Alina siempre creyó que su matrimonio era solo un contrato frío con el hombre más poderoso de la ciudad. Durante tres años vivió ignorada por su esposo, el misterioso empresario Adrián Valek.
La noche en que decide firmar el divorcio, un atentado cambia todo.
Adrián pierde la memoria… y lo único que recuerda es que Alina es la persona más importante de su vida.
Mientras él intenta enamorarla otra vez, enemigos ocultos del imperio empresarial de Adrián comienzan a atacar.
Pero hay un secreto que nadie conoce:
Alina no es una mujer común… ella lleva años investigando quién intentó destruir su vida.
Y ahora que Adrián cambió…
tal vez el amor que nunca existió pueda nacer de verdad.
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La traición de Daniel.
El túnel estaba lleno de humo y ecos de disparos.
Adrián se mantenía firme frente a Alina, con Lucas a su lado. Cada paso era calculado, cada respiración un intento de mantenerse enfocado.
—¡Alina, a la derecha! —gritó Lucas mientras derribaba a uno de los atacantes.
Ella esquivó rápidamente y usó la pared como apoyo, viendo a Adrián moverse con rapidez y precisión. Sus movimientos eran sincronizados como si hubieran entrenado juntos durante años. Pero no se trataba solo de combate: había una tensión palpable, un vínculo que hacía que cada mirada y cada gesto entre ellos fueran cargados de emociones.
De repente, un sonido metálico llamó la atención de todos. Adrián giró hacia la fuente y vio algo que lo paralizó por un segundo: uno de los atacantes llevaba un distintivo familiar… un anillo con el sello de su propia empresa.
—¡No puede ser! —exclamó.
Lucas frunció el ceño. —Eso significa que alguien de adentro… nos traicionó.
Alina se tensó. —¿Quién?
Antes de que Adrián pudiera responder, una voz conocida se escuchó detrás de ellos:
—Sorpresa.
Todos giraron. Y allí estaba: Daniel.
El mismo Daniel que había sido su mano derecha y conductor durante años. Su mirada era fría, calculadora.
—¿Daniel…? —balbuceó Adrián, incrédulo.
—No me mires así —dijo Daniel con una sonrisa sombría—. Marcus me ofreció algo que tú nunca podrías: poder.
Alina retrocedió, sorprendida y traicionada. —¡¿Cómo pudiste?!
—No hay “poder” más grande que la supervivencia —replicó Daniel, apuntándoles con un arma—. Marcus y yo decidimos que solo uno puede salir con vida de esto… y ustedes no serán ese uno.
Adrián apretó los dientes, furioso. —¡Nunca traicionarás a mi familia mientras yo viva!
Lucas se adelantó, listo para atacar, pero Adrián lo detuvo. —Deja que yo lo haga.
Con movimientos rápidos y precisos, Adrián desarmó a Daniel en cuestión de segundos, mostrando por qué era el CEO más temido de su generación. Daniel cayó al suelo, jadeando, derrotado pero aún consciente.
Alina respiró hondo, tratando de calmar el temblor de sus manos. Adrián se acercó, tomando su rostro entre sus manos.
—Nunca más… —susurró él—. Nunca más dejaré que alguien te haga daño.
Sus ojos se encontraron, y en ese instante, todo el miedo, todo el caos, toda la traición, se convirtió en una conexión más fuerte que cualquier palabra.
Pero no había tiempo para abrazos ni palabras dulces. Un estruendo resonó desde la entrada del túnel: Marcus había llegado.
—¡Veo que mis piezas empiezan a caer! —gritó desde la oscuridad, su voz cargada de maldad—. Pero aún queda la reina en mi tablero.
Alina frunció el ceño. —¡No me controlarás!
Marcus comenzó a acercarse, rodeado de sus hombres armados. Adrián se colocó delante de Alina, decidido a protegerla con su vida.
—Si quieres tocarla, tendrás que pasar sobre mí —dijo con voz firme, cargada de determinación y algo más profundo… amor.
Alina sintió que su corazón se aceleraba, pero esta vez no por miedo, sino por el vínculo que compartían. —Siempre estaré contigo, Adrián —susurró, con una mezcla de valentía y emoción.
Marcus rió. —Qué lindo… pero no importa cuánto se amen. El destino ya está escrito.
Antes de que alguien pudiera reaccionar, Lucas lanzó una bengala al techo del túnel. La luz cegadora iluminó el lugar, creando una confusión perfecta para que Adrián y Alina avanzaran hacia un pasadizo lateral que Lucas había descubierto.
Mientras corrían, Adrián tomó la mano de Alina, apretándola con fuerza. —Prométeme algo… —dijo entre jadeos—. Nunca perderemos esto… pase lo que pase.
Alina asintió, con lágrimas mezcladas con la adrenalina. —Nunca…
El túnel se convirtió en su santuario temporal, pero ambos sabían que la verdadera batalla apenas comenzaba. Marcus no se detendría hasta tenerlo todo: la fortuna Black, el imperio Valek… y la destrucción de cualquier vínculo que uniera a Adrián y Alina.
Pero mientras corrían, algo quedó claro: juntos eran imparables. Y aunque el peligro era real, el amor que sentían los fortalecía más que cualquier arma o traición.