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ME ENAMORE DEL CUÑADO DE MI HIJO

ME ENAMORE DEL CUÑADO DE MI HIJO

Status: En proceso
Genre:CEO / Posesivo / Ella Mayor Que Él
Popularitas:12k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

A los cuarenta y cinco años, Raquel Sanromán lo perdió todo en una sola noche.
Su esposo Miguel murió en un accidente de tráfico... acompañado de su amante. Pero la traición no terminó ahí. El testamento reveló la verdad más devastadora: durante años, Miguel planeó huir del país con Valeria Ochoa, llevándose millones robados de la empresa familiar y dejando a Raquel en la bancarrota absoluta.
Ahora es madre soltera de cinco hijos, dueña del veinticinco por ciento de una empresa en ruinas, y tiene quince días antes de perder su casa. Su hijo mayor la culpa por la caída de la familia. Las deudas la ahogan. Y Valeria, la amante que sobrevivió, ahora es dueña del cincuenta por ciento de lo que alguna vez fue su vida... y no descansará hasta verla mendigando en la calle.
Pero en su cumpleaños, en una noche de máscaras y champán, Raquel decide olvidarlo todo. Solo por unas horas. Solo para sentirse viva de nuevo.
Y entonces conoce a él.
Julian Harrington. Veintisiete años. Multimillonario.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: La Cena Familiar

Pov Raquel

El viernes llegó demasiado rápido.

Pasé todo el día en un estado de nerviosismo que no tenía nada que ver con conocer a la novia de mi hijo y todo que ver con el hecho de que había cancelado mi noche con Julian. Me sentía ridícula. Como una adolescente que cancela una cita y se siente culpable por ello.

Pero esto era diferente. Esto era mi hijo. Mi familia. Y eso tenía que ser prioridad.

¿Verdad?

A las cinco de la tarde empecé a preparar la cena con la ayuda de Rosa, la nueva ama de llaves que Julian había contratado sin consultarme. Era una mujer de unos cincuenta años, eficiente y discreta, que había transformado la casa en solo tres días.

—Señora Raquel, ¿quiere que prepare el postre también? —preguntó Rosa mientras cortaba verduras con precisión profesional.

—Sí, por favor. Algo simple. Tal vez flan.

—Perfecto.

Marcela bajó las escaleras luciendo un vestido azul claro que no le había visto antes.

—¿Te compraste un vestido nuevo? —pregunté sorprendida.

—Me lo regaló Ángel —dijo con una sonrisa—. Dijo que esta cena era importante y que teníamos que lucir bien. Está muy nervioso, mamá.

—Lo sé. Eso significa que esta chica es especial para él.

—Espero que sea buena persona —dijo Marcela, sentándose en uno de los bancos de la cocina—. Ángel ha estado más feliz estas últimas semanas. Menos enojado contigo.

Tenía razón. Desde que Ángel había anunciado que tenía novia, había estado diferente. Más ligero. Sonreía más. Ya no me atacaba con cada comentario.

Y eso me daba un alivio que no sabía que necesitaba.

—Yo también espero que sea buena persona —dije honestamente.

Los trillizos bajaron corriendo, recién bañados y con ropa limpia gracias a Rosa.

—¡Mamá! —gritó Sofía—. ¿Es verdad que Ángel tiene novia?

—Sí, mi amor.

—¿Es bonita? —preguntó Santiago.

—No lo sé todavía. La conoceremos esta noche.

—¿Y si no nos cae bien? —preguntó Salomón con seriedad.

—Entonces seremos educados de todas formas —respondí—. Porque es importante para su hermano.

A las siete en punto exacto, escuchamos el auto de Ángel estacionándose afuera. Los trillizos corrieron hacia la ventana para espiar.

—¡Ya llegaron! —anunció Santiago.

—Está bien, todos a la sala. Y compórtense.

Nos acomodamos en la sala como si fuera una sesión de fotos familiar. Yo en el sofá principal, Marcela a mi lado, los trillizos intentando quedarse quietos en el otro sofá.

