Itzcelina Bocanegra dejo todo por el amor de Luca Harrison.
Adrian Stuart ama a su esposa.
una noche unidos por la traición se encuentran.
¿Que pasará entre ellos dos?
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Capitulo 14
Horas antes de invitar a comer a Itzcelina. Adrián se pasó la mano por el rostro, tratando de contener la ira que hervía dentro de él. Caminaba de un lado a otro en su oficina, sus pasos resonaban con fuerza en el suelo de mármol, con unos documentos en las manos que Marcos su amigo le había dado.
—¡Ocho años, maldita sea! ¡Ocho años de matrimonio, de entrega, de fidelidad, para que ella me traicione de esta manera! —bramó, su voz llena de rabia e incredulidad.
Jonas y Marcos, su asistente y amigo, lo observaban con una mezcla de preocupación y sorpresa. Nunca habían visto a Adrián así. Siempre había sido un hombre centrado, dedicado a su trabajo y a su familia. Ahora, en cambio, estaba al borde de explotar.
—Adrián, cálmate… —intentó razonar Jonas—. Sé que esto es un golpe fuerte, pero perder el control no te va a ayudar.
Adrián soltó una risa amarga y tomó el vaso de whisky que tenía sobre su escritorio. Observó el líquido ámbar un instante, como si en él pudiera encontrar una respuesta. Pero lo único que encontró fue la imagen de Laura en aquel bar, riendo, abrazando a otro hombre, esas fotos que le decían que no era la única ocasión que ella lo engañaba.
La rabia le nubló la vista.
Con un grito de furia, lanzó el vaso contra la pared. El cristal estalló en mil pedazos, dejando un rastro de licor escurriendo por la superficie.
Jonas y Marcos se miraron, pero no dijeron nada. Sabían que su amigo necesitaba desahogarse.
—Ese día recibí un mensaje anónimo… —continuó Adrián con voz ronca—. Me decía que Laura tenía otra persona… No quería creerlo, pero algo dentro de mí me empujó a ir. Y ahí estaba ella. En los brazos de otro.
El silencio en la oficina se hizo denso.
Jonas suspiró y se pasó una mano por el cabello.
—No lo entiendo… ¿Por qué lo haría? Tú siempre le diste todo, nunca le faltó nada…
Adrián apretó los puños, su mandíbula se tensó.
—Porque para ella nunca fue suficiente. Se acostumbró a la comodidad, a tenerme como su proveedor, a disfrutar de lo que le daba sin esforzarse en nada. Yo la amaba… Pero ahora… ahora solo quiero acabar con esta farsa.
Marcos lo observó con seriedad.
—¿Qué piensas hacer?
Adrián se quedó en silencio unos segundos. Luego, con una mirada fría y decidida, respondió:
—Voy a investigarlo todo. No le daré la satisfacción de hacerme quedar como el villano. Voy a reunir pruebas, a asegurarme de que no tenga forma de negarlo. Y cuando llegue el momento… la sacaré de mi vida para siempre.
Ellos asintieron, comprendiendo que su amigo ya había tomado una decisión.
—Estoy contigo en esto, Adrián. Lo que necesites, cuenta conmigo, como tú abogado y como amigo —le afirma Marcos.
Adrián tomó aire y asintió.
Ya no había vuelta atrás.
Marcos, con la tranquilidad que sólo un abogado con años de experiencia puede tener, se acercó a Adrián y le colocó una mano sobre el hombro, como para darle un poco de estabilidad en medio de la tormenta emocional que atravesaba.
—Escúchame, Adrián —dijo con firmeza—. Lo primero que necesitas hacer es mantener la calma. Lo peor que puedes hacer ahora es actuar impulsivamente. Si decides enfrentarla, debe ser en el momento y con la evidencia que necesitas. Mientras tanto, debes seguir como si no supieras nada. Jugar al ignorante, aunque te duela.
Adrián lo miró con desconcierto, sin comprender del todo la estrategia.
—¿Qué? ¿Dejar que siga actuando como si nada pasara?
—Exactamente —respondió Sergio, con tono calmado pero seguro—. Ella tiene que pensar que todavía te tiene en la palma de la mano, que no tienes idea de lo que está pasando. Si actúas ahora, sin pruebas, te arriesgas a que ella te manipule o te haga quedar como el loco celoso, el tipo que no sabe lo que está pasando en su propio matrimonio. No es solo cuestión de venganza, es cuestión de estrategia.
Adrián asintió lentamente, comenzando a entender la importancia de lo que Sergio le decía.
—Entonces, ¿cómo hago para no mostrar lo que sé? ¿Cómo puedo seguir viviendo con ella sin dejar que lo descubra?
—Sigue siendo el mismo hombre, Adrián —le aconsejó Marcos —No dejes que ella vea ninguna grieta en tu fachada. Si sospecha que sabes algo, las cosas se complicarán aún más. Sé amable, sigue haciendo lo que haces, pero todo mientras mantienes tu objetivo claro: conseguir pruebas que te den el poder de decidir cómo actuar, y si es necesario, terminar con todo. No le des la satisfacción de saber que te ha alcanzado. No permitas que te vea vulnerable.
Adrián, aunque aún con rabia interna, comprendió la necesidad de este enfoque. La furia no podía nublar su juicio, y debía ser inteligente, como un jugador de ajedrez, moviendo sus piezas con cautela.
—Entiendo —dijo Adrián, con una voz más tranquila—. Aguardaré el momento correcto. Recopilaré todo lo que pueda antes de tomar una decisión. No voy a dejar que me venza, ni a ella, ni a la situación.
Sergio lo miró con una sonrisa de apoyo.
—Eso es lo que quiero escuchar. Ahora, sigue adelante con calma. La paciencia será tu mejor aliada en todo esto.
Jonas, que había estado en silencio todo el tiempo, asintió también, dándole a Adrián una mirada de apoyo silencioso. Era difícil, pero era la única manera de mantener el control.
—Recuerda —añadió Marcos mientras se levantaba de la silla—, si llegas a necesitar algo, cualquier cosa, no dudes en llamarme. Yo estoy para ayudarte en todo esto.
Adrián se levantó de su escritorio, con una decisión más clara y una mente más tranquila, pero con el peso de lo que debía hacer sobre sus hombros.
—Lo haré, manda a alguien a seguirla. Gracias, Marcos. Y gracias a ti también, Jonas.
Mientras Marcos y Jonas se retiraban, Adrián se quedó allí, frente a su escritorio, mirando la ciudad a través de la ventana. Pensaba en lo que debía hacer, en cómo las piezas del rompecabezas se encajaran, y en el dolor que tendría que soportar antes de poder liberarse de esa mentira.
Tenía claro que no solo luchaba por su matrimonio, sino por la dignidad y la verdad que se había robado en silencio. Necesitaba distraerse y pensó en ella, una sonrisa se dibujo e inmediatamente tomó su celular para enviarle un mensaje corto y directo.