.
la evolución q a tenido es .uy buena a comparación con otras novelas de omegas q lloran y se sienten morir este me gusta y mucho
sigue así autora