La puerta se abrió y Ángel entró primero, luciendo más nervioso de lo que lo había visto jamás. Llevaba una camisa azul que le quedaba perfecta y ese peinado que solo usaba para ocasiones especiales.

—Mamá, familia —dijo con voz ligeramente temblorosa—. Quiero presentarles a alguien muy especial para mí.

Y entonces ella entró.

Era hermosa. No de una manera artificial o exagerada, sino con una belleza natural y fresca que te hacía sonreír solo de verla. Cabello castaño claro hasta los hombros, con ondas suaves que enmarcaban un rostro delicado. Ojos verdes brillantes que mostraban nerviosismo pero también calidez. Llevaba un vestido color coral simple pero elegante, y tacones bajos que la hacían ver accesible, no intimidante.

Y era joven. Muy joven.

—Familia, ella es Isabella —dijo Ángel con orgullo evidente—. Isabella, ellos son mi mamá Raquel, mi hermana Marcela, y los trillizos: Santiago, Salomón y Sofía.

Isabella dio un paso adelante con una sonrisa nerviosa pero genuina.

—Es un placer conocerlos a todos —dijo, y su voz era suave, educada—. Ángel habla tanto de ustedes que siento que ya los conozco un poco.

Me puse de pie y me acerqué a ella, extendiendo mi mano. Ella la tomó con firmeza, no con ese apretón débil que algunas chicas jóvenes dan.

—El placer es nuestro, Isabella. Bienvenida a nuestra casa.

—Gracias, señora Vivez. Su hogar es hermoso.

—Por favor, llámame Raquel —dije, y lo dije en serio. Algo en esta chica me caía bien inmediatamente.

—Solo si tú me llamas Isabella, no señorita Harrington —respondió con una sonrisa que iluminó toda su cara.

Los trillizos se acercaron con la curiosidad típica de los niños de seis años.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó Sofía sin filtro.

—¡Sofía! —la regañé.

Pero Isabella se rio, una risa genuina y musical.

—Está bien. Tengo veintitrés años.

—¡Eres muy joven! —exclamó Santiago.

—Santiago, modales —intervine, sintiendo cómo el calor me subía por el cuello.

—No, tiene razón —dijo Isabella, agachándose para quedar a la altura de los niños—. Soy joven. Pero ¿saben qué? Su hermano dice que ustedes tres son muy inteligentes para su edad. Así que supongo que la edad es solo un número, ¿no?

Los trillizos la miraron con adoración instantánea.

—Me caes bien —declaró Salomón.

—Y tú a mí —respondió Isabella, revolviéndole el cabello con cariño.

Marcela se acercó y le dio la mano a Isabella con una sonrisa aprobadora.

—Cualquier persona que puede manejar a los trillizos en los primeros cinco minutos definitivamente puede quedarse.

Todos reímos y la tensión en la habitación se disolvió.

—¿Por qué no pasamos al comedor? —sugerí—. La cena está casi lista.

Durante la cena, observé a Isabella con atención. La forma en que interactuaba con Ángel, con esa familiaridad cómoda que viene de meses de estar juntos. La forma en que le hablaba a los trillizos con genuino interés, preguntándoles sobre la escuela y sus juegos favoritos. La forma en que le preguntó a Marcela sobre sus planes para la universidad con curiosidad real, no solo por cortesía.

Era educada sin ser falsa. Dulce sin ser empalagosa. Y claramente amaba a mi hijo.

—¿A qué te dedicas, Isabella? —pregunté mientras Rosa servía el plato principal.

—Estudio trabajo social en la universidad —respondió—. Me faltan dos años para graduarme. Quiero trabajar con comunidades vulnerables, especialmente con niños en riesgo.

—Eso es admirable —dije honestamente.

—Mi familia no está muy feliz con mi elección de carrera —admitió con una sonrisa tímida—. Querían que estudiara administración de empresas para ayudar en los negocios familiares. Pero mi hermano mayor me apoyó. Dijo que debía seguir mi pasión.

