Renace en un mundo mágico con una misión, pero ella no dejará la pasión de su primera vida.
* Esta novela es parte de un mundo mágico *
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Alianza 1
Los besos no se detuvieron cuando llegaron al sofá.
Al contrario.
Allí, con menos espacio y más cercanía, todo se volvió más intenso. Agnes se sentó primero y Ryan la siguió de inmediato, sin romper el contacto, como si separarse ya no fuera una opción. Sus manos se buscaron con más decisión, recorriendo brazos, espalda, cintura… caricias firmes, conscientes, cargadas de un deseo que ya no intentaban disimular.
El sofá crujió apenas cuando él la atrajo contra sí.
Los besos se hicieron más profundos, más lentos y a la vez más urgentes. No había torpeza, tampoco prisa. Era una exploración mutua, una forma de decir te quiero aquí sin palabras. Agnes sintió cómo el calor le subía por el cuerpo, cómo cada roce encendía algo nuevo, desconocido y delicioso. Ryan respondió con la misma intensidad, con una contención que hacía todo aún más ardiente.
Sus frentes se rozaban entre beso y beso. Sus respiraciones se mezclaban, irregulares. Las manos de Ryan se detuvieron en su espalda como si memorizaran su forma, y Agnes, sin pensarlo, se inclinó más hacia él, reclamando esa cercanía, ese fuego.
No era solo deseo físico.
Era lujuria contenida por respeto.
Era hambre nacida de la elección.
Era el reconocimiento de dos voluntades que se encontraban sin miedo.
Cuando finalmente se separaron apenas, lo hicieron jadeando, con las mejillas encendidas y los ojos brillantes. Ryan apoyó su frente contra la de ella, todavía sosteniéndola con firmeza.
—Agnes… Si seguimos…
Ella sonrió, apoyando una mano en su pecho, sintiendo su corazón tan acelerado como el suyo.
—Lo sé.. Y no quiero que esto se pierda por apresurarnos.
Se quedaron abrazados, todavía ardiendo, todavía deseándose, con la promesa silenciosa de que aquello no había terminado.
Minutos despues, aún abrazados, con los cuerpos cálidos y las respiraciones que tardaban en volver a la calma, comenzaron a hablar.
No dejaron de tocarse del todo. No podían.
Un beso breve aquí.
Una caricia lenta en la espalda.
Los dedos entrelazados, como si soltarse fuera retroceder.
Agnes apoyó la cabeza en el hombro de Ryan, cerrando los ojos un instante.
—Todo se ha vuelto tan… enredado... Los negocios, Abby, los Wolfson… a veces siento que mi vida es solo resolver problemas.
Ryan deslizó el pulgar por su brazo con un gesto tranquilo, atento.
—Y aun así, sigue de pie.. Eso no es poca cosa.
Ella sonrió apenas, luego suspiró.
—Ahora solo queda esperar.. Esperar a que mi prima vea la verdadera naturaleza de los hermanos Wolfson. Yo no puedo obligarla a entender… solo puedo evitar que la arrastren conmigo.
Ryan inclinó el rostro y besó suavemente su sien, un contraste deliberado con la pasión de antes.
—A veces.. las personas necesitan mirar de frente el error para aprender. Usted ya ha hecho todo lo posible sin traicionarse a sí misma.
Agnes levantó la mirada hacia él. Sus ojos verdes brillaban, cansados pero firmes.
—Eso es lo que más temo.. Que cuando lo vea… ya sea demasiado tarde.
Ryan apoyó la frente contra la de ella, sus narices rozándose, sus voces bajando casi a un susurro.
—No estará sola cuando eso ocurra... Ni en lo bueno… ni en lo difícil.
Agnes lo besó otra vez, lento esta vez, profundo pero sereno, como si ese beso sellara algo más que deseo.. una alianza. Una promesa silenciosa.
Se quedaron así un rato más, entre palabras suaves y caricias tranquilas, sabiendo que afuera el mundo seguía siendo complicado, incierto y lleno de amenazas.
Pero allí, en ese instante compartido, Agnes Norhaven tenía algo nuevo.
Alguien que no intentaba salvarla. Ni controlarla. Solo quedarse.
Los días fueron pasando casi sin que Agnes lo notara, y con cada amanecer aquella alianza silenciosa entre ella y Ryan se volvía más intensa. No necesitaban palabras grandilocuentes ni promesas explícitas.. bastaba una mirada sostenida un segundo más de lo debido, un gesto cómplice, una mano que encontraba la otra en los pasillos cuando nadie miraba. Era una pasión contenida, ardiente precisamente porque debía permanecer en secreto.
Aquella tarde, el sonido seco de unos documentos al caer sobre su escritorio marcó un punto de inflexión. Agnes los revisó con atención, hoja por hoja, hasta que una leve sonrisa de satisfacción apareció en sus labios.
La posada ya era suya.
Había sido una operación limpia, silenciosa, sin levantar sospechas. Cerró los papeles con cuidado y alzó la vista hacia Ryan, que aguardaba de pie, atento, como siempre.
—¿Y Abby? —preguntó, con una calma que no ocultaba del todo su preocupación.
Ryan negó suavemente con la cabeza.
—Está bien.. No ha gastado todo el dinero de la venta. Por eso… los hermanos Wolfson siguen con ella.
El gesto de Agnes se endureció apenas un instante. Aquella información confirmaba sus temores. Abby no estaba sola, ni tampoco libre de influencias. Los Wolfson no soltaban con facilidad aquello que creían poder controlar.
Ryan se acercó despacio, apoyando una mano sobre el respaldo de su silla, inclinándose lo justo para que solo ella pudiera oírlo.
—Pero la hemos puesto a salvo.. Sin que lo sepa aún… pero a salvo.
Agnes levantó la mirada y lo observó en silencio. En sus ojos había gratitud, confianza… y algo más profundo, algo que ya no podía negarse. Se puso de pie y, sin pensarlo demasiado, apoyó la frente en su pecho, respirando hondo.
—Gracias.. Por todo. Por entender… y por quedarte.
Ryan rodeó su espalda con cuidado, sin prisas, consciente del peso del momento y del riesgo que implicaba incluso ese gesto.
—No sé hacerlo de otra forma.. Cuando elijo, elijo de verdad.
Se separaron apenas cuando escucharon pasos en el corredor. La realidad volvía a imponerse, como siempre. Agnes retomó su compostura, Ryan dio un paso atrás, pero entre ellos quedó flotando una certeza nueva y firme.
La compra de la posada era solo una jugada más.
Lo verdaderamente peligroso… era lo que estaban construyendo en silencio.