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CIEN DIAS DE AMOR FORZADO:LA ESPOSA DEL MANGNATE

CIEN DIAS DE AMOR FORZADO:LA ESPOSA DEL MANGNATE

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor prohibido / Romance
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

¿Puede un amor nacido del engaño sobrevivir a la verdad? ¿Podrá la esposa sustituta reclamar el corazón de un hombre que juró nunca volver a amar?

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capitulo 19

El primer rayo de sol del día dieciséis se filtró por la pequeña claraboya de mi nueva habitación, una celda de castigo disfrazada de dormitorio de servicio. Me desperté con el cuerpo rígido, no por la dureza del colchón, sino por la tensión de saber que, a unos cuantos metros de distancia, bajo el mismo techo, mi hermana gemela estaba ocupando mi lugar, mi nombre y, lo más doloroso de todo, el aire que yo respiraba junto a Dante.

Me incorporé lentamente, sintiendo el frío del suelo de cemento en mis pies. Me llamo Zoe, pero en esta mansión, ahora soy el fantasma. Elena es la esposa legítima; yo soy la anomalía que debe ocultarse para que el imperio Volkov no se desmorone bajo el peso de un escándalo de suplantación. Ayer, Dante me prometió una guerra, y hoy, el campo de batalla olía a café recién hecho y a traición.

Bajé a la cocina antes de que el resto del personal se activara por completo. Quería evitar las miradas de lástima de Rosa o el silencio incómodo de Arthur. Pero allí estaba ella.

Elena estaba sentada en la isla de granito, vistiendo una bata de seda color crema que Dante me había regalado apenas tres días atrás. Estaba revisando una revista de moda mientras daba sorbos a un capuchino. Al verme, levantó la vista con una sonrisa que no llegó a sus ojos, esos ojos que eran idénticos a los míos pero que albergaban una oscuridad que yo nunca podría entender.

—Buenos días, "Cenicienta" —dijo Elena, dejando la taza con un tintineo deliberado—. Te ves cansada. Supongo que dormir en el ala de servicio no es tan cómodo como la cama king size de la suite principal. Por cierto, deberías decirle a la lavandería que use menos suavizante en las sábanas de Dante. Me irrita la piel.

Sentí un nudo de bilis en la garganta. Verla apropiarse de mi vida con tanta naturalidad era como ver a un parásito alimentándose de un cuerpo vivo.

—Dante me pidió que me quedara, Elena. No te equivoques, tu presencia aquí es un trámite legal, nada más.

—Un trámite que me da acceso a su cuenta bancaria y a su apellido —se levantó, acercándose a mí hasta que pude oler su perfume pesado y dulce—. Y un trámite que te obliga a ti a limpiar mis sobras si él así lo decide. Recuerda, Zoe, ante el mundo, tú no existes. Eres solo una sombra de la que él se avergüenza.

Me mantuve firme, aunque por dentro me estaba desmoronando.

—Dante nunca se avergonzaría de la mujer que salvó su empresa. Se avergüenza de la que lo vendió por una herencia.

Elena soltó una carcajada seca y se alejó hacia el vestíbulo, haciendo que la seda de la bata ondeara tras ella. Me quedé sola en la cocina, apretando los puños hasta que las uñas se me clavaron en las palmas. Sabía que este bloque de quince capítulos sería el más difícil. Según mi propia hoja de ruta, este era el momento de "La Grieta en el Hielo", pero ahora el hielo parecía haberse expandido hasta cubrirlo todo.

Dante no apareció en toda la mañana. Según Arthur, había salido a una reunión de emergencia con los accionistas para mitigar los daños de la noche anterior. Pasé las horas encerrada en el estudio de pintura trasero, el único lugar donde Elena no se atrevía a entrar por miedo a mancharse su ropa de diseñador. Pero los colores no salían. El lienzo se burlaba de mí con su blancura impecable.

A mediodía, un mensajero llegó a la mansión. Rosa me trajo una tarjeta negra con bordes dorados.