—¿Tienes hermanos? —preguntó Marcela.

—Solo uno. Un hermano mayor. Él dirige las empresas de la familia desde que mi padre murió.

—Debe ser muy joven para tener tanta responsabilidad —comenté.

—Lo es. Tiene veintisiete años y ya es CEO de cinco empresas —dijo con orgullo evidente—. Es un genio en los negocios. Aunque a veces puede ser un poco... intenso.

Ángel se rio.

—Tu hermano me aterra un poco, no voy a mentir.

—¿Lo conoces? —preguntó Marcela.

—Solo una vez, brevemente —respondió Ángel—. Pero tiene esa presencia que te hace querer impresionarlo o salir corriendo. No hay término medio.

Isabella se rio.

—Así es él. Pero tiene buen corazón, lo prometo. Solo está demasiado enfocado en el trabajo. Necesita encontrar a alguien que lo haga relajarse un poco.

Algo en sus palabras me hizo sentir un escalofrío extraño, pero lo ignoré.

—¿Y tus padres? —pregunté.

La expresión de Isabella se entristeció ligeramente.

—Mi padre murió cuando yo tenía catorce años. Mi madre está viva, pero ella y mi hermano no siempre se llevan bien. Ella quiere que él se case con alguien "apropiado" y él se niega a dejarse controlar.

—Suena complicado —dije con simpatía.

—Lo es. Pero mi hermano siempre ha sido su propia persona. Cuando quiere algo, no hay nada que lo detenga.

Los trillizos empezaron a contar historias de la escuela, cambiando el tema de conversación. Isabella escuchaba con atención genuina, riendo en los momentos apropiados, haciendo las preguntas correctas.

Cuando llegó el momento del postre, Ángel tomó la mano de Isabella sobre la mesa con un gesto tan natural y lleno de cariño que me hizo doler el corazón.

Hacía años que no veía a mi hijo tan feliz. Tan en paz.

—Mamá —dijo Ángel, mirándome directamente—. ¿Qué te parece Isabella?

Miré a la chica joven sentada junto a mi hijo, con sus ojos verdes esperanzados y su sonrisa nerviosa.

—Me parece que tienes muy buen gusto —dije honestamente—. Y que eres muy afortunado de tenerla.

La sonrisa que Isabella me dio fue tan radiante que iluminó toda la habitación.

—Gracias, Raquel. Eso significa mucho para mí. Ángel habla de ti todo el tiempo. Dice que eres la mujer más fuerte que conoce.

Las lágrimas amenazaron con salir, pero las contuve.

—Tu hijo me da demasiado crédito.

—No, mamá —dijo Ángel con voz seria—. Te doy exactamente el crédito que mereces.

Después de la cena, mientras los trillizos arrastraban a Isabella a la sala para mostrarle sus juguetes, Ángel me ayudó a llevar los platos a la cocina.

—¿Entonces? —preguntó ansiosamente—. ¿De verdad te gusta?

—De verdad me gusta —respondí, abrazándolo—. Es maravillosa, Ángel. Y te ama. Se nota en la forma en que te mira.

—Yo también la amo, mamá —dijo, y había lágrimas en sus ojos—. Sé que es joven, pero es diferente a cualquier otra persona que haya conocido.

—La edad no importa cuando es amor verdadero —dije, y las palabras sonaron huecas viniendo de mí, considerando mi propia situación.

—Gracias por darle una oportunidad —dijo Ángel—. Sé que he sido un idiota contigo últimamente. Pero estoy tratando de ser mejor.

—Ya eres mejor, mi amor. Y ella te hace aún mejor.

Nos abrazamos en la cocina, madre e hijo, y por primera vez en meses sentí que tal vez, solo tal vez, las cosas podrían estar bien.

Aunque una pequeña voz en mi cabeza me recordaba que yo también tenía un secreto.

Un secreto que involucra a un hombre joven.

Un secreto que, si alguna vez salía a la luz, destruiría esta paz frágil que finalmente habíamos encontrado.

