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Lazos De Hierro Y Terciopelo

Lazos De Hierro Y Terciopelo

Status: Terminada
Genre:CEO / Completas
Popularitas:846
Nilai: 5
nombre de autor: luisanyelis

trata sobre un arreglo matrimonial entre familias poderosas

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Capítulo 8: La Reina en el Trono de Ébano

El jet privado aterrizó en el aeropuerto ejecutivo bajo un cielo gris que amenazaba con una lluvia helada, un contraste violento con el sol perpetuo de las Maldivas. Al abrirse la compuerta, el rugido de los motores fue opacado por el estallido de cientos de flashes. A pesar de que el aeropuerto era privado, la noticia del regreso de los Steelwood se había filtrado.

Ethan, de 19 años, bajó primero. Su transformación de “esposo de vacaciones” a “CEO implacable” fue instantánea. Vestía un abrigo de cachemira negro sobre un traje gris marengo que parecía una armadura. Su rostro no mostraba ni una gota de cansancio; sus ojos verdes eran dos faros de autoridad que barrían la multitud de periodistas y fotógrafos contenidos por un cordón de seguridad de veinte hombres armados.

Se giró y extendió la mano hacia Elena. Ella, a sus 18 años, lucía una sofisticación que no tenía antes de la boda. Llevaba un conjunto de viaje de seda color arena y un abrigo de lana que le caía sobre los hombros. Sus gafas de sol ocultaban la inquietud que sentía al ver de nuevo la realidad que la esperaba.

—No te sueltes de mi mano —ordenó Ethan en un susurro que se perdió en el viento—. Mantén la cabeza alta. No mires a las cámaras, mírame a mí.

Caminaron a través del hangar. Los gritos de los reporteros eran ensordecedores: “¡Elena, ¿cómo fue la luna de miel?!”, “¡Ethan, ¿es cierto que Steelwood va a absorber la naviera Valerius?!”.

Ethan no se detuvo, ni siquiera cuando un reportero especialmente intrépido logró burlar la seguridad para poner un micrófono frente a Elena. En un movimiento fluido, Ethan se interpuso, su mirada fue tan gélida que el hombre retrocedió como si hubiera sido golpeado. No dijo una palabra, pero el mensaje fue claro: Ella es terreno prohibido.

Subieron al Bentley blindado que los esperaba. El silencio dentro del coche, gracias al aislamiento acústico, era casi antinatural después del caos exterior.

—Bienvenida a tu nueva vida, Señora Steelwood —dijo Ethan, relajando finalmente los hombros mientras el coche iniciaba la marcha hacia la que sería su residencia oficial: la Mansión Norte, el ala remodelada de la propiedad familiar de los Steelwood.

Elena miró por la ventana empañada.

—Parece que volvemos a una guerra, no a un hogar.

—En este nivel, Elena, el hogar es el único lugar donde la guerra se planea —respondió él, tomando su mano y entrelazando sus dedos—. Ya no eres una Valerius bajo la protección de su padre. Ahora eres la reina del imperio Steelwood. Y hoy, la mansión te recibirá como tal.

La Mansión Norte era una oda al minimalismo opulento. Ethan la había rediseñado por completo durante la luna de miel. Todo era mármol negro, maderas oscuras y cristal. No había rastro de la decoración clásica de Isabella. Era un espacio moderno, frío y perfectamente controlado.

Al entrar, el personal de servicio, formado en dos filas impecables, hizo una reverencia sincronizada.

—Bienvenida, Señora Steelwood —dijeron al unísono.

Elena sintió un escalofrío. Se sentía como si estuviera entrando en una institución, no en una casa. Ethan la guio por el gran vestíbulo hasta la suite principal, que ocupaba casi toda la planta superior.

—He hecho algunos cambios —dijo Ethan, abriendo las puertas de doble hoja—. He instalado un sistema de seguridad biométrico. Solo tú y yo tenemos acceso a esta área. Tus doncellas tendrán que pedir permiso por el intercomunicador para entrar a los vestidores.

Elena caminó hacia el centro de la habitación. Era enorme, con una vista panorámica de la ciudad. Pero lo que más le llamó la atención fue una serie de monitores discretamente integrados en una de las paredes de madera.

—¿Qué es eso, Ethan? —preguntó ella, señalando las pantallas.

