Narra la historia de Eliza Valantine, una mujer ruda de los barrios bajos que terminará reencarnando en Ofelia, la villana de secundaria de una novela que leyó. La Ofelia original era una mujer sin dignidad que drogó al protagonista, obligándolo a casarse con ella. Esta nueva Ofelia es una mujer empoderada, ruda y fuerte de pies a cabeza que no necesita usar a un hombre para ascender. No se deja de nadie y no necesita un héroe que la salve; ella es su propio héroe.
Si te gustan las protagonistas poderosas que reparten bofetadas a diestra y siniestra, quédate aquí.
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14 Desfile
El departamento B de Díaz Fashion Group humeaba de trabajo frenético durante semanas. Con Lucas ajustando las costuras finales, Julia calibrando los tonos de la tela, Alberto optimizando los moldes, Rita supervisando el control de calidad y Sofía Auren—mi asistente fiel—organizando cada detalle, habíamos creado algo revolucionario: una piel sintética tan suave y realista que parecía palpitar bajo la luz. Nuestra colección, "Raíces y Futuro", reunía vestidos de líneas audaces y accesorios que fusionaban tradición y tecnología, guardados con llave en el armario seguro del estudio.
En mi oficina, en cambio, colgaba un conjunto de vestidos falsos—copias deliberadamente imperfectas que yo misma había confeccionado, con costuras visibles y tonos desalineados. Sabía que Lara, la asistente de Bruno, había estado observándonos con ojos codiciosos. Había escuchado sus llamadas susurradas con alguien de Blanton Fashion, la compañía enemiga que llevaba años tratando de superarnos. Así que dejé la puerta entreabierta una tarde, anunciando en voz alta que íbamos a tomar un descanso en el café del edificio.
No pasó más de veinte minutos. Mientras estábamos a la vuelta de la esquina, Sofía nos señaló por la ventana: Lara entraba sigilosamente en la oficina, cargando una maleta negra. Metió los vestidos falsos con prisa y salió corriendo hacia la entrada trasera, donde una mujer de traje oscuro—Loise Brandon, la diseñadora estrella de Blanton—la esperaba.
El día del desfile, el salón estaba repleto de periodistas, influencers y ejecutivos de la industria. Bruno Díaz, mi esposo, ocupaba el centro del panel de jurados, su expresión tan fría como siempre, aunque sus ojos buscaban el mío con una mezcla de preocupación y confianza. A su lado, Loise Brandon lucía una sonrisa triunfal, rodeada de reporteros que ya preparaban las cámaras para su "gran revelación".
Las luces se apagaron. Un foco dorado iluminó el pasillo. Yo salí con paso firme, llevando un vestido rojo pasión , mientras una bufanda del mismo material envolvía mis hombros como una serpiente seductora. Mis tacones de cuero negro marcaban el ritmo sobre el escenario, cada movimiento derrochando elegancia y seguridad. Mi mirada se posó en Bruno por un instante: vi cómo su mandíbula se tensó, sus ojos se abrieron de par en par, paralizado por la magia del diseño y la porte con la que lo llevaba. El público suspiró de admiración, algunos ya empezaban a aplaudir antes de que terminara mi recorrido.
Ofelia en la pasarela:
Cuando regresé al costado del escenario, Loise Brandon apareció acompañada de una comitiva de periodistas. Subió al escenario con aire altivo y apuntó con el dedo hacia mí.
—«¡Plagio! Ese diseño es mío. ¡Ofelia ha robado mi colección y se la está presentando como propia! »—gritó, haciendo que las cámaras se encaminaran hacia nosotros.Los murmullos recorrieron el salón. Bruno se puso de pie, listo para defender la compañía, pero yo lo detuve con una mano en su brazo y sonreí con calma.
—«Loise, querida.Te dije que nuestra piel sintética era única. ¿Por qué no muestras a todos tus diseños? Seguro que la gente quiere verlos.» —dije, subiendo al escenario con paso seguro—.
Loise hizo una seña, y sus modelos salieron con los vestidos falsos que Lara le había entregado. Pero en la luz del escenario, las imperfecciones eran evidentes: hilos sueltos, colores que no coincidían con los anunciados, costuras que se desprendían en algunos puntos.
—«Estos son los originales.»—afirmó Loise, aunque su voz ya temblaba.
Yo me acerqué a uno de los vestidos y levanté una costura con la uña.
—Originales? Este diseño tiene un código secreto en la etiqueta interior que solo uso en mis prototipos de prueba.Además, nuestra piel sintética tiene una marca registrada: si la frotas suavemente, emite un brillo dorado bajo luz ultravioleta.» —pregunté, mirando a los periodistas. Encendí una linterna UV que Sofía me entregó. Nuestro vestido rojo brilló con destellos dorados; los de Loise permanecieron oscuros, hechos con un material barato de mercado.Saqué la etiqueta y la mostré al público.
—«Te hice caer en la trampa, Loise.Blanton Fashion no solo ha intentado robar nuestros diseños, sino que ha presentado copias defectuosas como propias.» —dije en voz alta, mientras el público se quedaba boquiabierto.
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Los periodistas se volvieron hacia Loise, cuyos rostros pasaron del rojo a un blanco mortecino. Bruno se unió a mí en el escenario, colocando su brazo alrededor de mi cintura con orgullo.
—Desde hoy, Díaz Fashion Group tomará medidas legales contra Blanton Fashion por robo de propiedad intelectual.Y cualquier compañía que se asocie con ellos deberá saber que apoyan a ladrones de diseños.» —anunció Bruno, mientras los flashes de las cámaras iluminaban el escenario.
Loise intentó hablar, pero sus palabras se perdieron en los vítores del público y las preguntas de los reporteros. Caminé hacia ella con paso lento y firme, mirándola a los ojos:
—«El orgullo que pisoteas hoy es el mismo que te hizo creer que podrías ganar con trampas.Nuestro trabajo se basa en esfuerzo y dedicación. Eso no se puede robar.» —le dije en voz baja, antes de regresar al centro del escenario junto a mi equipo.
El público estalló en aplausos, mientras los logos de Blanton empezaban a desaparecer de las pantallas de los patrocinadores. Nuestra colección había triunfado, y habíamos dejado claro quiénes eran los verdaderos líderes de la industria.
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