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ENTRE MAREAS

ENTRE MAREAS

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Completa

Sofía Marchetti llegó a Puerto Sereno con dos maletas, un equipo de buceo y el corazón roto. Vino a estudiar los arrecifes de coral. A esconderse del mundo. A recordar quién era antes de que un hombre la convenciera de que no era suficiente.

Lo que no esperaba era a Andrés Villareal.

Alto, silencioso, con las manos curtidas por el mar y una mirada que no sabe mentir. Un hombre que no juega, no esconde, no promete lo que no puede cumplir. Todo lo contrario a lo que Sofía conocía.

Pero Sofía aprendió a desconfiar. Y las heridas que no se ven son las que más duelen.

Entre buceos al amanecer, noches con olor a sal y un océano que parece guardar secretos, dos personas que no buscaban nada terminarán encontrándose de la única manera que el mar permite:

Sin aviso. Sin red. Sin vuelta atrás.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24 — La noticia en la marea

Caracas no se rinde fácilmente, y Ricardo tampoco.

El miércoles por la tarde, mientras Rafael descansaba en su habitación y la familia se preparaba para los próximos pasos, Ricardo apareció de nuevo en el pasillo de la clínica. Pero esta vez no estaba solo; venía con Marcela, quien le susurraba algo al oído con una sonrisa gélida.

Andrés salió de la suite para buscar un café. Al ver a Ricardo, se detuvo en seco. Su nueva estampa —el pantalón de corte perfecto y la camisa de lino azul— lo hacía ver como el dueño del lugar, pero sus ojos seguían siendo los de un hombre que no aguantaba provocaciones.

—¿Todavía aquí? —preguntó Andrés. Su voz era un trueno bajo.

—He venido a despedirme, lanchero —dijo Ricardo, con una arrogancia que ni la bofetada del día anterior había podido borrar—. Y a recordarle a Sofía que los lujos prestados se acaban pronto.

Sofía, que había escuchado las voces, salió de la suite seguida por Elena y Valeria, que no se despegaba de su falda.

—Ricardo, vete. Te lo dije ayer —sentenció Sofía. Se sentía extraña, el aire de la clínica le parecía pesado y un calor inusual le subía por el cuello.

—No me voy hasta que entiendas el error que estás cometiendo —insistió Ricardo, acercándose a ella—. Míralo, Sofía. Le compraron ropa nueva, pero sigue siendo un rústico. No tiene educación, no tiene mundo. Se va a aburrir de ti cuando aparezca una mujer de su clase... o peor, tú te vas a aburrir de él cuando extrañes a un hombre de verdad.

Andrés dio un paso al frente, interponiéndose.

—Un paso más, Mendoza, y te juro que no sales caminando de este hospital —dijo Andrés, con los puños cerrados.

—¿Vas a pegarme frente a tu madre y tu hija? —se mofó Ricardo—. Qué clase de ejemplo, Villareal. Típico de tu gente.

Marcela intervino, avivando el fuego.

—Ricardo tiene razón, Andrés. Este mundo de negocios requiere sutileza, algo que claramente te falta. Sofía, querida, deberías pensar en tu futuro.

La discusión escaló. Ricardo empezó a gritarle a Andrés, cuestionando su capacidad para manejar la herencia, llamándolo "oportunista" y "pescador de fortunas". Andrés, herido en su orgullo de hombre trabajador, estaba a punto de perder el control.

—¡Basta ya! —gritó Sofía. Intentó ponerse entre los dos hombres, pero de repente, el pasillo empezó a dar vueltas.

El ruido de la discusión se volvió un zumbido lejano. Sofía sintió que el suelo desaparecía. Un sudor frío le cubrió la frente y las manos de Ricardo y Andrés, que forcejeaban, se volvieron manchas borrosas.

—Sofía... —alcanzó a decir Andrés, viendo cómo ella palidecía.

De un segundo a otro, las piernas de Sofía cedieron. Se desmayó de golpe, cayendo hacia atrás. Andrés, con sus reflejos de pescador, soltó a Ricardo y la atrapó antes de que golpeara el mármol, sosteniendo su cuerpo curvilíneo contra su pecho.

—¡Sofía! ¡Sofía, mírame! —gritó Andrés, desesperado.

—¡Llamen a un médico! —chilló Elena, abrazando a Valeria que empezó a llorar.

Fueron minutos de caos. Los enfermeros llegaron con una camilla y se llevaron a Sofía a una sala de emergencias interna. Andrés intentó entrar, pero lo detuvieron. Se quedó en el pasillo, destrozado, con la camisa de lino arrugada y la respiración entrecortada.

Ricardo se quedó a unos metros, pálido. Marcela guardó silencio por primera vez.

Pasó media hora que pareció un siglo. Finalmente, un médico joven salió de la sala, revisando unos papeles. Miró al grupo: Andrés, Elena con Valeria en brazos, y los otros dos.