—Es el acceso a las cámaras del perímetro y de las zonas comunes —explicó él con naturalidad—. También está conectado al rastreador de tu coche y al GPS de tu teléfono. Quiero que, si alguna vez sientes que algo no está bien, puedas ver exactamente dónde está la seguridad.

—¿O para que tú veas exactamente dónde estoy yo? —lo desafió ella, girándose para enfrentarlo.

Ethan se acercó, su presencia llenando el espacio. Le quitó el abrigo y lo dejó caer en un sillón.

—Ambas cosas, Elena. No voy a disculparme por cuidar lo que es mío. El mundo fuera de estos muros sabe que eres mi único punto débil. Si alguien quiere herirme, vendrá por ti. Mi vigilancia es tu libertad, aunque no lo entiendas ahora.

Elena se sentó en la cama, que era tan grande que se sentía perdida en ella.

—Mañana empiezo la universidad, Ethan. Mi primer semestre oficial. Dijiste que me dejarías ir.

—Y cumpliré mi palabra —respondió él, sentándose a su lado y tomándole el rostro entre las manos—. Pero no irás sola. Leo y otros dos hombres estarán en el campus de forma permanente. No entrarán a tus clases, pero estarán en la puerta. Y nada de fiestas universitarias, Elena. Si quieres celebrar algo, lo haremos aquí.

Elena suspiró, cerrando los ojos. Sabía que pelear ahora era inútil. Estaba cansada del viaje y la intensidad de Ethan siempre acababa por doblegar su voluntad.

—Solo quiero estudiar, Ethan. Solo quiero ser una estudiante por unas horas al día.

—Serás la mejor estudiante —dijo él, dándole un beso posesivo en los labios—. Porque tienes al mejor profesor esperándote en casa cada noche para asegurarse de que nadie más te haya enseñado nada que yo no apruebe.

La Universidad de Saint George no estaba preparada para la llegada de la nueva Elena Steelwood. Cuando el convoy de tres camionetas negras se detuvo frente a la facultad de Diseño, el campus entero se detuvo.

Elena bajó del coche central. Vestía un atuendo impecable: pantalones de sastre negros, una blusa de seda blanca y un bolso de piel de cocodrilo que costaba más que la matrícula anual de la mitad de los estudiantes. Detrás de ella, Leo y dos hombres de aspecto letal se colocaron en formación de cuña.

Caminar por el campus fue una experiencia surrealista. Los susurros la seguían como una estela. “Es ella… la que se casó con Steelwood”, “Mira el anillo… es enorme”. Elena intentaba ignorarlo, pero la presencia constante de su seguridad privada hacía imposible cualquier atisbo de normalidad.

En su primera clase, “Fundamentos del Diseño”, Elena se sentó en una de las mesas del fondo. Un chico rubio, de aspecto amigable y con una carpeta llena de pegatinas de bandas de rock, se sentó a su lado.

—Hola —dijo el chico, ofreciéndole una sonrisa—. Soy Julian. Vaya despliegue traes, ¿eres una princesa o algo así?

Elena sonrió, una sonrisa real por primera vez en días.

—Algo así. Soy Elena.

—Mucho gusto, Elena. ¿Te importa si compartimos el manual? El mío todavía no ha llegado a la librería.

—Claro, no hay probl…

La puerta del salón se abrió con una violencia controlada. El profesor, que estaba a punto de empezar, se quedó mudo. Ethan entró en el aula. No debería estar allí; él tenía sus propias reuniones en la otra punta de la ciudad, pero su necesidad de control no conocía límites geográficos.

Caminó por el pasillo central, su figura imponente contrastando con el ambiente relajado y joven de la facultad. Se detuvo justo frente a la mesa de Elena y Julian. El salón estaba en un silencio sepulcral.

—Elena —dijo Ethan, ignorando por completo al chico—. Te olvidaste el iPad con los planos del proyecto que revisamos anoche.

—Ethan… podrías habérselo dado a Leo —susurró ella, avergonzada por la interrupción.

Ethan no respondió. Su mirada se desvió hacia Julian. Fue una mirada lenta, de arriba abajo, cargada de una superioridad que hizo que el chico se encogiera en su asiento. Ethan puso una mano sobre el hombro de Elena, una mano pesada y posesiva que marcaba su territorio frente a toda la clase.

—¿Quién es tu amigo, Elena? —preguntó Ethan, aunque no le interesaba la respuesta.

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Mirna Lobo
que triste que un niño de su edad tenga que hacerse el fuerte por lo riguroso de su educación 😞
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