*"Gala Benéfica de la Fundación Starlight. Esta noche, 20:00h. Se requiere etiqueta formal"*.

En el reverso, una caligrafía que conocía perfectamente decía: *"Prepárate. No permitiré que ella sea la única imagen que el mundo vea hoy"*.

El corazón me dio un vuelco. Dante me estaba llamando al frente de batalla.

Subí a mi pequeña habitación para encontrar un paquete sobre la cama. Al abrirlo, encontré un vestido de noche color esmeralda, de una seda tan fina que parecía agua entre mis dedos. No era el tipo de vestido que Elena elegiría; ella siempre prefería lo llamativo, lo excesivo. Este era sutil, elegante, hecho para resaltar la inteligencia en la mirada más que el escote.

A las siete de la tarde, empecé a prepararme. Me maquillé con cuidado, resaltando mis rasgos de una manera que me diferenciara de Elena. Ella solía usar labios rojos y sombras marcadas; yo opté por un tono nude y un delineado que hacía mis ojos parecer más profundos, más observadores. Cuando me puse el vestido, me miré al espejo y, por primera vez en días, vi a Zoe. No a la hermana de nadie, ni a la sustituta de nadie. Solo a mí.

Bajé las escaleras del ala este justo cuando escuchaba a Elena gritando en el vestíbulo principal.

—¡Dante, no puedes hablar en serio! ¡Ese vestido es horrible! ¡Quiero usar el Versace rojo que compré en Milán!

—Usarás lo que yo diga, Elena —la voz de Dante era como un trueno distante, cargada de una autoridad absoluta—. Vas a esa gala para limpiar la imagen de "esposa caprichosa" que tú misma te encargaste de crear. Te pondrás el traje negro sobrio y te mantendrás en silencio.

—¿Y ella? —el tono de Elena se volvió venenoso—. ¿Vas a llevar a la impostora también?

—Ella viene como mi invitada personal y consultora de arte de la empresa —respondió Dante—. Y si dices una sola palabra fuera de lugar frente a las cámaras, los fondos de tu tarjeta se congelarán antes de que termine el primer brindis.

Entré en el vestíbulo y el silencio se hizo denso. Elena estaba vestida con un traje de chaqueta negro, elegante pero aburrido, que la hacía parecer un cuervo molesto. Al verme con el vestido esmeralda, sus ojos se inyectaron en sangre.

Dante, por el contrario, se quedó inmóvil junto a la puerta principal. Vestía un esmoquin a medida que resaltaba su figura imponente. Sus ojos recorrieron mi cuerpo con una lentitud que me hizo arder la piel, y por un microsegundo, vi una grieta en su máscara de hielo. Una chispa de orgullo, casi de posesión.

—Estás lista —dijo él, ignorando a Elena por completo.

Caminamos hacia la limusina que esperaba en la entrada. Elena intentó sentarse al lado de Dante, pero él le indicó fríamente que ocupara el asiento frente a nosotros. El trayecto hacia el salón de galas fue una tortura de silencios tensos y miradas cargadas de odio por parte de mi hermana. Dante, sin embargo, se mantuvo revisando documentos en su tablet, aunque noté que su rodilla rozaba la mía "accidentalmente" en cada curva del camino.

Al llegar al evento, la horda de fotógrafos nos rodeó de inmediato. El escándalo de la noche anterior seguía fresco, y la prensa buscaba cualquier signo de debilidad. Dante salió primero, extendiendo la mano hacia Elena para la foto oficial. Ella sonrió falsamente, aferrándose a su brazo como si fuera un salvavidas.

Luego, Dante se giró y me tendió la otra mano.

El murmullo de los periodistas fue ensordecedor. *"¿Quién es ella?", "¿Es la asistente?", "¿Es cierto el rumor de la gemela?"*.

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1
Rozalia Dragos
Entretenido Muy bueno
ana vasquez
un tira y encoje entretenido, eso sí 🤭
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