—¿Quién es el esposo de la señora Sofía Marchetti? —preguntó el doctor.

—Yo —dijo Andrés, dando un paso al frente sin dudarlo—. Soy yo. ¿Cómo está ella?

El médico sonrió levemente, una sonrisa que desarmó toda la tensión del pasillo.

—Ella está bien. Fue una baja de tensión severa provocada por el estrés y, bueno, por su estado.

Andrés frunció el ceño.

—¿Su estado? ¿A qué se refiere?

El médico miró a todos y luego clavó sus ojos en Andrés.

—Felicidades, señor Villareal. Su mujer tiene seis semanas de embarazo. El desmayo es normal en el primer trimestre, especialmente con emociones tan fuertes.

El silencio que siguió fue absoluto.

Andrés se quedó mudo. La palabra "embarazo" retumbó en su cabeza como el golpe de una ola gigante. Miró sus manos, las mismas con las que había amado a Sofía tres veces la noche anterior, y sintió una explosión de orgullo y amor tan grande que casi no pudo mantenerse en pie.

Elena soltó un grito de alegría y abrazó a Valeria.

—¡Vas a tener un hermanito, mi amor! ¡Un hermanito! —decía Elena, llorando de felicidad.

Ricardo se quedó como si le hubieran dado un golpe en el estómago. Toda su arrogancia desapareció. Miró a Marcela, quien cerró los ojos, dándose cuenta de que la batalla por separar a Andrés de Sofía estaba perdida para siempre. Ninguna herencia, ningún pasado y ninguna mentira podían contra un hijo.

Andrés no miró a nadie más. Caminó hacia Ricardo, pero no para pegarle. Se detuvo a centímetros de él y lo miró con una lástima profunda.

—Ya escuchaste, Mendoza —dijo Andrés, con una voz cargada de una autoridad nueva, la de un hombre que ahora tiene un legado real—. Ella lleva a mi hijo. Mi sangre. Ahora, sal de este hospital y no vuelvas a pisar Puerto Sereno. Porque si te vuelvo a ver, no será la ley de la ciudad la que te juzgue, sino la mía.

Ricardo no dijo nada. Se dio la vuelta y se fue por el pasillo, derrotado, humillado y solo. Marcela lo siguió sin mirar atrás, sabiendo que su tiempo de manipular a los Villareal había terminado.

Andrés entró a la habitación de Sofía. Ella estaba despertando, con una vía de suero en el brazo pero con color en las mejillas. Al verlo entrar con esa expresión de asombro y adoración, ella sonrió.

—Andrés... ¿qué pasó? —preguntó Sofía.

Andrés se sentó en el borde de la cama. Le tomó la mano y se la llevó a los labios, besándola con una devoción que la hizo llorar.

—Pasó que vamos a ser padres, mi mujer esta embarazada —susurró Andrés—. El doctor dice que tienes seis semanas.

Sofía se llevó la mano al vientre, con los ojos llenos de lágrimas.

—¿Un bebé? ¿Nuestro?

—Nuestro —confirmó Andrés, besándole la frente—. Un pequeño Villareal. Ahora sí, Sofía. Ahora sí que no hay vuelta atrás. Nos vamos a Puerto Sereno apenas el viejo pueda viajar. Voy a construirte la casa más grande frente al mar, y este niño va a crecer con el olor a salitre y el amor de su padre.

Se besaron. Un beso largo, dulce, que sabía a futuro. Afuera, Caracas seguía su ruido, pero para ellos, la marea finalmente había traído la calma más hermosa de todas.

Esa noche Sofía escribió en su cuaderno:

Me desmayé en medio de la tormenta.Y cuando desperté, el sol brillaba más que nunca. Llevo un hijo de Andrés conmigo.

Ricardo se fue para siempre. Marcela es solo un recuerdo gris.Rafael está vivo para ser abuelo otra vez.

Andrés me mira como si fuera su tesoro más grande.Y yo lo miro a él y sé que Puerto Sereno no es un lugar, es este hombre, es esta hija, y es este bebé que viene en camino.

Volvemos a casa.Volvemos al mar.

Fin del Capítulo 24 ✨

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Helizahira Cohen
Muy bonita, romántica, sencilla y corta me gusta
Helizahira Cohen
te equivocaste de nombre ella hablo de Rodrigo y apareció Ricardo, bueno un error se entiende, Andres debe calmarse es pasado
Helizahira Cohen
Esas cosas pasan mas a menudo de lo que uno cree
Helizahira Cohen
No hay comentarios, es bonita, romántica pero esta narrada bien, sigo leyendo, ojalá vean tu trabajo
Helizahira Cohen
Es bonita y la escritora es mi paisana venezolana, describe nuestro mal y menciona nuestras palabras, Cambur = banana
mailyn rodriguez
hola querido lector! tu opinión es muy importante para mi.
mailyn rodriguez
Gracias 🥰
Cliente anónimo
Es muy bonita la historia.🥰
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