Pero por ahora, en este momento, me permití simplemente estar feliz por mi hijo.

El resto podría esperar.

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Maria Guevara Arbulu
Qué vas a hacer Raquel? pues ahora sí te vas a olvidar de tus perjuicios y vas a afrontar esto con Julián ya no eres tú ya no es él es una persona inocente que viene en camino y por él tienes que hacer las cosas sin pensar en lo que digan los demás 😡
Maria Guevara Arbulu
los sentimientos que tiene Julián y Raquel no pueden ocultarse y Ángel ya se dio cuenta espero que a resolver sus cosas pueda darle un tiempo a su madre ayudarla a resolver sus penas🙏
Betty Saavedra Alvarado
Caray Raquel vas a ser mamá conversa con Julián y asuman su responsabilidad
Betty Saavedra Alvarado
Eleonor tu casaste enamorada o te impusieron el matrimonio deja que tus hijos vivan su vida
Maria Guevara Arbulu
cigüeña en camino un pequeño pasajero a bordo ❤️
Maria Guevara Arbulu
uy malos entendidos x andar husmeando a Raquel 😁
Mirtha Cabrera
Me parece muy bueno
Ledys Elena Socarraz Molina
me gusta la narrativa pero no demorar con la publicación de cada capítulo maravilloso de
Betty Saavedra Alvarado
Julián Diego solo es su amigo no piensen mal estás celoso
Betty Saavedra Alvarado
Mi mamá tuvo mi hna a los 46 años no estás en la menopausia así que cualquier cosa puede pasar como una sorpresa de nueve meses
Betty Saavedra Alvarado
Muchas veces mal interpretamos lo que vemos no preguntamos solo sufrimos ese le pasa a Julián con Raquel
Betty Saavedra Alvarado
Raquel te estás ahogando en un vaso de agua deja de ser cobarde y dile a Julián que lo amas todo se irá solucionando poco a poco
Betty Saavedra Alvarado
Raquel eres madre primero.despues mujer tienes miedo es natural a la reacción de tus hijos sobretodo la de Angel por la relación que tiene con Isabella La mamá de Julián no querrá una relación por la edad y los hijos el abuelo lo está apoyando y aconsejando el desea verlo feliz
Betty Saavedra Alvarado
Julián claro que no va ser fácil es una pequeña venganza contra Victoria ella también publicará tus fotos Raquel tendrá que ser fuerte para afrontar todo lo que viene
Betty Saavedra Alvarado
Todo el mal que pensabas hacer se revocó en tu familia Victoria ahora son delincuentes ante la sociedad
Maria Guevara Arbulu
Raquel eres presa de tus miedos de tu cobardía se hace las cosas bien dándole a conocer a tus hijos de tu amistad con tus ojos Julián que alterne con tus hijos porque él no es un peligro para ellos tiene la suficiente confianza con tus hijos ellos entenderán porque el callar y mentir eso sí no se perdona ahí sí vas a decepcionar y y urgente busca ayuda psicológica terapia para que puedas vencer esos miedos y esos perjuicios que tienes😁
Maria Guevara Arbulu
❤️❤️🥰
Maria Guevara Arbulu
fantástico capítulo palmas para Julián en que verdaderamente el sector de este casi triunfo es el abuelo adorable astuto Raquel tuviste la oportunidad de entablar una conversación cortita sobre Julián decir que sí que eran socios pero también estaban conociéndose como amigo por qué no vas allanando el terreno para que en algún momento tienes la oportunidad desde que ese amor se haga realidad que lo vivas libremente no sigas mintiendo no sigas ocultando y Victoria el que ríe al último ríe mejor te sentías vencedora ilusa😁
Johann
❤️❤️❤️❤️❤️
Maria Guevara Arbulu
muy bien Julián que no te dejes vencer y que luches por el amor de Raquel porque a veces uno ama y el otro se deja amar en este caso Raquel se dio por vencida pero tú vas a luchar por ustedes❤️
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